amalek
abril 24, 2010 § Deja un comentario
Dt 25, 17-19. «Recordad lo que os hizo Amalek cuando estabais en camino, después de haber salido de Egipto. Recordad que, sin ningún temor de Dios, os atacó en el camino y se aprovechó de que estabais cansados y fatigados. Atacó por la espalda a los que se sentían débiles y se habían quedado atrás. Por lo tanto, cuando Yavhé vuestro Dios os haya librado de vuestros enemigos en el país que él os dará por herencia, deberéis borrar de la tierra la memoria de Amalek. No lo olvidéis.»
¿Cómo entender este pasaje? ¿Cómo puede Dios ordenar un genocidio? Por lo común, sorteamos la dificultad a la manera de Marción, arrancando las páginas incómodas, ésas que no acaban de coincidir con lo que esperamos de Dios. Podemos también ser más sutiles y decir que Israel, ahí, no entendió verdadaderamente a Dios. Sin embargo, Israel difícilmente puede prescindir de los acontecimientos que inspiran el temor de Dios. Los episodios de la ira de Dios —esos que provocan el temor del hombre— no son, precisamente, episódicos en el Antiguo Testamento. Por otro lado, tampoco parece que se trate de un pasaje que solo pretenda justificar a posteriori el exterminio de los amalecitas a manos de Israel, pues Israel se resiste, de hecho, a exterminarlos. Saúl, por ejemplo, tendrá piedad de Agag, el rey de los amalecitas, cuando tras la exhortación de Samuel, se vea obligado, como primer rey de Israel, a ejecutar el antiguo mandato de Yavhé, sin excepción de “hombres o mujeres, niños o recién nacidos, buey u oveja…”. Podríamos estar tentados de creer que fue Saúl y no Samuel quien interpretó adecuadamente la voluntad de Dios. Pero ¿pudo equivocarse Samuel con respecto a Dios? ¿Pudo errar el primero de los grandes profetas en un asunto tan crucial? En cualquier caso, el fragmento bíblico no parece que esté de parte de Saúl. Samuel decide cumplir él mismo con el mandato de Yavhé y, poniendo a Agag de rodillas, pronuncia la sentencia antes de ejecutarlo en nombre de Dios: “así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será ahora una madre sin hijo. Y, sin más, Samuel lo descuartizó en Guilgal, ante el Señor.» 1Sam 15. « Leer el resto de esta entrada »
maldad
abril 13, 2010 § Deja un comentario
¿Existe un maldad tan extrema que se encuentre más allá de toda posible redención? ¿Existe algo así como una voluntad de mal? Un pensamiento serio no puede responder fácilmente a esta cuestión. Es cierto que el mal ha sido mal comprendido en Occidente. Por lo común, en tanto que hijos de padres que convivieron sin amarse —en tanto que herederos de Atenas y de Jerusalén—, no sabemos qué decir. Por un lado, tendemos a creer griegamente que el mal es un error —o una enfermedad—. Por otro lado, sospechamos judíamente que el hombre, en el fondo, quiere el mal —que el hombre no puede admitir como propia la voluntad de Dios—. Ciertamente, nos tranquiliza creer que el hombre tiene remedio, que nadie puede actuar mal sin ignorar en qué consiste el verdadero bien. Nos tranquiliza creer que el hombre puede confiar en su posibilidad de transformación. Ahora bien, esta confianza no parece que vaya lo suficientemente lejos en el escrutinio. No se trata de ceder al peor de los pesimismos. Se trata de caer en la cuenta que el hombre no puede evitar desear la transgresión, donde se le impone la Ley. Se trata de comprender que el hombre, desde sí mismo, no puede amar la Ley. No es casual que el psiconanálisis sea un producto judío. « Leer el resto de esta entrada »
modernité
abril 12, 2010 § Deja un comentario
Es difícil saber hasta qué punto la Modernidad afecta a la verdad cristiana. Lo que resulta innegable es que la Modernidad ha levantado acta de defunción de la Cristiandad. O lo que viene a ser lo mismo, modernamente, el cristianismo ha perdido la hegemonía de las penúltimas palabras. La vieja fe se ve obligada a encontrar un hueco en los estantes del supermercado de la buena vida. Con todo, ahora como antes, permanece abierta la cuestión de si el testimonio cristiano ofrece o no la última palabra.
