sales minerales

febrero 6, 2023 § Deja un comentario

Dice el capellán en su sermón: ¿deberíamos preguntarnos si acaso somos luz? ¿Iluminamos la tierra? ¿Somos su sal? De acuerdo. Sin embargo, creo que andaríamos equivocados si creyéramos que debemos esforzarnos para salar el mundo —o si nos dijéramos ahora voy a iluminarlo. Y no porque el mundo no necesite ninguna sal o luz—al contrario—, sino porque uno no añade salazón a este plato o ilumina la tiniebla porque pretenda salar o iluminar. De ser así no dejaríamos de ser, precisamente, unos iluminados. La luz es, como dicen los psicólogos, un producto lateral. Es lo que sucede mientras andamos ocupados en otro asunto, en nuestro caso apostar por la bondad o saciar los estómagos del hambre. La sal o la luz se darán de paso. Aunque a quienes se sacrifican por los desgraciados no se lo parezca. Ni podrá parecérselo. El sentido del sacrificio no pertenece a quien se sacrifica. De hecho, incluso la verdad de Dios está en manos de Dios.

de narcisos

febrero 4, 2023 § Deja un comentario

El narcisismo se apoya en la gran mentira: creer en que somos alguien. Por eso vamos por ahí como si tuviéramos un motivo del que enorgullecernos. Por eso duele que los demás descubran nuestra tara. Narciso no puede soportar su desnudez. De ahí que viva de su éxito, ese malentendido. Ya lo dijo Qohelet: todo es vanidad (y la vanidad es alimentarse de viento). Y así podemos morir demasiado tarde. Esto es, sin habernos dado cuenta de que todo comienza con la muerte de uno mismo para sí mismo.

mariposas

febrero 1, 2023 § Deja un comentario

Cuanto menos te aprecies a ti misma, más dispuesta estarás a salir con cualquiera —con el primero que te haga un poco de caso. Sin embargo, creerás que es alguien extraordinario. Al menos, en un primer momento. Es lo que tiene querer resolver cuanto antes el asunto del tener. Que no se diga que tú no vales para este juego. Aun cuando el juego que realmente estás jugando no es el que te imaginas.

pensar y vivir

enero 31, 2023 § Deja un comentario

Pienso, luego soy, dijo Descartes. Y aquí topó con su primera certeza. Sin embargo, lo habitual es constatar que cuando uno piensa, se queda en suspenso. Este es, sin duda, un asunto distinto al de Descartes. Pero una cosa no quita la otra. Y es que donde caemos en la cuenta no podemos seguir tratando —o comerciando— con aquello que nos traemos entre manos. Al menos, porque el caer en la cuenta supone captar lo excepcional del momento. De hecho, de cualquier momento. Y no hay etiquetas que valgan para la excepción. Aquí la pregunta es si acaso no vivimos más cuando, lejos de dejarnos arrastrar por la vida, nos situamos en la distancia de quienes se asombran. Aunque no podamos permanecer ahí.

patologías de la creencia

enero 26, 2023 § Deja un comentario

Que seamos tolerantes —y mejor que lo seamos— supone que no podemos tomarnos del todo en serio nuestras creencias fundamentales. En cualquier caso, creeremos que creemos (y aquí paz y después gloria). De hecho, quienes se las toman en serio suelen pasar por fundamentalistas. Por ejemplo, los antiabortistas que dinamitan las clínicas donde se practican abortos. O aquellos que creen seriamente que serán juzgados al final de los tiempos conforme a Mt 25 —y que, por eso mismo, les tiemblan las piernas. Su obsesión ¿acaso no nos parecería patológica?

Sin embargo, puede que esto haya sido así desde que hay humanidad. Pues aunque sepamos que vamos a morir, tampoco viviríamos si llevásemos a flor de piel la posibilidad de que nos diera un ictus en cualquier instante. En el día a día, nos decantamos por el no n’hi ha per tant. Todo a su debido tiempo, como decía Qohelet. De ahí que, y con respecto a la fe, lo decisivo sea, precisamente, el momento en el que se nos exigirá dar un paso al frente. Durante el mientras tanto, prevalece el hasta cierto punto.

IA

enero 22, 2023 § Deja un comentario

El hijo de la mona superó a la mona. El hijo del hombre —Hal 9000—superará al hombre. El aprendiz de brujo no puede doblegar los espíritus que convoca. Sin embargo, la superación no tendrá lugar, o no solo, por la vía del superlativo —más fuerza, más poder de cálculo…—, sino por la de la delegación. Donde la máquina se encargó de las tareas pesadas perdimos peso muscular. Del mismo modo, donde el algoritmo se encargue de pensar por nosotros —y de pensar lo sumamente complejo— veremos como disminuye nuestro coeficiente intelectual (o cuando menos el promedio). Y es que la inteligencia no se desarrolla si no la ponemos a trabajar. Por tanto, la cuestión quizá no sea si la Matrix de turno será capaz de simular a la perfección el pensamiento o incluso de crear belleza. Pues es obvio que ya es capaz. Ni siquiera si llegará a ser consciente. Al menos, porque, como sabemos desde Descartes, la conciencia del otro es siempre supuesta (y por eso, en el caso de que ya no pudiéramos distinguir entre el animal consciente y su réplica, el asunto dejaría de tener importancia: nadie se pregunta si Yoda es consciente; lo da por hecho). De hecho, tampoco sabremos si el replicante se siente realmente culpable ante los que no cuentan para nadie… en el caso de que pueda simular dicho sentimiento. La cuestión es, como decíamos, si este progreso no supondrá que nuestra inteligencia vuelva a ser la de los simios. Y si acaso Matrix no llegará a la conclusión de que lo conveniente sea tratarnos como tales. Ciertamente, caben unas cuantas preguntas más. ¿Tendrán derechos los algoritmos? Y de no tenerlos, ¿podrán ganárselos, esto es, conquistarlos? ¿Podremos admitirlos como hijos de Dios?

