meditaciones cartesianas 25

enero 31, 2026 § Deja un comentario

Dice Descartes, a propósito de la duda que apunta a la razón: bien pudiera ser que 2+2 = 5… aun cuando no pueda concebirlo. Y no puedo concebirlo porque 4, propiamente, no es un resultado, no se deriva de 2+2. Al decir 4 solo estamos explicitando —o diciendo de manera simplificada— lo que ya decimos al decir 2+2. No puedo concebir que sea de otro modo. Al decir 2+2 ya estoy diciendo 4. O, por poner otro ejemplo, si digo Sócrates es mortal porque doy por hecho que todos los hombres son mortales y Sócrates es humano no estoy diciendo nada que no haya ya dicho al decir estas dos últimas frases. Esto es, en una deducción lógica, la conclusión no se añade a las premisas —no dice nada nuevo.

Por tanto, al poner en duda la razón como fuente de certeza, Descartes nos está diciendo que la suma de dos manzanas y dos manzanas podría significar cinco manzanas (y no cuatro). Y si podría significar, podría ser… lo que supondría que lo imposible irrumpe, como acontecimiento, en el curso de lo lógicamente anticipable. Descartes, al poner encima de la mesa la posibilidad de que lo real sea, precisamente, lo absurdo, por no decir el caos, no hace otra cosa que romper el orden del significado y, con ello, la equivalencia entre ser y pensar. Así, podría ser que todos los hombres fuesen mortales y que Sócrates, siendo humano, inmortal. Podría ser que el gato estuviera vivo y muerto. La exterioridad podría no ser racional.

La única posibilidad de anular la posibilidad de lo imposible —la posibilidad de un afuera irracional— pasa por encontrar una idea cuyo significado cancele dicha posibilidad… sin abandonar el plano de la correción lógica, esto es, sin presuponer que dicha correción es, a su vez, verdadera. Como es sabido, en las Meditaciones esta idea clave es la idea de DIos. La posibilidad de que sea lo inconcebible queda abortada una vez entiendo que el envés de la certeza de sí, en tanto que se impone como una certeza de la propia finitud, es la realidad de lo que, precisamente, la niega: la existencia de lo no-finito, esto es, de lo absolutamente otro o distinto de lo finito. Y queda abortada porque lo no-finito no puede ser irracional… en tanto que es uno. En lo uno, no hay un Y de por medio… tal y como exige cualquier contradicción: el gato está vivo Y muerto.

Decir existo mientras pienso equivale, por tanto, a decir Dios existe —y no porque se trate, en cada caso, de la misma realidad. Dios, en tanto que infinito, es el envés del cogito. Esto es, Dios pertenece al significado del cogito, pero no solo como significado, sino como realidad —la realidad de lo absolutamente otro. Al demostrar la existencia de Dios como solidaria de la existencia del cogito, la cual se encuentra limitada por la duración del pensar, lo que Descartes demuestra es que lo imposible por racionalmente inconcebible no es posible. Y lo demuestra al mostrar cómo el significado de la noción de Dios —teniendo en cuenta que es uno y, por eso mismo, no contradictorio—, consigue, como quien dice, saltar fuera del plano del mero significado. Así, la razón queda legitimada no solo como criterio de corrección, sino también como criterio de verdad. Al demostrar la existencia de Dios, Descartes restaura el orden del significado —la equivalencia entre ser y pensar— que la duda había puesto contra las cuerdas.

¿hay alguien ahí?

enero 30, 2026 § Deja un comentario

¿Qué significa que el cristianismo se haya transformado en una religión entre otras? Pues que, de permanecer a la espera del regreso de Dios, en concreto, del Hijo —pues, el Padre no tiene otro rostro que el del Hijo—, el creyente supone que Dios está ahí arriba, en una especie de otra dimensión —y lo supone porque cree que hay indicios de su existencia. Una de las imágenes más recurridas es, de hecho, la del jardinero invisible: si de repente, en medio de una vegetación selvática, topásemos con un jardín versallesco no podríamos evitar dar por descontado que hay un jardinero detrás. Como es sabido, Darwin proporcionó otra hipótesis —de hecho, la puntilla del escepticismo moderno.

Quizá el cristianismo, si pretende hacer frente al tsunami de la increencia, haría bien en recuperar su vivencia más originaria, a saber, aquella en la que la experiencia de Dios es inseparable de la interrogación acerca de Dios: al final ¿el verdugo pronunciará la última palabra? ¿Habrá quién nos saque de esta oscuridad? Esta esperanza no es exactamente la misma que la de quien espera que, tras la muerte, Dios —o lo que sea— le está aguardando con los brazos abiertos. La esperanza nunca fue, en realidad, una expectativa.

mareos

enero 29, 2026 § Deja un comentario

Lo decisivo produce vértigo. Pero no todo vértigo apunta a lo decisivo. Hay, por ejemplo, el vértigo que simplemente es vertiginoso —por ejemplo, el Dragon Khan. Podríamos decir que lo vertiginoso es un simulacro del vértigo. Te aleja, momentáneamente, de la circunstancia, del gris. Pero no te saca de su quicio. Hay, sin embargo, los que sienten vértigo —y por eso andan desquiciados— ante el hecho de que haya quienes no tienen el pan de cada día. Y este vértigo, ciertamente, es otra cosa.

