ateos

enero 20, 2020 § Deja un comentario

La verdadera religión incluye alguna dosis de ateísmo. No es casual que a Sócrates, como también a los judíos y a los primeros cristianos, se los persiguiese como ateos. Para los que se adherían a los poderes, no podían dejar de ser los que niegan que haya dios.

Paul Tillich, Theology of culture

Thomas

diciembre 28, 2019 § Deja un comentario

Entre las muchas tonterías que dijo Rousseau, una de las más tontas y famosas es esta: «El hombre nace libre, y sin embargo, está encadenado por doquier». Esta sentencia presuntuosa impide percibir claramente la naturaleza de la libertad; porque si la libertad es la capacidad para poder elegir sin imposiciones, el hombre nace encadenado. Y el desafío que plantea la vida es la liberación.

Thomas Szasz

desnudez

octubre 23, 2019 § Deja un comentario

Cuanto más ha perdido el ciudadano metropolitano la intimidad con los otros, cuanto más incapaz se ha vuelto de mirar a sus semejantes a los ojos, tanto más consoladora es la intimidad virtual con el dispositivo, que ha aprendido a escrutar su retina tan en profundidad.

Giorgio Agamben

elixir

octubre 18, 2019 § Deja un comentario

Los hombres sienten inclinación por el entusiasmo o por emborracharse con determinadas palabras. Siempre que repitan esas palabras, la realidad les importa poco.

Benjamin Constant

más Tillich

octubre 6, 2019 § Deja un comentario

El misticismo es la madre del racionalismo: la “luz interior” se convierte, mediante un cierto desplazamiento, en la razón autónoma.

Feuerbach, one more time

septiembre 21, 2019 Comentarios desactivados en Feuerbach, one more time

Lo que está situado más alto en el espacio es también en la cualidad lo más alto del hombre, lo que le es más próximo, lo que no se puede separar ya de él —y es la cabeza. Si veo la cabeza de un hombre, es a él mismo al que veo; pero si no veo más que el tronco, no veo más que su tronco.

Ludwig Feuerbach

una historia sufí

agosto 24, 2019 § Deja un comentario

La siguiente parábola sufí podría ser perfectamente un parábola sobre el Dios cristiano (y de paso sobre quienes confían en Él):

Había una vez una anciana que solía meditar a las orillas del río Ganges. Una mañana, al terminar su meditación, vio a un alacrán que flotaba indefenso en la fuerte corriente. Conforme el alacrán se acercaba, quedó atrapado en unas raíces que se extendían dentro del río. El alacrán luchaba frenéticamente por liberarse, pero cada vez se enredaba más. Ella se acercó inmediatamente al alacrán que se ahogaba, quien en cuanto ella lo tocó, la picó. La anciana retiró su mano, pero en cuanto recuperó su equilibrio, nuevamente trató de salvar a la criatura. Cada vez que ella lo intentaba, el alacrán la picaba tan fuerte que su mano se llenó de sangre y la cara se le des componía por el dolor. Un hombre que pasaba y vio a la anciana luchar contra el alacrán le gritó: «¿Estás loca? ¿Quieres matarte por salvar a esa cosa odiosa?». Mirando al extraño a los ojos, la anciana respondió: «Si la naturaleza del alacrán es picar, ¿por qué debo negar mi propia naturaleza de salvarlo?».

¿Dónde estoy?

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