brave new world
marzo 18, 2010 § Deja un comentario
¿Quién podría soportar un mundo en donde cualquiera hiciera lo debido, un mundo de almas bellas? Sin culpables que señalar, ¿quién no moriría de asfixia? ¿Qué vida podría aún tener un sentido, un hacia dónde? Al fin y al cabo, nada ocurre en la vida de los ángeles. Y, sin embargo, ¿por qué seguimos anhelando un mundo feliz? ¿Qué clase de animal es el hombre que no puede aceptar de la verdad del Mundo, la mútua pertenencia de los contrarios, el carácter irreductible de la escisión que separa el Bien del Mal? Pues vivir humanamente es, sin duda, vivir diciendo no. Una vida con sentido debe negarle el pan a lo que no debiera existir en modo alguno, pero que, con todo, tiene que existir para que podamos seguir viviendo con sentido. En tanto que fuimos arrojados al mundo creemos que el Bien, sea cual sea su imagen, es el camino, el río que va a parar a ese mar que es el morir. Pero cualquier espectador —cualquier divinidad que nos contemple con indiferencia— sabe que el Bien no es un camino sino una de las dos orillas sin las cuales no hay río que valga. O dicho de otro modo: ascendemos por las escaleras de un templo cuyo techo no podemos coronar sin que el templo se convierta en una ruina. Y es que quien comprende lo anterior comprende que nuestra fe en la bondad tiene necesidad del crimen como la luz, de la oscuridad. Dios no puede triunfar sin perecer. Por eso quien espera el reino de Dios no puede esperar otra cosa que el fin del mundo. Quizá debiéramos armarnos de valor e imaginar a Sísifo feliz.
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