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septiembre 4, 2019 Comentarios desactivados en presentación

lo simétrico y el caos

septiembre 4, 2019 Comentarios desactivados en lo simétrico y el caos

La simetria nos atrae, si es que no nos resulta fascinante. Por instinto un vertedero —fuente, además, de enfermedades— provoca nuestro asco. Lo natural es ver el bien y el mal en la naturaleza de las cosas. De ahí que podamos entregarnos al bien en cuerpo y alma. Como si estuviéramos en medio de un drama de dimensiones cósmicas. Antes que como un punto de vista u opinión, el bien y el mal se nos ofrecieron como realidades que exigieron ser reconocidas. Sin embargo, la reflexión tarde o temprano rompe con la manera natural de ver las cosas. Cuando, por ejemplo, nos obliga a caer en la cuenta del carácter dialéctico de lo real. Así, no hay luz sin oscuridad (y viceversa). Sencillamente, si todo fuera luz, no habría luz. El bien se nos presenta como deseable —como lo que debe ser— porque se no da desde el fondo del horror. Pero si el bien venciera definitivamente sobre el mal, díficilmente podríamos evitar la sensación de irrealidad. Igualmente, en el caso contrario (aunque el dolor fuese, sin duda, otro). No es casual que la existencia filósofica permanezca en una especie de estado de suspensión. Pues, por lo que acabamos de decir, donde irrumpe la reflexión no parece que podamos tomarnos en serio cuanto sucede en el escenario, salvo quizá como actores que asumen honestamente su papel. Y no porque lo que se escenifica sea una ficción, sino porque, aun en el caso de no serlo, nos encontraríamos alejados de su verdad. Como si fuéramos un dios al que nada humano le afecta. Con todo, no ignoramos que los dioses envidiaron, precisamente, las pasiones del hombre —y, en definitiva, su mortalidad. O títeres o dioses. Y en medio, acaso los Sócrates habidos y por haber.

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