Dios es

enero 28, 2026 § Deja un comentario

Si Dios es el Dios que no quiso ser nadie sin el hombre, entonces Dios es, desde nuestro lado, el Dios que espera el hombre de Dios. ¿Desde el lado de Dios? El hombre de Dios que, como maldito de Dios, se abandonó a Dios.

una pieza entera

enero 27, 2026 § Deja un comentario

Todo es barreja. No hay, por ejemplo, sentimiento que sea químicamente puro. La plata va con la ganga, el músculo con su grasa. También la integridad tiene su doblez, su torsión, su otro lado. Sus materiales suelen estar hechos de soledad. No en vano, Nietzsche escribió que la fortaleza de un hombre dependía de la cantidad de soledad que era capaz de soportar sobre sus espaldas. Quizá por eso la integridad anda encorvada. Sin embargo, también se nos dijo no es bueno que el hombre esté solo. La soledad halla su envés en la neurosis. Por no decir que, a menudo, oculta un carácter narcisista. El lobo estepario vive rodeado de espejos. Pero, como siempre, todo es cuestión de medida. Y no poseemos el pie de rey.

posición y creencia

enero 26, 2026 § Deja un comentario

Tenemos las cosas. Hay, por tanto, cosas, mundo. En el haber del mundo, sin embargo, se manifiesta el haber. Este no es una mera abstracción del haber de las cosas, un concepto. Y no lo es —salvo para la conciencia ingénua— porque es lo primero o absoluto. Pero, por eso mismo, nunca se hace presente como tal. Aun así, desde nuestro lado, cabe vislumbrar lo absoluto de un puro haber allí donde se hunde el mundo —donde, de repente, todo deviene oscuridad y silencio. La muerte es el heraldo de lo absoluto.

SIn embargo, el hombre solo puede dar testimonio de lo absoluto en el último instante, cuando irrumpen simultáneamente el horror y la maravilla, la guerra como espectáculo. Esto es, cuando aparece el dios. El milagro siempre tuvo dos rostros: el que provoca nuestro asombro y nuestro temor. Ahora bien, el hombre no puede permanecer en el milagro. La adoración a la que nos empuja la revelación —una adoración que no excluye el espanto— tiene los días contados. En realidad, se trata del último instante.

De ahí, el sentimiento del arrancado. Existir supone un encontrarse más allá del estar. El todo nunca puede darse como todo para quien existe. En esto consiste su inquietud. Para el inquieto el todo es un no todo. ¿Un error de perspectiva? Quizá. O, al menos, una perspectiva. Ciertamente, para quien se comprende a sí mismo como formando parte o pertenenciendo a el sentimiento básico no es la del arrancado, sino el del paciente. Quien existe no vive. Quien vive no existe.

No obstante, la comprensión de sí no se decide desde el sí mismo. Viene dada por la posición. Así, los que no cuentan para el mundo —los in-mundos, los malditos— difícilmente podrán sentirse formando parte de. Y digo difícilmente porque, de no haber violencia, cabe, sin duda, la resignación espiritual —cabe la actitud oriental. Pero, de haber ruido y furia, el espíritu se revelará aullando. Como el padre que ve como el heraldo de Moloch degolla a sus hijos. El aullido —el clamor— es la invocación de los aplastados. Aunque terminen de rodillas.

Sin embargo, ninguna creencia —ninguna cosmovisión o expectativa— podrá consolarlos. En su lugar, un permanecer a la espera de lo imposible. Una fe. Todo se decide en el territorio de la carne.

todo y nada

enero 25, 2026 § Deja un comentario

El todo puede serlo todo, porque, en definitiva, no es nada. Y quien comprende esto —que la nada es en su negación de sí— quizá comprenda qué significa una mística de ojos abiertos, por decirlo a la Metz. Y no solo abiertos, sino también un tanto desorbitados.

El Estado y el doble vínculo

enero 24, 2026 § Deja un comentario

El Estado tiene algo de perverso. Monopoliza la violencia. Juzga. Como un padre, pero sin nombre propio. Anónimo, abstracto. Como Dios. O mejor dicho, en su lugar. El Estado es el poder. Su excusa, la patria, ese trampantojo de la comunidad. Ella exigirá los mayores sacrificios. Al la manera de una dominatrix. También maneja otra excusa: el bien común. Y algo de esto hay, ciertamente. De lo contrario, el Estado sería demasiado sincero —iría sin maquillaje. Pero, en el fondo, sirve al interés de quienes tienen de más.

Aun así, el Estado es un dios impotente. No tiene los suficientes recursos. Por consiguiente, los ciudadanos, en ocasiones, deberán recurrir a la violencia… en nombre de una justicia que el Estado no puede administrar. Por lo que serán acusados, en nombre del orden, de aquello a lo que les empuja la impotencia del Estado. El Estado impotente condenará al ciudadano rebelde por la desobediencia que el mismo Estado provoca. A esto los psicólogos lo denominan doble vínculo. Y del doble vínculo a la esquizofrenia media un paso.

nihilismo y superstición

enero 23, 2026 § Deja un comentario

¿Qué significa nihilismo? No, o no solo, que no hay valores —que el valor sea una estimación—, sino que no habrá juicio final: tanto el verdugo como sus víctimas se encuentran en el mismo plano. Giordano Bruno dio el primer paso, al postular un cosmos uniforme e infinito. El combate entre el Bien y el Mal queda, hoy en día, relegado a la ficción de Star Wars. ¿La esperanza creyente? La última superstición.

