Sancho lee a Cioran
octubre 7, 2026 § Deja un comentario
Leer a Cioran —y más aún, comprenderlo— supone caer en la cuenta de que los momentos que hay detrás de los fragmentos más brillantes —por su lirismo, su vértigo— no alcanzan la altura que pretenden. Basta con imaginar que mientras Cioran escribe uno de sus párrafos sobre la melancolía, su vecina —las paredes son de papel— se tira un enorme pedo. Escribir en serio parece que dice más. Y lo parece porque el asunto ha sido aislado del mundo. En la gran escritura, es inevitable percibir un cierto olor a templo. Frente a ello, el esperpento, la chanza, la profundidad española.
teología racional
octubre 7, 2026 § Deja un comentario
No hay Dios con anterioridad a la autoalienación de Dios. Dios es su kenosis. Un dios-ente todavía debería explicarse. En realidad, el posesivo de su kenosis sería posterior al acontecimiento-Dios. En lo que respecta al acto fundacional, el efecto crea su propia causa, como quien dice. Este sería el sentido más primordial del causa sui. Ningún Dios precede al acontecimiento-Dios. Y como causa sui el acontecimiento-Dios se revela como Dios, esto es, como el Dios porvenir.
Israel —y posteriormente, el cristianismo— dieron en el centro de este clavo. Con todo, puede que aún no hayamos caído en la cuenta de lo que significa, según la dogmática cristológica, que el Dios en sí mismo sea ese no ser aún nadie sin el cuerpo de un crucificado en su nombre. De ahí que muchos cristianos crean que, con su Encarnación, Dios adoptó el aspecto de un hombre. O, en su defecto, que el hacerse cuerpo de Dios es un modo de decir que el de Nazaret ejemplificó en sumo grado la esencia de Dios. Sin embargo, el cristianismo rechaza, prácticamente desde sus orígenes, ambas lecturas. Y es que la audacia cristiana consiste en confesar —y de rodillas sobre la cima del Gólgota— que el crucificado es la esencia de Dios, su forma de ser, su quién.