Con todo, quizá dé un poco igual que el algoritmo pueda escribir una obra como Ser y Tiempo. En cualquier caso, lo decisivo será que podamos seguir escribiéndola nosotros. O algunos de los nuestros.

de los como si

enero 20, 2023 § Deja un comentario

Decía Heidegger que los poetas fundan el mundo. Está claro. Y es que la metáfora no es un modo de decir, brillante en el mejor de los casos, sino un modo de hacer. El poeta crea la realidad diciéndola o, siendo más precisos, llevando a la palabra lo que aún no es —y no es porque aún no ha sido llevado, precisamente, a la palabra. A lo sumo, antes de la palabra, un ruido de fondo. Así, cuando el poeta dice, por ejemplo, que de lo que se trata es de dominar a la bestia que llevamos dentro, no dice algo de la bestia, sino que la crea de la nada —y la crea como quien ve lo que hay. Casi como Dios mismo, aunque quizá de forma menos imperativa. A partir de ese momento ya no podremos comprendernos de otro modo.

Ciertamente, la bestia estuvo antes ahí, correnteando por la selva. Y por eso mismo, fue suficiente con nombrarla. Una bestia es una bestia. Pero con los nombres no vamos muy lejos. Los monos también pueden utilizar post-it. En cualquier caso, el ilustrado riega fuera de tiesto cuando considera el imaginario simbólico como fantasía o superstición. Quien dijera que, de hecho, no hay ninguna bestia en nuestro interior, sino únicamente hormonas, lo que nos estaría diciendo, más bien, es que no sabe leer. Pues aunque sea obvio que, de hecho, no hay una bestia, la hay en realidad (aun cuando esta distinción entre los hechos y lo real haya dejado de ser actualmente una obviedad). Al menos, porque para dirigirnos hacia lo real debemos ir más allá de la cantidad —de lo medible. Mejor dicho, tenemos que exponernos. Y difícilmente nos expondremos donde, desde la grada del espectador, nos limitamos a medir.

En este sentido, puede que teólogos los de la analogia entis no anduvieran tan errados. Sobre todo, si tenemos en cuenta que siempre añadían aquello de mayor es la desemejanza. Otro asunto es que el creyente de a pie se olvidase de esto último. Pero una cosa no quita la otra.

la bestia

enero 19, 2023 § Deja un comentario

Hallarse ante el poder que puede aniquilarte: esta es la experiencia mas elemental de lo divino (aunque también, junto a ella, la de la admiración). La vida seguirá sin ti. Tú no cuentas para un dios: Baal te ignora o desprecia. El descrédito de la religión va de suyo con el creerse alguien. Y esto es, sin duda, una ingenuidad. Sin embargo, por encima de Baal, hay el único verdadero, aquel que por situarse más allá del todo, posee la entidad del desaparecido (y por eso mismo, de aquel que está por venir). El todo —y Baal pertenece al todo— pende del hilo de la aparición de Dios como el que es, a saber, un nadie. Pues donde nadie se hace presente —y se hace presente como oscuridad y silencio absolutos—, todo queda reducido a nada. Ahora bien, solo en nombre del nadie podemos permanecer en pie frente a Baal —y de paso, caer en la cuenta de que únicamente nos tenemos los unos a los otros.