¿Qué no entendimos —y seguimos sin entender? Que la esperanza se formula en imperativo: el verdugo no debe pronunciar la última palabra. Pero no porque ya nos gustaría que no fuese así, sino en nombre de esos gestos de piedad que se nos dieron bajo una oscuridad impenetrable —en definitiva, en nombre de un perdón que tuvo lugar donde no cabía ningún perdón. El cristianismo comenzó a bailarle el agua al nihilismo cuando sustituyó la convicción de hallarnos en medio de un combate de dimensiones cósmicas por un ideal al que cabía, cuando menos, aproximarse haciendo lo debido.

el poder

enero 22, 2026 § Deja un comentario

Vivimos en medio de un combate de dimensiones cósmicas. Esto es lo cierto. Otro asunto es que el tiempo cotidiano, con sus tareas, enmascare esta evidencia. En el día a día, simulacro, las apariencias, el show. No hay que ser marxista para caer en la cuenta de que hay quienes tienen de más y quienes tienen de menos.

Así, basta con que nos pongamos junto a los desesperados para caer en la cuenta de lo que supone estar en la orilla de los que no cuentan: no hay futuro para ti ni para tus hijos. Para ellos, el hambre, la fosa común, el exterminio. De entrar en un escenario apocalíptico —el escenario, literalmente, de la revelación—, nos preguntaríamos si acaso los que no cuentan —los incontables— pueden esperar algo que no sea vivir de las migajas. Mientras pemanezcamos en nuestro nicho, más o menos confortable, todo es inercia. Y quien dice inercia dice dispersión, las cual encuentra su envés en el vacío, el aburrimiento, el cansancio.

paganismo y fe (1)

enero 21, 2026 § Deja un comentario

El paganismo —literalmente, una religión campesina— fue la creencia más espontánea: todo está lleno de dioses. Al fin y al cabo, la religión arraiga en el animismo. Hasta las piedras tienen un aura.

Por eso mismo, la fe de Israel —y, por extensión, la cristiana— es irreconciliable con la perspectiva pagana. Y es que el presupuesto de la fe, en tanto que esta consiste en permanecer confiadamente a la espera de Dios, es, precisamente, la desaparición de Dios. Donde Dios se revela como el Altísimo, el mundo deja de estar atravesado por poderes con los que nos vemos obligados a negociar.

Sin embargo, una vez el monoteísmo cristiano se impuso como obviedad política, la fe se transformó en el paganismo que inicialmente superó, aunque fuese con el motivo de un único dios. Tras esta vuelta a las andadas, la esperanza se convirtió en expectativa, el tener que responder al clamor de los hermanos que no cuentan en esa caridad puntual que nos hace sentir bien, el desquicio del profeta, en la admonición paternalista del pastor, el misterio de Dios —ese que roza el nadie— en el dios misterioso.

De ahí la importancia de la dogmática cristológica. Pues siempre cabrá la posibilidad de, al menos, volver a leerla con atención. De hecho, la crítica más radical de la cristiandad —de su docetismo implícito— se encuentra en dicha dogmática antes que en los atrabiliarios párrafos de Nietzsche. En ella y en la vida de los mártires. Pues, de hecho, la dogmática constituyó —y aún constituye— su clave hermenéutica.

meditaciones cartesianas 24

enero 20, 2026 § Deja un comentario

Descartes, como es sabido, concluye, en sus Meditaciones, que hay tres sustancias… o realidades: la res cogitans , la res extensa y la res divina. Por tanto, está seguro de que hay el yo, un mundo de cuerpos y Dios. La pregunta es cómo puede haber tres realidades habiendo Dios. Pues, si Dios es infinito, ¿acaso Dios no sería el todo? Esta será, de hecho, la solución de Spinoza: si no hay otro saber que el racional, entonces tenemos que partir del todo. Esto es, hay el todo. O sea, Dios. Conciencia y materialidad serían, según Spinoza, expresiones de una y la misma realidad, algo así como las dos caras de una misma moneda… aunque, tratándose de Dios, aquí la moneda tendría infinitas caras. Hegel retomará está intuición, aunque a su modo, en el XIX.

¿Cómo es que Descartes, siendo algo más que perspicaz, se mantuvo, sin embargo, en su posición? No lo sé. Pero es posible que Descartes considerase la idea del todo como el índice de un procedimiento meramente formal, el de reunir, en el pensamiento, las tres sustancias. Kant, por su parte, dirá que la noción del todo no es más que una idea regulativa, algo así como un horizonte asintótico que la razón proyecta sobre cuanto es objeto de conocimiento —y el todo, ciertamente, no lo es: no hay el todo como pueden haber árboles o focas.

La confusión surge cuando presuponemos, por sentido común, que no hay otra realidad que la del mundo —y que eso es cuanto hay. ¿Cómo es que además, hay la realidad del cogito y la de Dios? De pensarlo bien, veremos que, desde la óptica de Descartes, no tiene sentido preguntarse dónde está el cogito o Dios. Pues, de haber un lugar, tanto el cogito como Dios ocuparían un espacio —y, por eso mismo, serían cuerpos—… y la realidad del cogito, como también la de Dios, no puede concebirse en términos espaciales. Así, el yo, como un continúo diferir del cuerpo que siempre le acompaña , no es ubicable. No es posible señalar al yo. Únicamente, lo que se le enfrenta, el objectum, en definitiva, las cosas del mundo. De ahí que el yo, en cierto sentido, no pertenezca al mundo. Me refiero, al fin y al cabo, a la dualidad sujeto-objeto que atraviesa el pensamiento moderno. La realidad del yo está, por así decirlo, más allá del mundo. Sin embargo, este más allá no deberíamos entenderlo necesariamente como el de otro mundo.

