la mala ingenuidad y el pensar
agosto 20, 2026 § Deja un comentario
Es posible leer el relato del Génesis tal cual —DIos prohibe y Adán desobedece—. Pero también cabe comprenderlo. Y es que comprender significa caer en la cuenta de lo que se nos está diciendo, en definitiva, ponerse en situación. La prohibición de Elohim no fue como la de nuestros padres cuando nos prohibieron tomar dulce fuera de los domingos. Adán, tras acatar la regla, no se limita a hacer falta. Al contrario: cumple con la intención más sutil del mandato. Es como si nos hubiesen prohibido, siendo aún muy niños, abrir el libro que nos permitiría distinguir el bien del mal. ¿Acaso no tendríamos la sensación de que, con esa prohibición, ya nos lo estarían leyendo? Pues acatar esta prohibición supone saber por donde pasa la frontera entre el bien y el mal. Es decir, desobedecer. Al prohibir tomar el fruto del árbol del conocimiento, Elohim genera, como suele decirse, un doble vínculo: se te castiga por llevar a cabo lo que se te exige. Pero no hay chimpancé que se avergüence de sí mismo.
Elohim, en el fondo, le dio a Adán la oportunidad de ser bueno. Alguien que fuese incapaz de hacer daño no sería bueno, sino únicamente una máquina de la bondad.
(Y luego vendrá el rabino para decirnos, justamente, que la fe o va acompañada de sabiduría o no hay, propiamente, fe, sino charrameca.)