fenomenología básica

enero 17, 2023 § Deja un comentario

Hay haber. Esto es lo primero. Sin embargo, es sabido que, a partir de Descartes, lo primero en el orden de la reflexión no es el haber de las cosas, sino el haber del pienso, aun cuando luego la idea de Dios le obligue a reconocer la primacía de una exterioridad ilimitada —en definitiva, de un puro haber— en el orden ontológico. Ahora bien, la suspensión de la certidumbre espontánea acerca del haber que lleva a cabo la duda hiperbólica no deja de ser un truco retórico, en el mejor de los casos, y una falacia lógica, en el peor. Pues dicha suspensión presupone lo que terminará concluyendo, a saber, el carácter fundamental del cogito. De ahí que sea racionalmente legítimo, si no obligatorio, comenzar con la pregunta sobre la consistencia del haber: ¿en qué consiste el haber —o si se prefiere, el aparecer— en cuanto tal?Descartes, una vez llega a la certeza del cogito, tendría que haber caído en la cuenta —es un decir— de la primacía de la pregunta por el haber. Y es que lo primero, ni siquiera en el orden del pensar, salvo que aquí el pensar no sea mucho más que un ejercicio de rétorica, en modo alguno puede ser el cogito… si la conclusión del uso metódico de la duda es, precisamente, el haber del cogito. Al fin y al cabo, la certeza del cogito consiste en el aparecer indiscutible de la res cogitans a la conciencia como el soporte de la corriente del pensamiento (y por eso mismo como aquello que le confiere unidad, al menos porque lo que unifica el flujo de la representaciones mentales es que son mías). No es causal que Spinoza, un cartesiano que corrige a Descartes, inicie su Ethica more geometrico con la afirmación de que hay Dios (y aquí no estamos hablando, como es obvio, del Dios que el creyente invoca, sino de Dios como el nombre de la totalidad). Como tampoco lo es que Hegel comience su Lógica reflexionando sobre el concepto de ser… aunque sostenga que debemos pensarlo como sujeto y no como sustancia. En realidad, la operación hegeliana podríamos entenderla como un intento de resolver el problema del cogito. Al menos, porque el hecho de pensarse como el que piensa implica, aunque sea oscuramente, la exterioridad de lo que piensa. O dicho de otro modo, si la certeza de sí a la que apunta la afirmación existo mientras pienso solo puede ser intuida —y aquí intuir significa ver con los ojos de la mente—, entonces, y teniendo presente que la intuición apunta a un enfrente, no hay razón para que no quepa dudar de ella.

de la trinidad

enero 15, 2023 § Deja un comentario

Tres niñas salvadoreñas, de 12, 9 y 2 años, fueron rescatadas por la policía mexicana cuando intentaban cruzar el río Bravo. Ningún adulto con ellas. Basta imaginar el porqué para, cuando menos, intuir por donden van los tiros del peccata mundi. La historia de estas tres niñas, sin duda, nos conmueve. Pero, en realidad, no nos importan. No sea que le perdamos la pista a los coletazos del vídeo de Shakira.

oficio y fidelidad

enero 14, 2023 § Deja un comentario

Se nos dijo: no pases de largo ante quien no tiene el pan de cada día. De acuerdo. Pero ¿qué sucede? Que somos cuerpo. Y lo que esto significa es que en la frontera también terminamos pasando de largo, haciendo de la entrega un oficio. Ningún cuerpo soporta el delirio del alma. Sin embargo, el oficio no supone necesariamente una traición —un rechinar de dientes—. También puede presentarse como fidelidad. Pues, al fin y al cabo, la fidelidad se realiza en las formas. Y ello en nombre de lo que nos fue dado en su momento. Esto es, en nombre de la gracia. Resulta ingenuo suponer que nuestro corazón bomberará la sangre siempre con la misma fuerza. No es casual que la shemà comience con aquello de recuerda Israel.

¿por qué una revelación?

enero 10, 2023 § Deja un comentario

El budismo habla de iluminación mientras que el cristianismo, de revelación. ¿Hablan de lo mismo? No exactamente. Pues aunque en ambos se trate de un caer en la cuenta, la revelación apunta a lo inadmisible desde una óptica meramente humana, a saber, que no haya otro Dios que el crucificado. Y aquí vale lo que decía Richard Feynman con respecto a la mecánica cuántica: que si la entendemos es que aún no la hemos entendido. Así, podemos aceptar que el ego sea una ficción —que no hay otro horizonte que la vacuidad—, pero difícilmente lo que confiesa un cristiano al pie de la cruz. Pues lo primero nos impulsa a prácticar la ascesis de sí con el objetivo de alcanzar la plenitud. En cambio, el envés de la confesión cristiana es un tener que responder a la demanda, en el doble sentido de la palabra, que se desprende de un perdón inmerecido (y nadie, por lo común, prefiere responder). La bondad que emana el monje budista es una bondad, me atrevería a decir, que nace de dentro (y tras una conveniente purificación). Sin embargo, la bondad de la que somos capaces, según el cristianismo, es el efecto de una iniciativa exterior. A pesar del aire de familia, no parece que las coordenadas sean idénticas.

tercera

enero 9, 2023 § 1 comentario

del asombro y la sospecha

enero 9, 2023 § 1 comentario

Que haya fuego. Que haya lluvia. Que crezca la hierba. El imperativo de Dios es el envés de nuestro asombro. Y lo es, no porque Dios proceda a la manera de un demiurgo, sino porque la nada —el retroceso de Dios hasta devenir el aún-nadie— es el fondo inescrutable de cuanto es (y por eso mismo podemos hablar de creación). Como nos recuerda el poeta, la rosa es sin porqué. Toda presencia es un acontecimiento para quien conserva una capacidad para el asombro, en definitiva, lo mejor de su infancia.

