acerca de lo que hay
octubre 13, 2026 § Deja un comentario
Todo cuanto podamos decir acerca de lo que hay —desde las piedras, los martillos… hasta la vida post mortem, las energías vitales, el dios— es prescindible, por relativo. Pues lo que hay es un entramado de hechos, un mundo. Esto es, una significación. Hubo piedras con aura, mágicas, poderosas. Hoy en día, lo que hay son piedras aprovechables. No se trata de la misma piedra. Las primeras remiten al alimento, a la preservación de la vida —su contexto es el de un mundo atravesado de presencias invisibles—. Las segundas, a la producción. No cabe referirse a lo que hay sin remitir al mundo en el que se inserta o, mejor dicho, a los presupuestos que, por su carácter de facto incuestionable, deciden que será admitido como hecho y qué no. La historia es una sucesión de mundos. Y el mundo es una presentación de lo real. Apariencia. Por tanto, podemos decir lo que nos parezca. Da un poco igual. Lo que no da igual es lo que decidimos hacer.
Heidegger, si no lo he leído mal, fue por ahí. Antes que él, sin embargo, Nietzsche. Y en el origen, Platón y sus amigos, los sofistas. Nietzsche, sin embargo, renunció a levantar la alfombra de las apariencias. Y es que por debajo no había nada que ver —y de ahí que la palabra apariencia perdiera su sentido—. Platón fue, por eso mismo, más profundo. Al menos, porque se tomó en serio —como Hegel y Heidegger, posteriormente— la realidad de la nada. Así, la nada no apuntaría tanto a la falta de sentido del mundo como a un factum ontológico, a saber, el de la dinámica inherente a la nada y por la que el mundo es mundo. En el fondo, no hay nada. Esto es, no (hay nada). Y, por eso mismo, el existente —y tan solo existe el hombre; la bestia es— debe decidir entre bailar con DIoniso o dar de comer al hambriento como quien se resiste incondicionalmente al silencio de Dios. Esto es, como respuesta.