anti-lear
abril 12, 2010 § Deja un comentario
…y, con todo, vivimos de la penúltimas palabras, no de las últimas. Con las últimas, sobre-vivimos. King Lear, ciertamente, no destila ese saber propio de quien sabe vivir. De la historia de Lear no podemos extraer instrucciones para la navegación. O con otras palabras, los grandes relatos, los que narran historias in extremis, no suelen proporcionar recetas para la felicidad. Sus historias no son, propiamente, ejemplares. Ni siquiera la del Crucificado. Su cuestión es otra, a saber, qué podemos esperar cuando ya no podemos esperar nada del mundo. Y si los finales trágicos nos dejan en suspenso, no es porque ignoremos cómo acaba, sino porque difícilmente podemos evitar la impresión de que quienes murieron encarando el desprecio del dios, vivieron, en esa muerte, mucho más que nosotros en nuestra entera vida. En cualquier caso, no deja de ser desconcertante que el hombre no pueda preferir lo que, en definitiva, anhela; que la verdad del hombre no se decida en territorio humano, esto es, dentro de los muros de la Ciudad, sino en cimas —mejor dicho, abismos— irrespirables. Pero esto es lo que hay. Al fin y al cabo, a diferencia de lo que ocurre con las recetas, las últimas palabras no se discuten. Se toman o se dejan.
lear
abril 10, 2010 § Deja un comentario
King Lear es un texto que se encuentra, cuanto menos, a la altura del libro de Job. Su moraleja resulta inquietante: el bien no nos redime. Como sabemos, Cordelia, esa mujer justa, muere ahorcada. Los príncipes de este mundo acaban pronunciando la última palabra. Al fin y al cabo, la paz no deja de ser una tregua. Sin embargo, a pesar del nihilismo que supura —o quizá mejor deberíamos decir que por eso mismo…—, la tragedia de Shakespeare posee profundas resonancias bíblicas: las hijas preferidas —las que le permiten a Lear decir que todo encaja, que todo está bien— son las que, en definitiva, acabarán traicionándole, mientras que Cordelia, la repudiada, será la que acogerá al padre en su destierro. La enseñanza aquí no admite nuestra ingenuidad: el hombre no puede confiar en el orden arquetípico que en apariencia constituye el Mundo. No hay Bien —no hay divinidad— que nos ampare. Quien nos salva, en cualquier caso, no es otro que aquel que repudiamos. La bondad de Cordelia no conecta con ningún orden superior, sobrenatural, divino. Y quizá por eso mismo es incapaz de transformar el corazón de los hombres. Seguimos, pues, a la espera de Dios, como el mismo Job —si prescindimos del parche de los últimos versículos—, en definitiva, a la espera de un final feliz que, como tal, solo podrá coincidir con el final del mundo. Lo dicho: Isaías.
