tiempo y nihilismo

junio 14, 2026 § Deja un comentario

La esperanza cristiana es inseparable de un final de los tiempos. Quiero decir que no basta con creer que, tras la muerte, los justos hallarán su recompensa. Pues esta creencia es independiente del kerygma cristiano. Al menos, porque este no puede separarse de la adhesión a Cristo. Por ello, los tiempos deben apuntar a un juicio final. De lo contrario, el nihilista no tiene que esforzarse mucho para reducir el cristianismo a un mero episodio histórico. Basta con que se pregunte, retóricamente, si acaso alguien se acordará del crucificado de aquí a un millón de años. Es difícil imaginarlo. Como también, que siga habiendo humanidad. Y, en ese caso, probablemente añada que ningún dinosaurio fue juzgado.

Sin embargo, lo que el nihilista no ha comprendido es que hay dios, aunque no sea aquel al que apunta su ateísmo. De ahí que el nihilista se encuentre expuesto a la falta de profundidad… si es que no hay profunidad que no nazca de nuestro enfrentarnos a lo que nos excede por completo. Y es que, si dios es por defecto el poder que abraza la humanidad entera y con el que no cabe negociar, Cronos es, efectivamente, el dios. Con todo, siendo el dios más cruel, también es la fuente del valor. Ante una eternidad sin propósito, la vida se carga con el aura de la excepción, por no decir de lo sagrado. Quizá por esto mismo un Dios del lado de la humanidad solo pudo revelarse como un Dios aún por venir —o cristianamente, por regresar—. De no ser así, entonces el nihilista está en lo cierto. Tras los tiempos, no habrá nadie que espere al que espera. La resistencia creyente habrá sido en vano, por no decir ridícula. Pues hubiese sido en nombre de nadie. Y lo que acaso fuese definitivo, contra nadie. Cronos nunca tuvo un rostro.

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