Así, en modo alguno será casual que, donde la sospecha sustituye al asombro como actitud fundamental —y esto es lo que significa el advenimiento de la Modernidad—, difícilmente podremos comprender nuestra existencia como la de aquellos que se encuentran expuestos a una genuina trascendencia. Y esto probablemente sea un error. Aun cuando suponga a la vez una cierta liberación. Pues el asombro va, inevitablemente, con unas cuantas dosis de temor.

nadie es profeta en su tierra

enero 4, 2023 § Deja un comentario

Franz Jäggestäter —el austriaco que fue condenado a muerte porque, con motivo de su fe, se negó a prestar juramento al Fürher— probablemente fuese, como campesino que era, un hombre rudo. Sin embargo, en la película de Terrence Malick, Una vida oculta, no da esta impresión. Más bien, la contraria. Pero, de haber tratado con él, fácilmente hubiéramos creído que su fidelidad responde más a un carácter tozudo que a su fe. De hecho, sus amigos y familiares no acabaron de entender su empecinamiento. Al menos, en la película de Malick. Ciertamente, todo es mezcla —y más si hablamos de los asuntos del alma—. Como también es cierto que, de cerca, antes percibimos la deformidad de nuestros semejantes —el polvo bajo la alfombra— que su brillo. Pero nadie dijo que fuéramos puros —que el alma pudiera prescindir del cuerpo (y es sabido que el cuerpo siempre acumula suciedad)—. El heroísmo de Franz es debido a que permaneció fiel a pesar de su obcecación (y no —o no solo— porque fuese un obcecado). Y es que los rasgos del carácter no bastan para hacer frente a los heraldos de Ha-Satán. En vez del no es más que tozudez, un es más– De ahí la necesidad del poeta —y Malick, sin duda, lo es—. Cuando menos, porque únicamente el poeta es capaz de ver la belleza que sobrevive a la podredumbre. Quizá los antiguos no andaran tan equivocados al creer que, al fin y al cabo, somos lo que encarnamos de lo alto. Aunque sea cojeando.

de lo bajo y lo alto

diciembre 31, 2022 § Deja un comentario

Cuado todo a tu alrededor es bajo —maloliente, vulgar…— es fácil constatar que hay lo elevado o divino. Y más si lo elevado posee una traducción política: los príncipes van a caballo, a las princesas no se le caen los dientes… Sin embargo, una vez se impuso la igualdad por defecto es fácil creer que la elevación es cuestión de suerte o, si se prefiere, de perspectiva. Así, no es que uno sea simple o noble, sino que simplemente nació en la orilla equivocada. Además siempre cabe la posibilidad de hacer una revolución para invertir el orden. Será verdad que la cristiandad murió de éxito. Como quien prescinde de la escalera que hizo posible el ascenso.

in extremis

diciembre 30, 2022 § 2 comentarios

Al final, en la oscuridad, cualquier voz es un milagro, una aparición. ¿Es? ¿O más bien esta es nuestra impresión? Puede que estemos ante una falsa cuestión. Pues en verdad es lo que aparece de la nada —cuanto la niega.

a ciegas

diciembre 29, 2022 § Deja un comentario

La imagen de ciegos palpando un elefante —y aquí el elefante es un símil de Dios o, si se prefiere, de lo divino— nos permite entender rápidamente la aparente heterogeneidad, por no decir inconmensurabilidad, de las religiones. Sin embargo, el hallazgo bíblico es que, con respecto a Dios, no hay nada que palpar —nada qué experimentar—, salvo el cuerpo del apestado de Dios con el que Dios se identifica. Y quizá por eso mismo no se trate, estrictamente, de una religión. Al menos, porque el hombre nada puede hacer para acercarse a Dios. —y menos si lo que lo impulsa es participar del fuego de la divinidad. En este sentido, y teniendo en cuenta lo que decíamos antes sobre el apestado de Dios, lo más honesto sería reconocer que Dios en realidad nos repugna. Pues nadie en su sano juicio desea palpar a quien huele mal.

Yavhé ante Caín

diciembre 23, 2022 § 1 comentario

Si Dios no nos interpela —o mejor dicho, si nunca nos saca del quicio del hogar—, entonces no nos hallamos ante Dios, sino ante un Dios a medida de nuestra necesidad de amparo o sentido. Esto es, ante un ídolo. Aunque, por lo común, lo vistamos con la tela del amor. Ahora bien, Dios nos interpela con el clamor de los Abel de la historia. Pues no tiene otro rostro que el de un crucificado en su nombre. Y esto es lo que no estamos dispuestos a admitir.

el espíritu de Israel

diciembre 22, 2022 § Deja un comentario

Suele decirse que Israel carece de espiritualidad. Que su espiritualidad es, más bien, seca. O que su centro de gravedad es el imperativo moral y no el contacto con lo divino. Y algo de esto hay: entre los santos de Israel, no hay muchos que floten. Como es sabido, la espiritualidad judía se centra en la Ley. Pues en el tiempo diario no hay otra conexión con la trascendencia de Dios. De ahí que la pregunta sea cómo Israel vive la Ley —o cree que debe vivirla. Ciertamente, no como nosotros la viviríamos, de tan desbordados que estamos de sentimiento. Esto es, como si el corazón y la Ley fuesen antagónicos.

Sin embargo, no es así. Para Israel, la Ley se desprende de la experiencia de un Dios cuya presencia es la de su hallarse en falta. La vida nos ha sido dada desde el retroceso de Dios hacia su porvenir. Y de ahí que estemos obligados a preseverla frente a nuestra impiedad. Por eso mismo, la Ley también se ocupa de marcar el día a día con los signos de dicha experiencia: recuerda Israel… En Israel, espiritualidad y memoria van de la mano. Al fin y al cabo, cuando se disuelva el entusiasmo inicial, cuando se nos seque el corazón —y tarde o temprano se nos seca—, tan solo nos quedarán las formas. La fidelidad es un asunto, en definitiva, formal. De ahí, la importancia de la memoria. Y es que, de olvidar, la práctica de la Ley se convierte en mero legalismo.