parábolas
abril 9, 2010 § Deja un comentario
Sabemos por una conocida parábola zen que el junco es más fuerte que el roble, pues el junco, gracias a su flexibilidad, puede resistir mejor que un roble la potencia de un huracán. El roble acaba quebrándose por querer resistirse a una fuerza mayor, mientras que el dócil junco sigue con vida. ¿Quién cuestionará la moraleja de la parábola? Sin embargo, ¿hasta qué punto deberíamos admitir que el junco en verdad puede más que un roble? De hecho, el junco es más fácil de arrancar que un árbol cuyas raíces penetraron profundamente en la tierra. Así, podríamos ahora añadir la historia de los campesinos que segaron fácilmente los juncos de la ribera porque no tuvieron la paciencia del roble para arraigar… Si cada parábola posee su envés, ¿qué párabola seguir? ¿Qué maestro deberíamos escuchar? ¿No deberíamos, más bien, realativizar su pretensión de verdad, aceptar el carácter instrumental de las grandes metáforas? « Leer el resto de esta entrada »
elección
abril 5, 2010 § Deja un comentario
Sabemos que los judíos fueron los elegidos por YHWH. Sin embargo, estamos aún lejos de comprender el sentido de esta elección. Por lo común, se entiende que Dios elige como quien se decanta por un whiskey. Pero los judíos no fueron los elegidos por Dios para su goce, sino para dar testimonio de su verdad. Y la verdad de Dios no es otra que la verdad del hombre. Si el hombre se encuentra sometido a la realidad de Dios —a su bendición y a su mandato— es porque de Dios, en sí mismo, tan solo poseemos el nombre. Porque Dios es intratable, Dios permanece siempre más allá, incluso más allá de la divinidad. El judío siempre encuentra en falta a Dios… en el doble sentido de esta expresión. Sin embargo, debido a ello, el Mundo deviene algo extraño para el judío. El Mundo ya no puede ser un hogar para quien encuentra a Dios en falta. Y, así, se abre el mar.
La elección, por tanto, no es casual. Si los judíos fueron los elegidos es porque fueron, precisamente, unos des-graciados, aquellos que no gozaban de la protección —de la gracia— de ninguna divinidad. Los sin dios fueron los elegidos para dar testimonio de la verdad de Dios, de su radical transcendencia. ¿Comprendemos ahora? Tan solo los sin dios pueden ver —reconocer— a Dios. ¿Cómo, entonces, poder soportar nuestra satisfacción? Se confirma una vez más que la verdad de Dios no es, en modo alguno, algo que podamos preferir. Quien entiende la elección al modo de una inclinación más o menos arbitraria, olvida que Dios abandona a quien elige… para que en el elegido arraige el espíritu de Dios, el que libera al hombre del poder de la circunstancia. El judío, en tanto que sigue sometido a la exigencia de Dios, en el doble sentido del genitivo, aún puede esperar dónde el Mundo ya no ofrece ninguna esperanza. Dios elige al judío para que el hombre recuerde, precisamente, que no es más que esa esperanza sin imágenes. Al fin y al cabo, un vértigo.
YWHW
marzo 28, 2010 § Deja un comentario
La existencia judía es un existencia que permanece en suspenso entre la fidelidad a una bendición originaria —a un incuestionable Sí primordial— y la extrañeza, por no decir el escándalo, de haber sido abandonados por Dios. Para el resto de la humanidad, ambos extremos son irreconciliables. O bien, ante la marca indeleble del horror, se rechaza como ilusión la creencia en una divinidad providente, o bien, se niega el carácter definitivo del sufrimiento, aun del sufrimiento indecible, en aras a poder seguir creyendo. Es por eso que la existencia judía constituye un caso aparte. ¿Cómo comprender la posición de quien habiendo sido abandonado por Dios, no abandona a Dios? ¿Se trata de una obsesión? ¿De un instinto? ¿De qué Dios da testimonio esta fidelidad? En cualquier caso, la existencia judía no se sitúa entre el dios y la bestia, ambas posibilidades aún demasiado humanas, sino entre los dos lados de la radical transcendencia de Dios, la Creación y el Mal, el don y la oscuridad. Como si la ausencia de Dios, fuera la herida que mantiene al judío con vida frente al poder del Mundo. (Como si el hombre solo fuera posible a través de un Dios que se niega a sí mismo hasta un inconcebible más allá.)
sospecha
marzo 26, 2010 § Deja un comentario
Al fin y al cabo, no somos más que cuerpos arrodillados. Sin embargo, puede que nuestro sentido de lo humano dependa de mantener una cierta distancia con respecto a lo que somos. Como si nuestra verdad no nos perteneciera. Como si solo pudieramos soportarnos distraídamente.