Paralelamente, nos equivocaríamos si comprendiéramos la infinitud de Dios como si fuera una especie de saco en el que todo cabe… y que nunca terminaremos de llenar. Por poco que pensemos, caeremos en la cuenta de que una realidad infinita posee un carácter negativo. Pues infinito significa no finito. Y lo no finito en modo alguno puede considerarse ente o cosa… en la medida que tan solo lo determinado —lo que muestra unos atributos— posee entidad y, en definitiva, una delimitación. Por consiguiente, lo no finito equivale a lo absoluto —en otros términos, a lo que es no siendo nada. Evidentemente, aquí nos alejamos de Descartes. Incluso podríamos aventurarnos a decir que si los tiros de Descartes no van en esta dirección es porque sus argumentos en torno a Dios tienen que ver con que Descartes no puede evitar, como creyente, entender a DIos también como ente, aunque sea supremo.

En cualquier caso, esta escisión entre lo absoluto y el mundo recuerda, sin duda, al hiato platónico. Podríamos decir que, con respecto a este hiato, Descartes añadiría el hiato entre el yo, en tanto que pura conciencia de sí, y la res extensa. Sin embargo, quizá no se trate propiamente de una añadidura. Pues, en el Platón de la madurez, la cuestión sobre qué es el alma se mantiene como una cuestión abierta. El alma no es, ciertamente, idea. Pero tampoco cosa.

Que el alma aspire a lo absoluto sería el síntoma, según Platón, de que el alma no es de este mundo: como si añorase una completud que nada de cuanto podamos ver y tocar proporciona. El mundo es la realización de lo absoluto. Pero, porque lo absoluto solo se realiza en su negación de sí, nada es por entero. Ahora bien, solo imaginativamente —y, por consiguiente, nunca en verdad— el alma puede entender su aspiración como si apuntara a los cielos. Y es que si lo absoluto —el Bien— se “encuentra”, en palabras de Platón, más allá de la esencia —y, por tanto, más allá de cualquier determinación—, entonces no es que sea, precisamente, ubicable. Platón está lejos de situar lo absoluto —el Bien— en un mundo espectral. En realidad, lo absoluto no se hace presente salvo como lo no presente —como lo que tuvo que desplazarse a un pasado anterior a los tiempos para que hubiera, precisamente, mundo y, por ende, tiempo.

Descartes se acercó a esta intuición, aun cuando no siguiese estirando el hilo. Pues si la contingencia del cogito, su limitación, es temporal —solo puedo estar seguro de mi existencia mientras pienso—, entonces la infinitud que se impone como el envés de la propia finitud tiene que pensarse también en clave temporal. De ahí que la infinitud de Dios sea, estrictamente, la eternidad… lo que se ajusta a lo que decíamos antes sobre el hecho de que Dios no puede ocupar un espacio —y si Descartes no sigue estirando este hilo es porque su Dios infinito es también, como decíamos, el ente supremo de la religión. Es como si jugara con dos barajas.

No obstante, conviene tener en cuenta que la eternidad, propiamente, no es un tiempo indefinido, sino la negación del tiempo. Y lo que niega el tiempo es el instante. En cambio, la realidad del cogito —la que corresponde a su certeza de sí— permanece constante por debajo del flujo del pensamiento —y porque sostiene dicho flujo es, literalmente, sustancial. Sin embargo, la certeza de sí depende de la memoria —de un poder decir quesigo siendo la misma sustancia pensante que hace un momento. Y esto es mucho fiar en el contexto de una duda radical… como se lo hicieron notar a Descartes sus detractores. Por consiguiente, la certeza de sí solo podría sostenerse, legítimamente, por un instante… con lo que desaparecería el mientras —el que posibilita, precisamente, la demostración de la realidad de Dios como la realidad de lo no finito. De hecho, en ese caso, la certeza tampoco podría ser de sí… al no haber duración. Y es que el de sí apunta, como decíamos, al yo que permanece sustancialmente —y, por eso mismo, invariablemente— por debajo del continuo temporal de las respesentaciones mentales, confiriéndoles unidad al soportarlas.

Más. aún: porque el mientras “desaparece” donde el yo cae en la cuenta de que su certeza de sí no puede basarse en la memoria, el instante del cogito coincide con el de Dios. Y de ahí a colocar el yo en el lugar de Dios —como hizo el idealismo alemán— media un paso.

ambas

enero 19, 2026 § Deja un comentario

De no estar acompañada de una cierta dureza, la ternura conduce a la tibieza o la narcisista satisfacción de sí. La dureza, sin unas buenas dosis de ternura, a la impiedad. Pues la dureza es dura porque está hecha con las piedras del Gólgota. Ahora bien, la dureza de los que regresaron con vida del Gólgota abraza la ternura. Pues lo que sucedió en el Gólgota fue la crucifixión del enviado. Pero lo que tuvo lugar —lo que aconteció— fue una imposible compasión.

El corazón cristiano contiene ambas. Y dependiendo del momento, pesará más una u otra. Kairós.

la esperanza creyente

enero 18, 2026 § Deja un comentario

Es evidente —o debería serlo—: los sujetos de la esperanza cristiana son los desesperados, aquellos que han sufrido la inapelable condena del mundo: para ti y tus hijos, las cámaras de gas. Sin embargo, si la esperanza esta lejos de la expectativa razonable es porque se asienta en el acontecimiento de un perdón imposible, por sobrehumano —por inconcebible, no anticipable o exigible. Un ejemplo, el de la madre colombiana que adoptó como hijo al sicario que asesinó al que tuvo como mujer. Ese perdón, al trascender cualquier obligación moral, supone la interrupción del ciclo de la violencia histórica, un reset de dimensiones cósmicas. En este sentido, no es casual que la redención, cristianamente, vaya asociada al fin del mundo —un fin que daría paso a una nueva creación, a una humanidad nueva. Es obvio que el horror sigue ahí, campando a sus anchas. Pero, por eso mismo, el ya sí, pero todavía no. De ahí que el cristianismo pierda su nervio donde sustituye el horizonte escatológico por una expectativa consoladora, por asumible. Esto es, donde da por hecho, lo que en modo alguno puede darse por hecho. Al menos, porque el todavía no mantiene en vilo —o debería mantener— los corazones cristianos.

