sobrepasar
octubre 14, 2026 § Deja un comentario
Hay lo que nos sobrepasa, hagamos lo que hagamos. La cuestión es de qué se trata. O mejor dicho, cómo no situamos ante el exceso ontológico —cómo en definitiva, lo conceptualizamos—. Tradicionalmente, fue lo divino, ese poder oculto, cuyos efectos, sin embargo, alteran nuestra existencia o, cuando menos, la mantienen en pie. Hoy en día, en cambio, un tsunami, pongamos por caso, no es más que un fenómeno geológico. Evidentemente, no es lo mismo —y, consecuentemente, el sujeto que lo encara tampoco es el que fue cuando nadie discutía que hubiera dioses—. La mística renana, apoyándose en la tradición patrística, propuso la vía del desprendimiento de sí para que ese vacío pudiera llenarse de Dios. Actualmente, la ascésis, a lo sumo, es un modo de encontrarse bien con uno mismo, algo así como una dieta, aunque sea con la excusa de llenarse de la energía positiva que atraviesa el cosmos. No se trata, aunque lo parezca, de una actualización de la antigua espiritualidad. Una vez la realidad deja de estar dividida en órdenes cualitivamente diferenciados, esto es, una vez deviene homogénea, ya no hay lugar para el dios. Su último refugio fue la interioridad, el sentimiento. Pero tan solo hizo falta sospechar para que esa interioridad se llenase de impulsos, ciertamente, oscuros. Creencia y cosmología van, por tanto, de la mano.
Otro asunto es la fe que nace del derrumbe de las cosmovisiones —la fe que se asienta en los Gólgotas de la historia—. Pero quizá aún estemos un tanto lejos de comprenderlo.