teresianas
marzo 26, 2010 § Deja un comentario
El otro dia fui a visitar el colegio de las Teresianas en Ganduxer con unos chicos americanos que venían de visita a Barcelona y habían quedado ‘tocados’ por la genial arquitectura de Gaudí. Unas chicas del colegio nos explicaron el simbolismo de las formas utilizadas por el arquitecto en paredes, arcos, claustros, etc. Sin embargo, lo más revelador de su diseño no fue uno de esos detalles extraordinarios a los que estamos acostumbrados, sino su ausencia. Me explico: las chicas nos contaron que, justo en el centro del edificio, rodeado por unas columnas, se encuentra una estatua de Jesús que nos recuerda «la presencia de Dios en nuestros corazones». En el centro del edificio, como en lo mas profundo de nosotros mismos, habita —decían— «el espíritu de la bondad y el amor, aquel que nos da la fuerza para actuar según la voluntad de Dios». Lo más revelador ocurrió cuando una monja de la orden nos dijo que el arquitecto Gaudí había dejado ese espacio ‘vacio’, sin nada. Columnas y nada más. De hecho, ese ‘espacio vacío’ en medio del edificio nos llama mucho más la atención que el espacio ocupado. La experiencia de esa ausencia, de ese ‘vacío’ en el corazón del edificio fue muy reveladora. El ‘vacío’ reclama ser ocupado (y, de hecho, así ha sido). ¿Y si Dios nos ha dejado ese ‘vacio’ para que sea el hombre el que lo rellene? La oportunidad se nos da únicamente cuando reconocemos esa oquedad y respondemos a ella. La imagen en cambio nos paraliza, exige una contemplación, no nos llama a la acción. Parece que la mirada inquietante de una estatua satisface con demasiada rapidez nuestra inquietud. Sin embargo, lo que nos mueve es la experiencia de esa ausencia a la que estamos sometidos. Las monjas han rellenado ese hueco con una estatua de Jesús. El hombre no puede concebir a Dios, si no es a través de una imagen, pero entonces buscamos tratar con Dios y caemos así en la idolatría. Sin ese hueco, no hay llamada, no hay ‘clamor’. Esa estatua nos reconforta demasiado, en cambio un ‘vacío’ en el centro nos incomoda. ¿Hasta qué punto hay que dejar el hueco o rellenarlo? Podemos rellenar físicamente ese hueco del colegio de las Teresianas, pero no podemos creernos capaces de rellenar el ‘vacio’ real que representa. Si no tenemos en cuenta eso quizas nuestra fe sea aún religiosa, la fe propia de un niño.
Jaume Coll
a-teísmo
marzo 25, 2010 § Deja un comentario
No es posible confesar que el Crucificado es Dios sin negar la existencia de la divinidad. No hay divinidad que no se muestre como una solución al problema de la existencia y a mí no me parece que podamos comprender al Crucificado como una solución. Un creyente ve en la Cruz, la respuesta misma de Dios a la falta de solución. La Cruz, ciertamente, salva pero no consuela. La esperanza cristiana carece, en este sentido, de expectativa. No hay imagen de la esperanza. El horror no posee la última palabra —y por esto decimos que hay salvación—, pero seguimos sin saber cómo puede darse la vida más allá del Mundo. Por eso las imágenes apocalípticas, las imágenes de la esperanza creyente, son literalmente inconcebibles. En cualquier caso, la respuesta de Dios, en tanto que se dirige a los abandonados de Dios —en tanto que no afecta al hombre que aún confía en sus pobilidades—, no puede ser aceptada por quien aún posee una sensibilidad típicamente religiosa. Quien posee esta sensibilidad díficilmente admitirá que Dios debe morir como divinidad para que pueda renacer como resucitado. Un Dios que no se identifique con el abandonado de Dios no puede responder al abandonado de Dios. Y ¿qué Dios puede identificarse con el abandonado de Dios sin sufrir él mismo ese abandono, esto es, sin renunciar a sí mismo, sin morir?. La muerte de Dios coincidiría, así, con el parto de Dios en la cima del Gólgota.
