del uno al otro
abril 10, 2026 § Deja un comentario
Tarde o temprano, nos preguntaremos qué hay de verdadero —de sólido— en cuanto nos traemos entre manos. ¿El sentimiento más intenso? ¿La medida? ¿El gris? De no hacerlo —de pasar de largo— seguiremos jugando a la Oca: y tiro porque me toca. La reflexión siempre supuso una elevación, aunque se trate de un ponerse de puntillas, para ganar en libertad. Pues esta comienza con un tomar distancia con respecto a la inercia de los días.
Sin embargo, la pregunta adquiere otro rumbo cuando se plantea, como hizo Descartes —y antes, los escépticos— en los términos de las condiciones de un saber, en definitiva, de la certeza. Pues los presupuestos no serán los mismos. Y porque el ejercicio de la razón especulativa se limita a explicitar lo implicito, tampoco las conclusiones. Así, donde partimos de la sospecha y no de un encontrarse en medio del haber —al fin y al cabo, del asombro—, el resultado es la centralidad del ego cogito. Y de aquí a la muerte de Dios media un paso. A pesar de las demostraciones racionales de su existencia. O por eso mismo.