castigo ejemplar

febrero 24, 2021 § Deja un comentario

Hay un leitmotiv que recorre las antiguas doctrinas sobre los orígenes: el dolor de la existencia se corresponde con un haber sido separados de la fuente. La separación —así como la posibilidad de una restauración— es la raíz del sentimiento religioso. De ahí que una buena hermenéutica de las diferentes tradiciones no pase tanto por reconocer qué de común cabe encontrar en ellas como por destacar su singularidad. Pues aquí lo singular es algo más que un accidente. En lo singular de un texto —en su giro— reside la significación. Con respecto a las diferentes sensibilidades religiosas, lo común sería lo trivial, lo que cualquiera llega a constatar desde la distancia teórica (aunque unas buenas dosis de trivialidad ayuden, sin duda, a evitar unas cuantas guerras de religión). En este sentido, el relato bíblico de la caída no es uno modo de expresar entre otros que nos hallamos separados del fundamento. Aquí lo esencial reside en afirmar que la enajenación es el resultado de la negación de Dios por parte de Adán, la cual afecta, y de manera fundamental, a la identidad de Dios (y no solo a la del hombre). Aquello de lo que fuimos separados no es un qué, sino un quién —y un quién que, tras la caída, quedó herido de muerte. Por eso, en la tradición bíblica, Dios se revela como el Dios que va en busca de su quién —como el Dios que se hace presente como el clamar de Dios por el hombre. De ello se desprende que nuestra existencia va ligada a una interpelación insoslayable, a un estar sub iudice ante el excluido (aun cuando, por lo común, vivamos haciéndonos los sordos). Como también se desprende que la reparación del vínculo originario no es una posibilidad del hombre, sino la promesa de Dios. Y no es lo mismo creer en lo primero que en lo segundo.

asombro y catástrofe

febrero 23, 2021 § 1 comentario

El asombro no basta para instalarnos en la posición bíblica —a lo sumo en una oriental. Pero tampoco solo con la catástrofe, a pesar de su poder revelador. Pues de quedarnos únicamente con el derrumbe de los cielos, lo más sensato es el nihilismo. La posición bíblica es la de Job: entre lo uno y lo otro. O dicho de otro modo, todo está por decidir. Y de ahí el a Dios rogando y con el mazo dando. Aunque aquí el mazo sea un gesto de bondad.

Marvel y el nihilismo

febrero 22, 2021 § 1 comentario

Es sabido que la palabra apocalipsis significa tanto revelación como catástrofe. Como si la misma palabra nos diera a entender que, donde seguimos confiando en nuestras posibilidades, aunque esten respaldadas por la creencia religiosa, no puede haber Dios. Pues bien, supongamos que se acerca el día D, la hora del juicio final. Los desastres —literalmente, el derrumbe de las estrellas— se suceden uno tras otro. Como una versión cósmica de las siete plagas de Egipto. ¿Veríamos a los héroes de Marvel, una vez más, intentar salvar el mundo? Sin duda, Disney podría montar una historia donde el capitan América y sus compañeros se enfrentasen… a los ángeles de Dios. Y ya podemos imaginar de qué parte estaría el público. Quienes pertenecemos al mundo difícilmente podemos admitir el juicio de Dios. Solo, acaso, los sobrantes. Para los benestants, Dios es, sencillamente, el malo de la película. Tiene que serlo. Pues está del lado de los que ignoramos, si no despreciamos. En cambio, el fin del mundo es, para los desgraciados —para los que ya no pueden más— un motivo de esperanza. Que todo termine ya (y si es posible que haya un nuevo comienzo). Evidentemente, no es lo que esperamos aquellos que podemos pasar el fin de semana en una segunda residencia, por decirlo así. Más bien, que las cosas sigan como hasta ahora —que la fiesta continue. Hay más nihilismo en las fantasías de Marvel que en Demonios de Dostoyevski. Pues el nihilismo es más profundo en aquel que, atiborrado de satisfacción, no desea nada nuevo bajo el Sol.

