en breve 3
mayo 11, 2026 § Deja un comentario
Hoy en día, quien cree suele decir —y decirse a sí mismo: siento que hay Dios (y que puedo hablar con Él,tratarlo). Sin embargo, imaginemos que hay quien creyese que existe el Yeti —y no solo fantaseara con su existencia. ¿Acaso no iría en su búsqueda? ¿Es que no contaría, al menos, con sus huellas?
Ciertamente, no es lo mismo. Pues Dios —se dice—está en todas partes. Pero que esté ahí sin estar en ningún lugar ¿no es, cuando menos, desconcertante, por no decir contradictorio… siendo alguien? ¿Acaso no es ingénuo pensar que basta con la invocación silenciosa para entrar en contacto? ¿No fue más lúcido Israel al dar por descontado que era, sencillamente, imposible intimar con Dios —que de Dios, el mundo, la Torá, la bendición y la maldición, pero no Dios mismo? Que Dios se revelase a Moisés como el nombre de Dios —un nombre sin concepto— ¿no lo dice ya todo?
En realidad, el paganismo fue más consecuente que la creencia actual, basada en la intimidad. Pues el paganismo, esa religión campesina, parte de la evidencia de que hay dioses por todas partes como hay montañas y árboles. No fue superstición —en cualquier caso, idolatria— que los paganos recurriesen al sacrificio para obtener un buen trato. Al igual que tampoco lo fue que los siervos de la gleba entregasen una parte de la cosecha a su señor. Pues esos siervos no sintieron solo en su interior que se hallaban sometidos a un poder terrible: lo estaban.