la guerra y la moral

marzo 15, 2010 § Deja un comentario

Aceptaremos fácilmente que es cuestión de gran importancia saber si la moral no es una farsa. La lucidez —la apertura del espíritu sobre lo verdadero— ¿no consiste acaso en entrever la posibilidad permanente de la guerra? El estado de guerra suspende la moral, despoja a las instituciones y obligaciones eternas de su eternidad y, por lo tanto, anula en lo provisorio, los imperativos incondicionales. Proyecta su sombra por anticipado sobre lo actos de los hombres. La guerra no se sitúa solamente como la más grande entre las pruebas que vive la moral. La convierte en irrisoria. La política —el arte de prever y ganar por todos los medios la guerra— se impone, en virtud de ello, como el ejercicio mismo de la razón. La política se opone a la moral como la filosofía a la ingenuidad. No es necesario probar por oscuros fragmentos de Heráclito que el ser se revela como guerra al pensamiento filosófico; que la guerra no sólo afecta como el hecho más patente, sino como la patencia misma —o la verdad— de lo real.

Emmanuel Levinas


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