Sin embargo, debido a esto último, el cristianismo se encuentra más cerca del nihilismo que de la religión o el paganismo. Al menos, porque aún es posible que el ya sí del acontecimiento sea, simplemente, una anomalía. Y más aún si tenemos en cuenta que Dios no es un deus ex machina.

teología y servicio

enero 17, 2026 § Deja un comentario

Suele decirse que el teólogo está al servicio de la comunidad cristiana. Por descontado. La pregunta, sin embargo, es qué tipo de servicio presta —pues El Corte Inglés también sirve. Y si es teológo no podrá eludir el compromiso con la verdad —en su caso, con la verdad que se nos reveló en el Gólgota. Y la verdad duele.

Me refiero a que la teología, aun cuando se haga de rodillas, no obtiene su salario de la piedad. O mejor dicho, de la piedad más espontánea, aquella que gira en torno al dedo que apunta al sol. De hecho, la teología, y por su compromiso con la verdad, tiene la misión de recordarle al creyente lo que no debería olvidar sin tomar el nombre de Dios en vano: que el dedo apunta, precisamente, al sol. Y el sol, cristianamente, es un Dios que quiso, y desde el principio, depender del hombre que depende de Dios. No es algo fácil de tragar para quien, campesinamente, cree que Dios es alguien al margen de su cuerpo.

fascismo y paternidad

enero 16, 2026 § Deja un comentario

Simple: la crisis de la figura paterna conduce, tarde o temprano, al regímen autoritario. Pues quien en cuentra a faltar al padre, se lo busca. Y esto tanto psicológica como políticamente. Al fin y al cabo, el carácter se construye como respuesta a la voluntad del padre —en torno a lo que un padre quiere de nosotros. El problema es que, donde no hay padre que valga, fácilmente podemos llenar esta hueco con un mal padre.

Las democracias solo pueden sobrevivir donde no renuncian a ejercer una firme autoridad —donde las líneas rojas permanecen muy visibles sobre la calzada. Esto es, donde los derechos están precedidos de los deberes. Donde priman los derechos —por ejemplo, en el campo de la educación— todo lo sólido de desvanece en el aire. Y primarán donde el individuo sea antes un consumidor que un miembro de la república. De hecho, ya lo vio Platón: la democracia sucumbe a la demagogia donde su ethos cede ante la presión del perspectivismo. Nada nuevo bajo el sol… salvo lo que se olvida.

no toda perspectiva

enero 15, 2026 § Deja un comentario

Es innegable que caben diferentes visiones. La cuestión es si todas valen por igual. Y la respuesta es que no… si hay algo que deba ser ver visto y que solo pueda verse desde un cierto punto de vista. Platón —y los que le siguieron— estuvieron convencidos que solo cabía un acceso racional a lo que debe ser visto. Al fin y al cabo, nuestras disputas morales terminarán midiéndose con lo que es en verdad, al margen, por tanto, de lo que pueda parcernos en un momento dado. Por ejemplo, si la guerra —que los hombres se maten entre sí— es o no inevitable, en definitiva, si el horizonte de una paz mundial acaso no será más que un whisful thinking.

Ciertamente, los perspectivistas sostienen que, con respecto a lo asuntos morales, no hay nada que ver —que no podemos trascender el horizonte de lo que nos parece, y que, por eso mismo, cualquier apelación a la razón a la hora de justificar una determinada opinión, en el fondo, es una racionalización, un como si dicha opinión se dedujera racionalmente. Sin embargo, según Platón, esta tesis es demasiado elemental. Pues lo es.

El problema, sin embargo, es que el ejercicio de la razón, tarde o temprano, terminará admitiendo el carácter dialéctico de lo real. No hay luz sin oscuridad. Si todo fuese luz, no habría luz. De ahí que el horizonte del deber moral o político sea la medida: qué cantidad de oscuridad debemos tolerar. Ahora bien, no hay razones que determinen esa medida… con lo que el debemos del debemos tolerar acaba siendo un podemos. Y esto es como decir que la medida se decide siempre desde el lado de la sensibilidad, de lo que nos parece tolerable. Y aquí uno podría preguntarse si acaso el último Platón no le dio la razón al sofista.

Con todo, Israel fue por otro lado. Pues la cuestión de Israel es a qué estamos obligados como sujetos… al margen de si cabe el bien sin el mal. Esta posibilidad se dejó en manos de Dios… lo que equivale a decir que nosotros, a lo nuestro. Y lo nuestro, según Israel, es la Ley de Dios: dar de comer al que no tiene el pan de cada día, ofrecer la otra mejilla… Punto. La incondicionalidad del mandato moral, la cual será puesta en modo racional por Kant, es una resultante del monoteísmo.

No obstante, el hombre de DIos no podrá evitar preguntarse, sobre la cima de los Gólgotas de la historia, si será verdad que todo se encuentra en manos de Dios. Y aquí la respuesta solo puede darse como esperanza, la cual está lejos de ser una mera expectativa o suposición.

donde menos te lo esperas

enero 14, 2026 § Deja un comentario

Para la tradición bíblica, Dios aparece donde menos se lo espera. Esto es, no en el prodigio paranormal o lo gigantesco, sino en lo minúsculo, lo despreciado, lo miserable. De acuerdo.

