las dos orillas

junio 7, 2026 § Deja un comentario

En un extremo, están los que ejercen el poder más impune. En el otro, quienes sufren desgracia tras desgracia. En medio, los tibios —la mayoría. Tan solo los segundos tienen algo que contar. Porque la muerte —y la desgracia es su anticipación— nos iguala, por no hablar de la desmesura de un cosmos para el cual cien millones de años es apenas un inicio, quien deviene invisible por el poder que detenta está más cerca del ridículo histriónico que del dios. Hay más superioridad en el Eclesiastés que en las bravatas de Elon Musk. Y la hay porque quien lleva sobre sí las cicatrices de la desgracia no es capaz ni siquiera de envidiarlo.

¿Dónde estoy?

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