participio

febrero 21, 2021 § 2 comentarios

Nuestra época —es un tópico decirlo— es la de la muerte de Dios como también la de la metafísica. Ambas muertes representan, de hecho, las dos caras de una misma moneda. Y quien dice muerte, dice irrelevancia. Es lo que tiene haber puesto en el centro al yo —o lo que viene a ser lo mismo, a la autorreflexión— como principio y fundamento de cualquier posible verdad. Lejos estamos, pues, de lo que para los antiguos griegos era indiscutible, a saber, que no hay conocimiento que no suponga un participar de lo que nos supera. Aquí la primacía corresponde al exceso. O también, al sentimiento de formar parte. En este sentido, no es casual que el punto de partida del saber sea, en los tiempos modernos, la sospecha y no el asombro. De ahí que el único modo de recuperar, por decirlo así, la posición clásica—y de paso, la del creyente— sea a través de la catástrofe. Pues únicamente donde se derrumban los cielos llegamos a descentrarnos, a comprender, en definitiva, que estar en el mundo significa existir como arrancados. Esto es, que el mundo no es un hogar.

cambio climático

febrero 20, 2021 § Deja un comentario

Platón impuso a Sócrates como nuevo ideal frente a Aquiles, el sin miedo. Al menos, sobre el papel, pues esto es lo que Platón dice, expresamente, en la Apología de Sócrates. El verdadero héroe —quien posee la fuerza— no es el que derrota con valor al enemigo, sino el que se enfrenta a sí mismo. El dominio avant la lettre deviene un dominio de sí. Podríamos decir que el carácter como fuerza interior, al menos en Occidente, comienza con Platón. Posteriormente, la figura de Jesús de Nazaret añade la entrega a los demás, y en particular a los más pobres. Así, la solidaridad —incluso más allá de la justicia— deviene un valor por defecto. Los evangelios podrían considerarse como una particular apología de Jesús. El sujeto occidental nace del cruce de estas dos apologías, las cuales, no deberíamos olvidarlo, defienden a dos condenados a muerte. Pues que fueran ajusticiados por el pueblo significa que el ideal que encarnan se afirma, de algún modo, contranatura. Aquiles —en general, el triunfador— es admirado espontáneamente. Aquiles no requiere de ninguna defensa. Basta con exponer sus gestas. No es casual que Nietzsche viera en ambas figuras la raíz del desprecio del mundo que atraviesa la historia de Occidente.

Sin embargo, hoy en día, es como si hubiéramos vuelto a los tiempos de la barbarie. Sócrates o Jesús apenas despiertan algún interés. En las escuelas, ya no se les presenta como ejemplos a imitar o, mejor dicho, como figuras que nos sacan del quicio del hogar. Quien tiene el megáfono son los chicos de Instagram. La idiotez crece entre los jóvenes. Y así no hay otro horizonte que el una existencia dividida entre el trabajo, a ser posible bien remunerado, y la distracción. Eso sí, para compensar, unos ejercicios de mindfulness. De hecho, esto fue siempre así para la mayoría. Panem et circenses que decía el César. Pero lo que distingue una época de otra no es lo normal, en el sentido estadístico de la palabra, sino quién lleva la voz cantante. Y actualmente es obvio que no la llevan los maestros. Homero, actualmente, sería un guionista de Marvel (mientras que un cristiano está cada vez más cerca de convertirse en un friki). Una civilización es un clima. Y nadie negará, salvo los negacionistas, que nuestra época es la del cambio climático.

esas oraciones

febrero 18, 2021 § Deja un comentario

El creyente habla con Dios en la intimidad, aunque su oración sea, por lo común, en silencio. En principio, nada qué decir. Pero ¿y si se dirigiese a Dios en voz alta? ¿Acaso no comenzaríamos a sospechar? ¿Deberíamos hacerlo? Pues en principio, no parece que haya diferencia entre invocar a Dios en silencio y hacerlo a viva voz… si es que efectivamente tras el muro hay alguien dispuesto a escucharnos (y más si se trata de un Dios que no le hace ascos al cuerpo). ¿Acaso Elías no se atrevió a gritarle a Yavhé ante los sacerdotes de Baal? Sin embargo, ¿no tuvo que enmudecer cuando cayó en la cuenta de que Dios no estaba en el fuego devastador, ni en el temblor de la tierra? ¿Es posible que la intimidad surgiese como el hueco que deja un Dios que se revela como el susurro que cubre por igual los campos de amapolas y los de exterminio?