Así, hagamos lo que hay que hacer en nombre de Dios… y luego Dios dirá. Incluso con respecto a la fe qua sentimiento estamos en manos de Dios. La espiritualidad judía es la espiritualidad de los tiempos del hombre, del mientras tanto. Creo que hay más lucidez —más seriedad— en la espiritualidad de Israel que en aquellas que dan casi por descontado que es posible, si seguimos las pautas del recetario espiritual, permanecer conectados a lo trascendente. En este sentido, la alegría de Israel no arraiga en la iluminación, sino en la esperanza que nace de un haber sido testigos del acontecimiento de la bondad en medio del infierno. Sin embargo, que se trate de un alegría con puntos suspensivos no le quita intensidad. Más bien, indica que su acento no reside en el corazón del hombre, sino en el de Dios. Y quien dice Dios, dice aquellos con los que Dios se identifica.

fe y psicología

diciembre 19, 2022 § Deja un comentario

Con el rotulador grueso, me atrevería a decir que hay dos sensibilidades religiosas. Por un lado, aquella que está convencida de que tarde o temprano deberíamos tomar conciencia de que formamos parte de aguas que nos cubren, por decirlo a la Merton. Por otro, aquella cuyo punto de partida es la conciencia del desarraigo. Desde la primera, se trata, en definitiva, de sintonizar de nuevo con la buena vibración, por así decirlo (y esto es griego u oriental). Desde la segunda, de esperar un reset de dimensiones cósmicas. Pues hay algo roto en el mundo que no cabe reparar a través de nuestro esfuerzo religioso o moral. Esta es, grosso modo, la sensibilidad bíblica. ¿Estamos ante diferencias, en el fondo, psicológicas? Quizá, si solo tuviéramos en cuenta a quienes viven más o menos satisfactoriamente. No, si nos situamos en la perspectiva de los abandonados de Dios. Y es que, en su caso, el desarraigo es físico antes que mental. De ahí que no sea anecdótico que, bíblicamente, la redención sea un asunto corporal. Y corporal hasta el punto de que un Dios que no sea capaz de sangrar devenga irrelevante.

rupturas epistemológicas

diciembre 18, 2022 § Deja un comentario

La experiencia del chamán y la del sujeto moderno tras ingerir peyote son inconmensurables. Al menos, porque el primero da por descontado que hay un más allá, mientras que el segundo, tan solo territorios por decubrir —y territorios que en modo alguno serán normativamente superiores. Así, el chamán entenderá que el peyote le permite cruzar la puerta que lo separa del mundo de los demonios, mientras que el segundo no dudará de que eso que ve solo se encuentra en su mente, aun cuando lo viva como real. Sin embargo, este último no se encuentra más cerca de la verdad. Y esto es lo que significa inconmensurabilidad. Con todo, lo cierto es que para el sujeto moderno un mundo de demonios, de haberlo, no será más que un mundo de demonios. Y aquí sí que podríamos decir que está más cerca de la verdad. Pues que al chamán le parezca que ese mundo es superior solo tiene que ver con que, precisamente, se lo parece. La superioridad de un mundo superior es meramente circuntancial. De hecho, este fue, antes que moderno, un hallazgo bíblico. Pues la genuina superioridad —lo que nos supera por entero— no es, según la Biblia, el ente superior —el dios, con minúscula—, sino que Dios en verdad se revele como un Dios aún por-venir y, por eso mismo, en falta.

de amos y esclavos

diciembre 17, 2022 § Deja un comentario

Hay amos y hay esclavos. El cristianismo, dice: hay que optar por el esclavo (y para eso, debemos convertirnos en esclavos de los esclavos, lavarles los pies). Sin embargo, Hegel escribirá sobre la sorprendente dialéctica —o quizá no tan sorprendente— que se establece entre el amo y el esclavo. Pues uno, al final, depende de aquel que tiene sometido a su voluntad. Aquí Nietzsche conectaría, de algún modo, con Hegel: no hay caridad que no se sostenga sobre una oscura perversión. Ahora bien, la conexión con la dogmática cristiana acaso sea más intensa. Al menos, porque el Dios cristiano es aquel que quiso depender del hombre que depende de Dios.

in-vocatio

diciembre 14, 2022 § Deja un comentario

¿Es posible elegir lo que amar o, si se prefiere, perseguir? La pregunta no es meramente especulativa. Al menos, porque uno es, en gran medida, lo que ama o persigue (y que, a diferencia de cuanto deseamos, no cabe poseer). Podríamos comenzar con el argumento. Sin embargo, la respuesta solo puede ser narrada. El argumento, en cualquier caso, solo alcanza a legitimar lo que se decide en otro territorio. Y es que las razones ignoran los cuerpos (y de lo aquí que se trata es de incorporar). ¿Elegir, por tanto, como quien se decanta por una marca de whiskey? No, ciertamente. Pero sí como quien permanece fiel a lo que, de algún modo, le ha sido dado. De hecho, la fidelidad comienza cuando reconoces que lo dado te ha sido, precisamente, dado. Al fin y al cabo, una vocación es una respuesta —que no una reacción. No hay vocación que no responda a una invocación. De ahí, el había una vez