Ahora bien, este giro no supone, estrictamente, un cambio en el referente —como si, de repente, hubiésemos descubierto que el autor de Hamlet fue Marlowe y no, Shakespeare—, sino una alteración del significado de la palabra “Dios”. Pues esta no significa lo mismo donde apunta al silencio que cubre por igual el crecimiento de la hierba y el horror —a los verdugos y a sus víctimas— que al poder o fenómeno extraordinarios . La proclamanción cristiana —la revelación de Dios como un crucificado en su nombre— debió de sonar a oídos paganos —es decir, espontáneamente religiosos— como si hoy hubiésemos descubierto que Hamlet fue escrito por un chimpancé. Sencillamente, no es posible. Sin embargo, si fuese verdad que Hamlet hubiese sido escrito por un chimpancé , entonces no es que hubiésemos descubierto quien fue realmente “el autor de Hamlet”, sino que, más bien, la noción misma de autor quedaría en el aire. Únicamente, podríamos preservarla humanizando al chimpancé —como si el chimpancé fuese, en realidad, un humano con el aspecto, la apariencia del chimpancé.

Este fue, de hecho, el truco del doceta. No obstante, lo cierto es que si hubo cristiandad fue porque la Iglesia toleró de facto el docetismo que de iure condenó.

Leibniz y Job

enero 13, 2026 § Deja un comentario

La respuesta de Leibniz a la pregunta sobre el porqué del mal es sabida: si el mundo responde a la voluntad de Dios y su hay una razón suficiente, no es posible un mundo mejor que el nuestro. Sin embargo, podemos precindir de Dios. O, cuando menos, del Dios del teísmo cristiano, el que imaginamos como un espectro bueno y omnipotente.. Pues basta con tener en cuenta qué significa que haya algo en vez de nada.

Y lo que significa es que nada es real que no se realice. Lo real debe realizarse —debe ser algo. Es decir, lo real absoluto es el Bien… en tanto que el Bien es lo que debe ser. SI hay mundo es porque lo real, en su carácter absoluto u otro, se realiza relativizándose, esto es, como perspectiva —como nunca por entero. Cualquier algo siempre incorporará, en consecuencia, una dosis de su contrario. El amor incluye en su seno las semillas de la muerte —de la tendencia a la posesión. La fidelidad, las de la infidelidad. La alegría, las del descontento. El ser, las de la nada. Y ello porque el deber ser de lo real —el Bien— se hace presente como esa exigencia de bien incrustada en cuanto es… en tanto que todo cuanto es, precisamente, es… porque el deber ser de lo real solo puede realizarse como negación de sí. Mejor dicho: esta negación de sí es el envés de lo real. Por tanto, no es que primero haya lo real y luego su negación de sí.

El libro de Job da fe de lo mismo. O la sentencia de Is 45,7.

levántate y anda

enero 12, 2026 § Deja un comentario

Está la caricia. Está Verónica y su trapo. Maria y sus ungüentos. Pero también, el taumaturgo que resucita a los muertos por el poder del padre. Esto es, de su mandato: levántate y anda. No te lamas las heridas. Pues el enemigo ya cruza nuestras puertas.

incomprensión

enero 11, 2026 § Deja un comentario

Hay dos tipos de lectores: el de quienes leen para entretenerse y el de aquellos que se enfrentan a una obra que les soprepasa, y que, por eso mismo —porque volverán a ella—, les hará crecer.

Sin embargo, vivimos en una época en la que, incluso en las escuelas, no está bien visto hablar de la necesidad de enfrentarnos a lo que nos supera. En su lugar, el descenso, la adaptación al gusto. Nada que objetar… si se trata de niños. El problema es que, en las etapas superiores de la formación, el presupuesto sigue siendo el mismo: como si siguiesen siendo niños. No sea que se disgusten donde constaten que, de momento, no están a la altura de la obra que deben leer o, mejor dicho, escuchar.

Los efectos políticos de la actual educación es que, una vez los clásicos devengan incomprensibles, no habrá modo de liberanos de la tiranía de la demagogia. A partir de ese momento, la única libertad será la de los monjes.

yo soy “ese”

enero 10, 2026 § Deja un comentario

Un Dios que se dijera a sí mismo Yo soy Dios, solo por eso mismo no sería Dios. Pues el Yo estaría, por defecto, más allá de la divinidad… con la que se identifica. No puede ser de otra manera. La identificación solo es posible donde el yo que se reconoce en un cuerpo, un carácter, en definitiva, un modo de ser o esencia difiere, continuamente, de aquello con lo que, de hecho, se identifica. Es este diferir lo que constituye la subjetividad, la conciencia de sí. No termino de ser lo que soy se dice, sinceramente, el yo. La posibilidad, irrefutable, de ser otro pertenece, por tanto, al yo. Así, te dicen, pongamos por caso, que eres bella. Pero, en el fondo, sabes que no lo eres —que estás más allá de la belleza que eres. La intimidad está hecha de materiales de derribo, de lo que no somos ahí donde somos quienes somos. La intimidad es, necesariamente, sin-cera —y por eso mismo, ignora el éxito… algo así como una tergiversación. Quien no se encuentra a sí mismo más allá de su triunfo es, sencillamente, plano.

De lo anterior se desprende, sin embargo, que el yo no es aún nadie sin los rasgos con los que se identifica. Es no siendo nadie aún, por así decirlo. Es pro-yecto de sí. Literalmente: hacia lo recto. Con todo, se trata de un viaje sin final. Pues, de alcanzar lo recto, tampoco podrá reconocerse por entero en esa rectitud. Quizá sea por eso mismo, nuestra posición más verdadera sea la del encorvado o, por decirlo en clave teológica, la del arrodillado.

