fórmulas actuales

julio 19, 2026 § Deja un comentario

Como quien no quiere la cosa, nos decimos que deberíamos actualizar las fórmulas del Credo… para hacerlas comprensibles hoy en día. De lo contrario, estaríamos condenados a una fe infantil. Vale.

Sin embargo, no es un asunto fácil. Pues de no tener en cuenta —lo que es común— qué significaron esas fórmulas en su momento, más que traducir lo que haremos será confundir las churras con las merinas. Así, podriamos creer que denominar al crucificado como Señor o Hijo de Dios equivale a decir que su modo de ser ejemplificó el modo de ser de Dios. O que su vida y obra nos conmueve hasta lo más profundo. Pero en este caso no habría equivalencia. Más bien, estaríamos confundiendo la parte por el todo. Reconocer al crucificado como Señor implica, ciertamente, que nuestra existencia ha quedado alterada hasta el punto de que no habrá marcha atrás. Pero que quedemos tocados emocionalmente por los relatos evangélicos no conduce, inevitablemente, a confesar a Jesús de Nazaret como Señor. De hecho, espontáneamente no podemos entender dicha confesión donde formamos parte de un mundo en el que nadie depende, cotidianamente, de un señor. Ni mucho menos, el carácter, en su momento, político o revolucionario de la confesión creyente. Pues no había otro señor que el César.

Paralelamente, la que proclama al crucificado como Hijo de Dios no apunta, en realidad, a lo que el sentido común podría sugerirnos. Cristianamente, Jesús de Nazaret no ejemplifica el modo de ser de Dios —al igual que una modelo de pasarela representa el canon de belleza occidental— , sino que es el modo de ser de Dios, su quién. Evidentemente, esta confesión no deja las cosas de Dios como estaban. En realidad, según la dogmática cristológica, el Padre aún no es nadie sin el Hijo. Probablemente, todavía estemos de admitir su alcance.

De lo anterior se desprende que la traducción, más que sustituir unas fórmulas por otras, debería intentar comprenderlas desde el contexto cultural en el que se inscribieron por primera vez. Una genuina traducción, por tanto, tendría que llevarse a cabo como una glosa o paráfrasis. Ahora bien, por eso mismo, traer las fórmulas del credo al presente no es posible sin caer en la cuenta de lo que perdimos de vista una vez cruzamos la puerta que separa la Modernidad del mundo antiguo. Dicho de otro modo, la actualización de dichas fórmulas va de la mano con una crítica del presente que nos ha tocado en suerte. De hecho, también fue así cuando se concibieron.

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