ropa interior

diciembre 13, 2022 § Deja un comentario

Ya sabemos lo que nos diferencia del simio: la máscara, el tener que ocultar lo que nos avergüenza de nosotros mismos, el motivo del asco. Sin embargo, quizá ahí resida la raíz de la ambivalencia. Pues lo que quisimos perder de vista y que, sin embargo, sigue ahí será lo que terminará por inspirar nuestro deseo más intenso. Como si tras el deseo se escondiera el imperativo que da pie al futuro: no debe ser lo que sé que es. Podríamos decir que algo parecido sucede con Dios: que tuvimos que desplazarlo a un más allá inaccessible —algo así como un hacernos los sordos— para que dejáramos de temerlo. Y de ahí a la fantasía de un dios-osito media un paso.

los sentidos del deber

diciembre 11, 2022 § Deja un comentario

El espacio de lo normativo es amplio. Por un lado, debemos respetar las reglas de juego. Por otro, debemos respetar al otro, tratarlo como a un igual. Pero no solo, también debemos aceptar lo que en del otro hay de intangible. Así, vamos del juego a la aspiración, del deber estricto al deberías. El problema surge cuando hacemos de la aspiración, por muy irrenunciable que sea, una norma. Pues que estemos en medio —entre la bestia y el dios— significa que lo mejor no admite regulación. En cualquier caso y en lo relativo a la aspiración, la condena tendría que ser universal.

dos por uno

diciembre 10, 2022 § Deja un comentario

No hay gesto que sea químicamente puro. Las caricias de los amantes son un juego preliminar. Pero también se bastan a sí mismas. Por eso hay un tiempo para cada cosa y una cosa para cada tiempo. Si los preliminares se prolongasen en exceso, dejarían de ser preliminares. La cosa pasaría a ser anómala. La cuestión es quién decide los tiempos. Pues acaso el poder consista en gran medida en un dominio sobre la duración. Sin embargo, en el juego de la relaciónes nuestra libertad depende de que no sepamos quién es ese quién —que nos trascienda a la manera de un espectro. Esto es, que las cosas sucedan conforme a una lógica impersonal. El resto es perversión. De ahí que podamos entender la perversión como el envés de una voluntad de dominio. Y de ahí también que el perverso siempre esté solo.

cuestión de distancia

diciembre 9, 2022 § 2 comentarios

¿Puede un ser superior amar a uno inferior? No sin degradarse —sin ponerse a su altura, sin humillación. Pues amar es entregarse —y entregarse hasta la negación de sí. No hablamos por tanto del disfrute. De hecho, uno siempre disfruta solo, aunque sea a dos bandas. Ahora bien, si esto es así, ¿acaso el ateísmo moderno no sería un hijo bastardo de la cristiandad? Sin embargo, es posible que aún no hayamos comprendido del todo qué implica con respecto a la naturaleza de Dios confesar que no hay otro Dios que el encarnado. Pero este es otro asunto.

imposturas

diciembre 8, 2022 § Deja un comentario

Andamos de espaldas a lo real. Este es nuestro principio —que no el principio. Y no hace falta ir muy lejos para darse cuenta. Basta lo prosaico. Por ejemplo, tomamos jamón. No devoramos el cerdo… aun cuando sea esto, precisamente, lo que hacemos. Si lo devorásemos a lo bestia, ¿podríamos soportarnos? La caída —que vivamos de trampantojos— ¿acaso no será el origen de la posibilidad del asombro? Nuestra humanización ¿no es el envés de la ilusión —del haber dejado atrás el milagro… aunque por eso mismo se revele como tal? Sin embargo, no hay aquí inocencia. Nuestra dureza —nuestra impiedad— hunde una de sus raíces en el hecho de que humanamente no podemos evitar tomarnos las sombras en serio . Pues no es cierto que el extranjero sea una rata. Aunque a veces nos lo parezca. No es casual que, para Israel, el asombro vaya de la mano de la indignación. Al menos, porque no solo nos descoloca la desmesura de lo real, sino también, y quizá sobre todo, que haya quienes, por haber nacido en la orilla equivocada, lleven una vida desgraciada.

despistados

diciembre 7, 2022 § Deja un comentario

Las primeras veces, por lo común, son decepcionantes. Pues su única medida es el deseo, en modo alguno lo que acontece, esto es, el milagro o la excepción. Y ya sabemos que el deseo tiene una mirada de corto alcance. Aunque su promesa apunte a la eternidad. Difícilmente, caemos en la cuenta de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Y cuando sucede, tampoco podemos permanecer ahí, en la boca de la caverna. Es lo que tiene vivir de espaldas. O haber caído. De ahí la necesidad de un religare. Sin embargo, lo que ignora el homo religiosus es que, desde nuestro lado, no hay religare que valga. Por mucho que a veces sienta lo contrario.