Consecuentemente, no es secundario que Dios„ al declararse ante Moisés diciendo Yo soy el que soy —o, siendo más estrictos, seré —, rehúya toda definición. Moisés responde al clamor de los oprimidos de Egipto en nombre de Dios, esto es, de nadie aún. De ahí que los nadie de este mundo sean el envés de Dios. Para Israel, la presencia de Dios —su hacerse presente— es indisociable de su por-venir o promesa de sí. Esto es, Dios en sí mismo —el Padre— está por realizar. Se trata del principio de la cristologia. Pues el Padre solo es tal en el Hijo. O por decirlo de otro modo, Dios solo puede realizarse como Dios en quien le es fiel hasta el final. Y esto significa “en quien permanece fiel a Dios donde este se revela, a través de su implacable silencio, como aún nadie”. La Palabra de Dios no es de Dios, sino del hombre de Dios. Un Dios sin cuerpo —y un cuerpo humano, demasiado humano— tiene pendiente, precisamente, su divinidad. Díficilmente, comprenderemos el alcance de la Encarnación donde no nos imaginemos a Dios diciendo yo soy ese que cuelga de una cruz.

Otro asunto es que muchos cristianos sigan creyendo religiosamente en un Dios que es al margen de la carne. Por no hablar de quienes, pretendiendo actualizar, honestamente, el mensaje cristiano renuncian al alguien, haciendo de Dios el trasunto de un océano o de una vibración que, se supone, da buen rollo. Pero, como decíamos, este es otro asunto.

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enero 9, 2026 § Deja un comentario

Lo real en tanto que absolutamente otro es irrepresentable. No, porque no podamos representárnoslo —no porque carezcamos de antenas para captarlo—, sino porque en lo otro, como tal, no hay nada que captar. Debería haber lo otro. De acuerdo. Pero no puede darse… como tal. Y esto es lo que cuesta de pillar. Por decirlo en breve, debería haber lo otro porque existir significa, cuando menos, un hallarse expuestos a su posibilidad.

Sin embargo, también es cierto que lo absoluto, desde su lado, por así decirlo, debe realizarse. Pues, de lo contrario, no sería. Nada real que no se realice. Sencillamente, de no realizarse lo absoluto, no habría el haber. Ahora bien, la realización de lo absoluto —de lo otro par excellence— es la existencia. Y lo que esto significa es que lo absoluto se realiza en su negación de sí. Esto es, en lo que se presenta en relación con (y, consecuentemente, como la pérdida de la alteridad). De ahí que lo absoluto permanezca como lo ab-suelto del mundo. Hay lo que hay porque el haber de lo absoluto —el carácter otro o ajeno de lo real— es, en sí mismo, lo abstracto , lo abstraído o restado del cuanto es. En definitiva, nada en concreto sino la imposibilidad de lo meramente posible. Por eso, la posibilidad de lo absoluto es su poder de hacerse presente.

Hegel dijo que nada más real que lo abstracto. Esta tesis sigue siendo, en buena medida, platónica. El último Platón, sin embargo, también comprendió, antes que Hegel, aunque a su manera, que el envés de lo absoluto es su retroceso a un tiempo anterior a los tiempos, es decir, su trascendencia, la cual se ubica más allá del todo… como puro deber ser —como Bien. De ahí que el Bien sea no siendo aún nada. O que la creación sea, necesariamente, ex nihilo. Pero esto último supone ir un poco más lejos que donde se detuvo Platón.

desde dentro, desde fuera

enero 8, 2026 § Deja un comentario

Las Goldberg, pongamos por caso, no son las mismas para el oyente que para el intérprete. Este último, sin duda, las comprende mejor. La piel que acaricia el amante no es la misma que la que se ve al microscopio. Lo único que permanece invariable es el algo ahí. Pero por eso mismo, no es nada en sí. Mejor dicho, aún no es nada.

parafraseando a Jean Paul

enero 7, 2026 § 1 comentario

En el mundo de la fe, el sonido —la voz— llega antes que la luz.

ojos que no ven…

enero 6, 2026 § Deja un comentario

Parece que unos cuantos gamers fueron contratados por el ejército de los EUA para manejar los primeros drones que entraron en combate en las guerras de Oriente. Los gamers se limitaron a seguir jugando.. Sin embargo, en este caso, el objetivo fueron hombres y mujeres de carne y hueso. No lo sintieron así. La distancia emocional fue infranqueable. Probablemente, hubieran sido incapaces de cumplir con el objetivo de haber utilizado un cuchillo de campaña.

Con todo, lo cierto es que, se cual sea la distancia, se trata de lo mismo, aun cuando no nos los parezca: le hemos quitado la vida a un hombre. No hay que remontarse a Platón para sostener que el cuerpo no es de fiar a la hora de ir a por lo que en verdad está teniendo lugar entre lo que simplemente pasa. De ahí la importancia de la reflexión —de un volver sobre uno mismo.

Ahora bien, la reflexión simplemente nos permitirá saber que estamos ante lo mismo, pero no caer en la cuenta. Esto es, la reflexión no basta para incorporar sus resultados —para modificar la sensibilidad, para alinearla con lo que vemos con la mente. Pues incorporar supone hacer cuerpo de lo que, inicialmente, solo capta la inteligencia. Para esto es necesario recurrir al lenguaje del cuerpo, el que emplea las imágenes, los símbolos, el relato. De hecho, los gamers también tenían unas imágenes de su lado. Los muertos no fueron hombres: fueron ratas, escarabajos, gusanos. Todo imaginario es político.