un día de campo
marzo 25, 2010 § Deja un comentario
¿Hasta qué punto el infierno revela lo que somos en verdad? Ciertamente, sometido a una presión extrema, el hombre acaba comportándose, por lo común, como una bestia. Pero ¿no deberíamos decir más bien que acaba actuando como lo que, en el fondo, es? ¿Quienes de los que regresan del infierno pueden seguir creyendo en el hombre? ¿Acaso no se nos hizo patente ahí que nuestra humanidad no es más que la piel de cordero que encubre al lobo? Pero nadie dijo que nuestra verdad tuviera que ir desnuda. Puede que tan solo en una ciudad justa sea posible vivir conforme a lo que en realidad somos. Puede que bajo circunstancias extremas, sencillamente, dejemos de ser lo que somos. Pero entonces deberíamos admitir que no todos somos iguales. Que el hombre llega a ser lo que es únicamente bajo unas determinadas circunstancias. Que Mowgli es al hombre lo que el capullo a la flor.
escalada
marzo 25, 2010 § Deja un comentario
El descenso a los infiernos no siempre envilece. También, santifica. El compañero de armas que es torturado no necesariamente terminará traicionándonos. También puede mantenerse fiel hasta el final. En cualquier caso, lo que se decide en el culo del mundo ya no depende de quienes fuimos. La fidelidad bajo tortura difícilmente puede ser atribuida a un yo seguro de sí. El hombre que permanece fiel hasta el final bajo la brutalidad de los días finales ya no podrá reconocerse en su fidelidad. Aquello que somos, al fin y al cabo, no nos pertenece. No es algo que se encuentre a nuestro alcance —algo que podamos sensatamente proponernos—. Tampoco, sin embargo, nos movemos ahí como títeres. El gesto final no es del hombre. Pero tampoco de Dios. Y quizá solo esto nos iguala.
miopía
marzo 24, 2010 § Deja un comentario
Una mirada es irresistible. Por suerte, raramente nos alcanza. Sería muy difícil que pudiéramos mantener el trato.
ilusión
marzo 23, 2010 § Deja un comentario
¿Qué és una fe ilusoria? Aquella que dejas a un lado cuando todo se tuerce. Pero el judaismo no es una ilusión. La fe judía —la fe de Abraham, Job, Moisés…— es absurda, pero no ilusoria. Cuando ya no pudieron seguir creyendo en la acción de Dios, esos hombres pronunciaron de rodillas el nombre del Señor. En vez del hecho de Dios, su nombre, ese resto. Sin embargo, de esos cuerpos arrodillados surgió el aliento que respiraron los supervivientes. El Espíritu es, ciertamente, un hueso. Es un síntoma de nuestra pobreza espiritual que Auschwitz sea la prueba de la inexistencia de Dios. Como si la cuestión de Dios se jugara en su existencia.
infinite loop
marzo 23, 2010 § Deja un comentario
Desde atrás, Dios se da como la ausencia que nos arroja al mundo. Frente al hombre, Dios se ofrece, en cambio, como víctima. El hombre no sería más que un momento del bucle infinito de Dios.
urbanismo
marzo 22, 2010 § Deja un comentario
Únicamente sobre el fango —y no sobre el asfalto— puede un hombre dejar huella. Las calles de la ciudad están hechas, sin duda, para pasar de largo.
teodicea
marzo 22, 2010 § Deja un comentario
La existencia de un tirano feliz ¿acaso no constituye la más seria objeción contra la existencia de Dios? Ya no nos vale el recurso a la venganza final de los resucitados. Nada, ni siquiera la justicia post mortem, parece compensar el escándalo de una impunidad sin medida. Por eso el súbdito necesita impugnar de iure esta felicidad: el tirano no puede de ningún modo ser feliz; su dicha tiene que ser aparente, pues de lo contrario ¿quién podría soportar no ser un tirano? El resentimiento se encontraría, pues, en la base de nuestro sentido de la justicia. Nietzsche, en el fondo, acaso no quiso decir otra cosa. (Por suerte, el judío va más lejos. Para los hijos de Israel, el tirano tampoco puede ser feliz… pero no porque, de serlo, Dios no podría existir, sino porque, de hecho, Dios no existe. Porque la realidad de Dios se encuentra siempre más allá de su posible existencia, ningún hombre puede eludir el juicio de Dios. Y es que, precisamente, porque Dios no existe, no todo está permitido.)