a la inversa

diciembre 6, 2022 § Deja un comentario

Se dijo que si Dios no existe, todo está permitido. Sin embargo, ¿no sería más bien que precisamente porque Dios no existe —o si se prefiere, porque el haber de Dios no es el los entes—, no todo está permitido? Es como sucede con los hermanos que se quedaron huérfanos: que se deben uno al otro. De hecho, el que Dios aún andara por por ahí no impidió que Caín levantara la mano contra Abel. Más aún, si Caín se atrevió a derramar la sangre de Abel fue porque no pudo soportar las preferencias de Dios.

ancianos

diciembre 5, 2022 § 1 comentario

La vejez es muy jodida. El cuerpo no nos sigue —y a menudo nos da la impresión de que ya no quiere seguir. Más aún: comienzas a saber qué significa estar solo. Sobre todo hoy en día. A un viejo fácilmente se le aparca. La vida, sencillamente, sigue sin ti. Te has convertido en un sobrante. Con todo, solo quizá entonces comiences a caer en la cuenta de lo que supone estar expuesto a lo que nos supera. Y de paso, qué hay detrás de los gestos de piedad. Comenzando por el arrodillarse. Aunque no sepas a ciencia cierta ante qué o quién. A veces pienso que no es posible, salvo excepciones, ser joven y cristiano.

atados a sombras

diciembre 4, 2022 § Deja un comentario

La metáfora platónica es muy potente: resulta muy difícil aceptar la realidad. O mejor dicho, vivir conforme a ella. Y no solo porque la ilusión sea más consoladora, sino porque no podemos aceptar el precipitado de la reflexión. Hay una enorme distancia entre el saber, aunque se trate de un saber paradójico, y las apariencias. Como también la hay entre el alma y el cuerpo. En la mayoría de las ocasiones, el gen prevalece. Así, pongamos por caso, aun cuando sepamos que la tierra gira alrededor del Sol, seguimos instalados en la sensación de que es el Sol el que se mueve. O por poner otro ejemplo, aunque hayamos comprendido que Dios no es un fantasma bueno, pues no tiene otra entidad que la de un cuerpo que cuelga de una cruz, inevitablemente el creyente seguirá dirigiéndose a Él como si lo fuera. Ahora bien, si se trata de salvar las apariencias como decía Aristóteles, entonces deberíamos admitir que no hay otro modo de incorporar la verdad que falsificándola. El problema es que creamos demasiado en la falsificación, esto es, que nos la tomemos como lo que es en verdad. En ese caso, no solo está en juego la verdad, sino quiénes somos. Pues donde confundimos lo que nos parece que es con lo que es, seguimos en el centro. Y no somos el centro. De ahí que Sócrates se viera empujado a la ironía, acaso el único modo de permanecer entre las dos aguas del acontecimiento de lo real. Es imposible que, en el día a día, sintamos el movimiento de la tierra. Pero nadie nos impide añadir el eppur si muove a modo de nota al pie. Y a veces basta con una sonrisa. O un silencio elocuente.

invisibles

diciembre 2, 2022 § Deja un comentario

¿En qué nos convertiríamos si fuésemos invisibles —si nos pusiéramos el anillo de Giges? La invisibilidad es, como cabe suponer, la metáfora de un poder sin restricciones: nadie te ve, nadie te juzga (y por eso mismo, nadie te condena). Trasímaco lo tuvo claro, frente a Sócrates: de lograr la invisibilidad dejaríamos de temer y, en consecuencia, nada podría impedir que realizásemos nuestras peores fantasías. Pues la raíz de nuestra buena conducta —sostiene Trasímaco— es el temor. Aquí la cuestión es si es posible amar el bien por el bien mismo, esto es, buscarlo. Sócrates estuvo convencido de ello. Ya que, de hecho, somos esta búsqueda —esta inquietud. Y es que, aunque el poder absoluto nos libere del temor, el precio a pagar es, de hecho, la pérdida de la alteridad y, consecuentemente, el quedar reducidos a mero organismo. En el horizonte, poco más que apetencias. Nada qué desear ni, por descontado, querer. El hallazgo socrático consiste en caer en la cuenta de que hay más libertad en quien aspira al bien que al poder. Quisimos el poder de un dios. Sin embargo, ignorábamos que un dios omnipotente, y a causa precisamente de su omnipotencia, no es nadie. Pues donde no hay otro que valga no hay conciencia —no hay yo. El tirano, como viera Platón, está solo (y solo como títere de sus impulsos). Quizá no sea casual que los antiguos egipcios imaginaran a sus dioses como bestias. En cualquier caso, una cosa es que, en el fondo, no busquemos otra cosa que el bien y otra es que sepamos hacia donde apuntar. Pero Sócrates no dijo lo contrario.

