furor

febrero 28, 2026 § Deja un comentario

Puedo entender el furor iconoclasta. Pues sus raíces son proféticas. Es cierto que sin imágenes es difícil que lleguemos a incorporar —literalmente, hacer cuerpo de— lo que se nos reveló al pie de una cruz. Pero también lo es que caemos en la idolatría donde adoramos con devoción religiosa lo que la imagen nos sugiere. En este sentido, todas las vírgenes locales son intercambiables. Pues su función es satisfacer nuestra necesidad de contar con un amparo sobrenatural. Así, para que la imagen sea, cristianamente, relevante, hay que tener presente la historia que hay detrás, aquella que nos saca del quicio del hogar y, por extensión, del refugio. Solo entonces, los santos darán testimonio. De lo contrario, lo que sus imágenes logran es atarnos —todavía más— a ese quicio.

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