dogmáticas
marzo 22, 2010 § Deja un comentario
El cristianismo es, sin duda, duro de pelar para quien posea una mínima sensibilidad religiosa. Que Dios se ponga en manos del hombre —que el hombre pueda decidir el destino de Dios— es algo que difícilmente pueden aceptar quienes todavía creen en una solución ex machina. Pero lo que resulta incomprensible para estos creyentes —por paradójico— es que Dios se entregue al hombre de tal manera que el hombre solo pueda responder poniéndose en manos de Dios. Probablemente, lo que defiende el cristianismo sea verdad. Pero si no lo fuera, nadie podrá negar que estamos ante una brutal creación humana… tan brutal que solo un dios podría haberla concebido.
en el super
marzo 20, 2010 § Deja un comentario
Quizá deberíamos admitir sin ambages que si Dios fuera simplemente «la bondad», Dios se habría encarnado, no ya en la figura de un crucificado en nombre de Dios, sino en el cuerpo de ese deficiente mental que es todo corazón. Pero si Dios se hizo hombre, entonces la bondad solo puede permanecer en el hombre de un modo, cuanto menos, problemático. Un deficiente mental difícilmente podrá ser astuto como una serpiente, difícilmente podrá sufrir las tentaciones del desierto. En cualquier caso, el deficiente mental representaría una imagen de Dios, un ídolo, pero no a Dios mismo. Así pues, quienes cristianamente sostienen que Dios es la bondad, deberían reconocer sin pudor que Dios es subnormal y dejar a un lado las otras historias, esas denominadas evangélicas. (Y, así, de paso podríamos también comprender, por analogía, el escándalo que supuso identificar a Dios con el Crucificado.)
brave new world
marzo 18, 2010 § Deja un comentario
¿Quién podría soportar un mundo en donde cualquiera hiciera lo debido, un mundo de almas bellas? Sin culpables que señalar, ¿quién no moriría de asfixia? ¿Qué vida podría aún tener un sentido, un hacia dónde? Al fin y al cabo, nada ocurre en la vida de los ángeles. Y, sin embargo, ¿por qué seguimos anhelando un mundo feliz? ¿Qué clase de animal es el hombre que no puede aceptar de la verdad del Mundo, la mútua pertenencia de los contrarios, el carácter irreductible de la escisión que separa el Bien del Mal? Pues vivir humanamente es, sin duda, vivir diciendo no. Una vida con sentido debe negarle el pan a lo que no debiera existir en modo alguno, pero que, con todo, tiene que existir para que podamos seguir viviendo con sentido. En tanto que fuimos arrojados al mundo creemos que el Bien, sea cual sea su imagen, es el camino, el río que va a parar a ese mar que es el morir. Pero cualquier espectador —cualquier divinidad que nos contemple con indiferencia— sabe que el Bien no es un camino sino una de las dos orillas sin las cuales no hay río que valga. O dicho de otro modo: ascendemos por las escaleras de un templo cuyo techo no podemos coronar sin que el templo se convierta en una ruina. Y es que quien comprende lo anterior comprende que nuestra fe en la bondad tiene necesidad del crimen como la luz, de la oscuridad. Dios no puede triunfar sin perecer. Por eso quien espera el reino de Dios no puede esperar otra cosa que el fin del mundo. Quizá debiéramos armarnos de valor e imaginar a Sísifo feliz.
la certeza del espíritu
marzo 16, 2010 § Deja un comentario
No tienes que lograr nada. No quieras ir más allá de lo que puedas abrazar. Míralo todo, sin interrumpir nada. Hay en las cosas visibles una fecundidad invisible.
