qué significa ser un creyente naïve

junio 23, 2026 § Deja un comentario

Primo Levi, si no recuerdo mal, dejó escrito que la existencia de Auschwitz invalidaba cualquier fe en la Providencia. Con todo, más que dejar de creer en Dios —pues nunca llegó a creer en Él—, Primo Levi dejó de creer en la humanidad. Yeshayahu Leibowitz, por su parte, estuvo convencido de que quienes abandonaron la fe tras sobrevivir a los lager nunca creyeron en Dios, sino en la ayuda de Dios. Para Leibowitz, la fe es un deber ciego, no un contrato. Con respecto a Dios tan solo cabe obedecer. No esperemos nada de Dios —y por eso Dios es Dios. Estamos solos.

¿En qué consiste, entonces, una fe naïve? En desestimar el testimonio de quienes regresaron con vida de aquel infierno. Es verdad que hubo otros testimonios aparte de los de Levi y Leibowitz. Hubo también el de Maximiliano Kolbe, cuyo último gesto estuvo lejos de ser meramente inercial. El creyente naïve, sin embargo, prefiere ignorar la grieta y seguir con una chiripitifláutica sentimentalidad diciendo, por ejemplo, que todos somos, en el fondo, buenos. Si fuera así, no haría falta ninguna redención. Bastaría con una receta moral que nos permitiera liberarnos de la costra que impide que brille nuestra luz más íntima. Y quizá sea este el ateísmo más sutil.

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