orar y clamar
enero 4, 2026 § Deja un comentario
Orar es clamar a Dios por Dios. El fariseo, al sentirse tan orgulloso de su fe, es incapaz de orar. Su oración, un espectáculo. En cambio, el publicano, sepultado por su miseria, no puede hacer más que clamar ante Dios. Sin embargo, si hay clamor y no tan solo petición es porque, como decía Bonhoeffer, ante Dios estamos sin Dios. Quien clama ni siquiera puede imaginar que haya un Dios de su parte. En lugar de Dios, el enviado.
Pues bien, como sabemos, tan solo el publicano fue justificado. Esto es, únicamente él —y no el fariseo— estuvo en el justo lugar ante Dios. Y diría que aún estamos lejos de pillarlo. Pues ¿acaso el creyente no supone con demasiada fácilidad que Dios sigue ahí, dispuesto a echarle un cable —o que, simplemente, tiene algún interés en escuchar su diálogo interior? ¿No hay aquí un exceso de prepotencia?