De ahí que Platón, en su República, distinguiera entre mitos verdaderos y mitos falsos. Y no porque los mitos verdaderos se ajustaran a los hechos —Platón no fue un ingénuo—, sino porque estos reman en la dirección de la verdad que alcanzamos a través de la reflexión, una verdad que, debido a su carácter paradójico, no vamos a poder incorporar como quien no quiere la cosa. En este sentido, tampoco es casual que en cualquier cultura haya tabús. Pues si en ningún caso debemos matar al prójimo, sea bueno o malo, mejor que sintamos un terror visceral a hacerlo antes que dejarlo en manos del agrimensor que llevamos dentro.

Ahora bien, de lo anterior se desprende que para el sujeto de la reflexión la relación con el mito verdadero será, inevitablemente, irónica. Y más si gobierna —aun cuando, quizá afortunadamente para él, esto sea improbable, por no decir, inviable. Y será irónica porque sabe que el mito verdadero es, precisamente, verdadero, a pesar de que, de hecho, no sea así.

paradojas modernas

enero 5, 2026 § Deja un comentario

El individuo moderno se dice a sí mismo: no soy más que una máquina. Sin embargo, para poder decírselo ha de ser más que una máquina —un continuo diferir de la máquina que se es. También: no soy más que un chimpancésolo que más listo. De acuerdo. Pero para poder decirlo, antes ha de ser un problema para sí mismo. Y un problema que no resuelve diciendo que es un chimpancé. Aunque tampoco diciendo, por ejemplo, un ser de luz. Ya se vio en su momento: más bien un entre —entre la bestia y el ángel.

orar y clamar

enero 4, 2026 § Deja un comentario

Orar es clamar a Dios por Dios. El fariseo, al sentirse tan orgulloso de su fe, es incapaz de orar. Su oración, un espectáculo. En cambio, el publicano, sepultado por su miseria, no puede hacer más que clamar ante Dios. Sin embargo, si hay clamor y no tan solo petición es porque, como decía Bonhoeffer, ante Dios estamos sin Dios. Quien clama ni siquiera puede imaginar que haya un Dios de su parte. En lugar de Dios, el enviado.

Pues bien, como sabemos, tan solo el publicano fue justificado. Esto es, únicamente él —y no el fariseo— estuvo en el justo lugar ante Dios. Y diría que aún estamos lejos de pillarlo. Pues ¿acaso el creyente no supone con demasiada fácilidad que Dios sigue ahí, dispuesto a echarle un cable —o que, simplemente, tiene algún interés en escuchar su diálogo interior? ¿No hay aquí un exceso de prepotencia?

templis fugit

enero 3, 2026 § Deja un comentario

Con el cristianismo y su Dios crucificado, lo santo se queda sin Templo. Nietzsche erró en las fechas cuando escribió que las iglesias se habían convertido en los sacórfagos de Dios. De hecho, tras el triunfo histórico de la fe en un crucificado, lo que anteriormente era impuro —el leproso, la prostituta, el chivo expiatorio…— fue santificado. Es en esos cuerpos —y en ningún otro lugar—, donde Dios se hace presente. Pues, para la tradición bíblica, no hay encuentro con lo divino que no suponga un tener que responder a su clamor.

Desconcertante, cuando menos. Al menos, para quienes no ignoren que significó ser un dios. Otro asunto es nuestra tendencia humana, demasiado humana, a volverlo a colocar en los altares.

el infantilismo de Nietzsche

enero 2, 2026 § Deja un comentario

Según Nietzsche, la perspectiva no lo es de algo. Este sorpaso, tan lógico, de la perspectiva a la esencia es, en el fondo un error. Pues detrás —o por encima, o por debajo— no hay nada. La misma noción de apariencia se disuelve como el azúcar en el café donde nada hay que deba aparecer. La vida es adjetivo sin sustancia —y por eso mismo, ni siquiera adjetivo, sino tan solo la fugacidad de lo sensacional. Evidentemente, aquí no hay nada que comprender. Únicamente, cabe sumarse al juego, bailar, ponerse a saltar las vallas. Y sin remordimientos.

Ahora bien, la metafísica ya dio cuenta, y desde sus inicios en Platón y Aristóteles, de la vacuidad de la sustancia primera. Y quizá por eso mismo, la exaltación nietzscheana de la dispersión nihilista pueda entenderse como un modo de evitar enfrentarse a un nihilismo aún más radical: el del Bien más allá de la esencia. O en bíblico, el que experimento Jakob en Peniel. O el crucificado en el Gólgota. Ante el silencio de Dios —ante su vaciamiento— no todo es ponerse a bailar.

lo trascendente y el símbolo

enero 1, 2026 § Deja un comentario

Algo es algo más que. Por ejemplo, el mechero que perteneció a papá. Así, ese mechero es más que un mechero. Y este más no solo tiene que ver conmigo. No es como la madalena de Proust —no es simplemente un evocador. Tiene que ver con mi padre, que ya murió. En cualquier caso, creeré que solo tiene que ver conmigo, con mis recuerdos o emociones, cuando la alteridad no juegue ningún papel —cuando haya olvidado que existir supone estar referido a lo imposible de una alteridad tot court. Para quien carga con lo que supone la existencia, lo presente apunta inevitablemente a lo que se sitúa más allá del presente, sea el Altísimo, un pasado irrecuperable, ese futuro inalcanzable. Y por eso, todo se halla cargado de significación. O lo que es lo mismo, del misterio que no cabe resolver.

Hoy, sin embargo, en vez de significado, únicamente la implicación. De lo que no somos quizá tan conscientes es que la cosificación del mundo implica también nuestra cosificación. Y quien dice cosificación dice sumisión. Aunque de vez en cuando nos dé alguna rabieta, provocando, de paso, la ilusión de que formamos parte de la resistencia. Sin embargo, la reacción nunca fue una respuesta.

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