no, en nuestro nombre
junio 25, 2026 § Deja un comentario
Si Dios es Dios, entonces no cabe esperar nada de Dios. Esta fue la convicción del primer Israel. En cualquier caso, el mortal debe agradecer y preservar la vida que le ha sido dada dentro de un plazo, cuyo término ignora. La esperanza creyente, como es sabido, arraiga de la cuestión mesiánica por excelencia: qué pueden esperar de Dios los justos cuya vida les ha sido arrancada antes de tiempo a causa de la impiedad del mundo. Sin embargo, para Israel, la respuesta —la resurrección de los muertos que dará pie a una justicia universal— no viene de Dios. De ahí que la esperanza mesiánica se formule en los términos de un imperativo: los muertos deben resucitar porque Dios no abandona a los suyos. Esto es fe. Y la fe apunta a lo imposible, a lo que no puede concebirse como una posibilidad del mundo, ni siquiera donde esta se entiende, a la manera de una última salvaguarda, como su horizonte asintótico. La cuestión es cómo ejercerá Dios su poder de interrumpir el tiempo histórico si es verdad que aún no es nadie sin el fiat de su criatura. Sin embargo, al plantearla probablemente no estemos haciendo más que reducir el deben resucitar a una expectativa de la que podamos hacernos una idea… con lo que nos vamos deslizando del en nombre de Dios a en nuestro nombre. De hecho, quizá no sea secundario que las imágenes bíblicas que pretenden describir los tiempos finales sean delirantes.