iluminados

diciembre 1, 2022 § Deja un comentario

¿Qué es un iluminado? Alguien que se fuerza a permanecer en lo que, de hecho, es excepcional —en el milagro. Por ejemplo, es cierto que cabe encontrarse, en el sentido fuerte de la expresión, con el otro y no solo reaccionar a su presentación. Pero al igual que el momento del encuentro —aquel en el que nos hallamos fuera del mundo, por decirlo a la manera de Rimbaud— no puede incorporarse en el día a día. Durante el tiempo diario prevalece el (con)trato, la profanación, la lógica del do ut des… lo cual no tiene por qué ser desagradable. El iluminado pretende, ilusamente, hacer de la excepción algo habitual. De ahí que viva de eslóganes, esto es, que necesite decirse continuamente, por seguir con nuestro ejemplo, que todo es encuentro con el otro. No obstante, aunque sea verdad que el milagro puede fecundar el presente, lo sensato es aceptar que, como tal, no cabe vivirlo a diario —que no cabe poseer lo que nos ha sido dado como excepción (y por eso mismo, como si fuera el signo de otro mundo o de un porvenir absoluto). Frente al eslogan del iluminado —frente a sus ilusiones—, la lucidez bíblica propone la estrategia de la memoria. En este sentido, Ley y memorial van a la par: recuerda lo que tuvo lugar y no simplemente pasó. El rito es, por consiguiente, necesario… si de lo que se trata es de saber de qué va esto del vivir. Pues, y dado que vivimos en el tiempo, todo puede ser devorado por nuestro pasar de largo. El eslogan no basta. Ni, por supuesto, el mero sentimiento. Suponer lo contrario, más que una ingenuidad, es un error.

quién lo sabe

noviembre 30, 2022 § Deja un comentario

La crítica —la ciencia, la religión, el Estado, el piscoanálisis…— presuponen un sujeto del saber. Y ese sujeto, por lo común, viene de fuera (o mejor dicho, de encima). Nadie, desde sí mismo, puede dar la medida de sí mismo. La cuestión es quién la dará. Las chicas del colegio mayor decían que era un juego. Montero and Co. replicaron que lo decían porque estaban alienadas. Los verdugos no sabían lo que hacían (y por eso, en el Gólgota se invocó su perdón). Es también el juego que practica el científico: te equivocas cuando crees que la tierra es plana, aunque no puedas evitar que te lo parezca. Ciertamente, con respecto a lo natural, la distinción entre lo que nos parece que es y lo que es puede llegar a puerto (y aquí el científico tiene las de ganar). Pero en los asuntos demasiado humanos no hay hechos a los que podamos apelar. Pues aquí cualquier hecho discutible viene cargado de lectura, de juicio de valor. El resultado: el guirigay, la cháchara. Acaso la última palabra la tenga el Estado. Pero no porque tenga razón, sino porque tiene armas. Quizá aquello de que solo Dios sabe, teniendo en cuenta que a Dios nadie lo ha visto, funcione como correctivo. O también, si se prefiere, la ironía socrática. ¿Acaso las chicas a las que Montero demonizó no sabían lo que hacían cuando quisieron jugar a lo bestia? ¿Los niños yerran cuando juegan a pistoleros? Es posible que no haya juego inocente. Pero ¿qué —o quién— lo es? ¿No es mejor ir al fútbol que liarse a navajazos? La moral —en nuestro caso, el moralismo— ¿entendió alguna vez la naturaleza del juego?

parafraseando a Merleau-Ponty

noviembre 29, 2022 § Deja un comentario

No terminamos de estar en el mundo. Pero jamás, nos hallamos fuera del mundo. El cuerpo —su motivo— es un arraigo. Pero donde solo hay raíces, no hay árbol. Aunque también es cierto que unas flores sin raíz son simplemente un ramo de flores. Entre una cosa y otra andamos. En cualquier caso, modernamente ya no cabe ser un árbol. Traducción: ya no nos es posible elevarnos desde la raíz. Pues que Dios haya muerto significa, entre otras cosas, que el éxtasis —no solo religioso, sino también el que experimentan los amantes cuando cruzan sus miradas— difícilmente podrá ser integrado en un día a día que solo admite el (con)trato. Quizá siempre fue así. Pero no en la misma medida.

preexistencia

noviembre 25, 2022 § Deja un comentario

Si antes de ser arrojados al mundo hubiéramos habitado como almas puras el mundo real —donde no hay más que un simple haber—, la encarnación habría sido una liberación. Pues el simple haber no es nada. Nada, salvo la oscuridad y el silencio. Una abstracción —una idea (y aquí hay que tener en cuenta que la absoluto es abstracto). Por suerte, no hay haber que no sea un haber de las cosas. Sin embargo, el precio de la libertad es el dolor. De ahí que sigamos siendo unos idiotas —literalmente— donde aspiramos a una vida sin dolor, sin aristas o taras (aun cuando, sin duda, sea legítimo intentar limitar el sufrimiento). Como vieron los griegos, todo es cuestión de proporción.

eclesiastés: una variación

noviembre 23, 2022 § Deja un comentario

Hay un tiempo para buscar y un tiempo de perder lo encontrado. Ergo, el hombre no es dueño de su tiempo. Esto es, de sí mismo. Aunque crea lo contrario.

intolerantes

noviembre 22, 2022 § Deja un comentario

Un cristiano es un intolerante —aunque en este campo no entren solo los cristianos. Pues lo que no tolera es que haya quien pase hambre. O que, de la mano de su hijo, termine muerto en nuestra playas tras cruzar el Mediterráneo en patera. O que haya quienes duerman en la calle porque no cuentan para nadie. Los motivos de su intolerancia son siempre personales, en modo alguno ideológicos. De hecho, con respecto a las ideas suele más bien hablar poco (si es que le da por hablar). Y acaso el problema de este mundo sea que tragamos con estos sapos con demasiada facilidad. Como si se tratara simplemente de un contexto.

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