mcdonald’s
marzo 16, 2010 § Deja un comentario
El místico, según cuentan, suele experimentar en sus raptos la fusión con lo divino. Algo parecido diría, sin embargo, la hamburguesa, si pudiera hablar. El místico sería, por tanto, algo así como el big mac de la divinidad. Y quizá por eso mismo, la divinidad acabe siendo algo a la medida del hombre, si es cierto, además, que uno es lo que come. Por suerte, Dios no acaba de coincidir con la divinidad. A diferencia de la divinidad, Dios no se ofrece como una posibilidad del hombre. De Dios en sí mismo tan solo poseemos el nombre. O lo que viene a ser lo mismo: Dios siempre se encuentra más allá de lo divino. Acaso sea ésta la convicción más arraigada del monoteísmo.
gravedad
marzo 16, 2010 § Deja un comentario
Tan solo cayendo puede un hombre volar. Cualquier otro intento deberá contentarse con dar saltitos en el aire.
posibilidad
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
El hombre realiza muy lentamente sus posibilidades últimas. Sin embargo, esas posibilidades no acaban de ser enteramente nuestras. Necesidad de un lenguaje cuyo centro no sea el Yo, sino su por-venir, su todavía no.
la celda y la infancia
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
Permanezco a solas en mi habitación y, sin embargo, aún no estoy lo bastante solo: por lo común, me acompaña un fantasma bueno. Nunca un niño fue capaz de estar a solas. Acabaré creyendo que no podré abandonar mi infancia hasta que no me cubra por entero la indiferencia del universo.
filo-sofía
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
Acaso solo vivamos en verdad donde aún tenemos pendiente la verdad.
pertenencia
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
Nada hay más vivo que lo que nace del silencio. Como si tan solo viviera quien regresa de la muerte. Y, aun así, nada de lo más vivo nos pertenece.
confianza
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
Es cierto que nacemos del silencio mismo de Dios. Con todo, la fecundidad de Dios —la fecundidad que engendra Israel—, es difícilmente soportable para quienes aún habitamos confiadamente este Mundo.
cuerpo y alma
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
No decimos nada nuevo si constatamos que, de hecho, tan solo existimos como cuerpos sometidos a fuerzas. Sin embargo, siendo más precisos quizá deberíamos añadir que en realidad somos esos cuerpos que no pueden admitir por entero su corporalidad. Si somos algo más no es porque haya algo así como un fantasma interior, sino porque no acabamos de existir íntegramente en la integridad del cuerpo. El espíritu, ese plus, no es más que el envés de lo que debemos ocultar. Al fin y al cabo, el espíritu es hijo de la vergüenza.
hambre
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
¿Con quién se encuentra quien se encuentra? ¿Acaso la sinceridad no consiste en reconocer que nadie nunca es enteramente allí donde todavía es alguien para sí mismo? ¿A quién pertenecemos en verdad? La celda, sin duda, desmiente cualquier ensoñación. Con todo, acaso solo importe percibir que hay algo en nosotros que aún muere de hambre.
paradojas
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
Hay un más allá: esta es la verdad del hombre. Y, con todo, esta verdad no es para el hombre. Como si el hombre tuviera que dejar de ser hombre para alcanzar su verdad.
el diluvio universal
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
Tarde o temprano, deberíamos darnos cuenta simplemente que nos encontramos en aguas que nos cubren.
Thomas Merton
creación
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
En medio de la cháchara, aun no caemos en la cuenta de que somos quienes han sido abandonados por el acto creador de Dios. Con todo, acaso no seamos otra cosa que quienes podemos nacer en verdad solo tras haber sido sepultados por nuestra orfandad.
la im-posibilidad de Dios
marzo 15, 2010 § Deja un comentario
La im-posibilidad de Dios —el carácter terminal de su silencio— no es la “imposibilidad” de la ficción. En tanto que concebible, una ficción es aún posible. Sin embargo, porque Dios es im-posible puede nacer en el corazón del hombre el Espíritu mismo de Dios.