primero la fe, luego la razón
junio 21, 2026 § Deja un comentario
El lugar de la razón en el territorio de la fe siempre fue problemático. Sobre todo, cuando la fe apunta a un ente supremo. Pues la razón tiende a ir a su bola. Es verdad que la síntesis racional —la reducción de la diversidad a un principio común—, aparentemente, presta apoyo a la creencia en Dios. Pero, en este caso, la razón también podría invertir los términos de la relación —y de paso, mostrar que la creencia acaso sea primera en el orden subjetivo, pero no necesariamente en el orden de la verdad. Así, que tenga que haber un primer principio, aquel que confiere unidad al todo, no implica que este deba mostrarse como el Dios de la religión.
De ahí que la justificación racional de la creencia en Dios como ente supremo pierda pie. Esto es, que no sirva como tal. El Dios-ente-supremo está de más donde la creencia en este Dios deviene compatible con la razón. Pues la razón siempre terminará dando un paso al frente. Y es fácil darlo donde el nombre de Dios se entiende como una etiqueta, entre otras, del ente de los entes. Quizá aún estemos un tanto lejos de comprender que significó para el viejo Israel que Dios fuese el nombre De Dios —y un nombre, además, impronunciable— en vez del referente del concepto de Dios.