confío

febrero 17, 2021 § 3 comentarios

Fe es confianza, antes que supuesto. Pero ¿confiar en qué o en quién? ¿En la ayuda de Dios? Sin duda, esta es la confianza más espontánea: que al final todo termine bien. No obstante, viendo como Dios trata a sus elegidos, ¿acaso no estamos hablando de una esperanza sin expectativa —de un final sine die—? Como sabemos, el cristiano cree en la resurrección de los muertos, una especie de día D de dimensiones cósmicas. Al menos, sobre el papel. Pero ¿acaso entre los relatos del resucitado y los finales ex machina de las tragedias griegas no hay un aire de familia? ¿No estaremos hablando de un happy end a la Hollywood, de esos finales que resultan tan consoladores porque, al meternos en la película, entramos en un estado de suspensión de credibilidad? Únicamente hace falta que entendamos la fe en la resurrección como la fantasía de unos iluminados —o como si fuera una variante de las resurrecciones de algunos dioses paganos— para que el cristianismo se convierta en una brutal ironía. Pues decir que la solución pasa por que los muertos resuciten está muy cerca de decir que no hay solución. No debería extrañarnos que muchos, hoy en día, prefieran las cartas astrales o las dietas milagrosas. Y es que puestos a elegir entre resucitados y un cierto saber es obvio que elegiremos lo segundo. Aunque lo que subyazca sea el mismo clamor, la misma desesperación de siempre.

Matrix vs Origen

febrero 16, 2021 § 1 comentario

Hay dos maneras de entender esto de la reflexión. En Matrix, los hombres viven en un sueño, pero hay una realidad fuera de las apariencias. Matrix encajaría en el esquema de la perspectiva científica o religiosa: la realidad es otro mundo. Sin embargo, en Origen, la sospecha es radical: si cabe la posibilidad de estar en un mundo virtual, entonces no hay modo de dar en el clavo de lo real. La sospecha es indisoluble. Esta sería, como sabemos, la posición del espepticismo. Frente a ambas, el Platón de El sofista. Pues, a pesar las lecturas de manual que se hace del platonismo, para el último Platón lo real en modo alguno cabe pensarlo como mundo. Ni siquiera como esencia. Hay realidad. Pero es inconcebible. Si comenzáramos por aquí, quizá seríamos de otro modo. Pues el envés de la extrañeza de lo real es una vida extrañada, una vida para la cual la existencia deviene un motivo de asombro, por no decir perplejidad. Así, la cuestión del socrática de cómo vivir debería entenderse como la que plantea cómo regresar a un mundo en donde hay que hacer los deberes o bajar la basura a diario. Y aquí Epicteto dijo lo que acaso Sócrates no llegó a decir, a saber, que hay que tomarse la vida que nos ha tocado en suerte —y para ello hay que tener, sin duda, un mínimo de suerte— como un actor se toma en serio su papel. Es lo que tiene hallarse expuesto a lo que en modo alguno puede ser dicho. Al fin y al cabo, a la desaparición.

moralejas de la existencia

febrero 15, 2021 § 1 comentario

Al fin y al cabo, se trata de preservar lo que nos fue dado y el tiempo fue erosionando. Esto es, de vivir del rito —de la recitación—. En esto consiste la fidelidad al milagro que no supimos ver. Pues al final solo las formas nos mantendrán en pie.

la lepra

febrero 14, 2021 § 2 comentarios

El leproso, en el antiguo Israel, era el estigma del mal. Esto es, un maldito de Dios (y por eso mismo, intocable). Dejando a un lado la cuestión de los milagros, lo cierto es que, según nos cuentan, Jesús curaba a los leprosos simplemente tocándolos, esto es, restituyéndoles la humanidad. Algo parecido hizo Pedro Claver en Cartagena de Indias con los esclavos que eran tratados como alimañas. Ni en un caso, ni en otro fueron bien vistos por la comunidad religiosa, ya cristiana con Pedro. Sin embargo, la trascendencia de Dios —su carácter sagrado o intangible— se encarna en mayor medida en los cuerpos de los intocables que en las elevaciones del inspirado. Y quien dice leproso, dice el gitano, la cucharacha tutsi, el sucio inmigrante…, los cuales, por vivir como perros, acaban actuando como tales. Es normal que intentemos alejarlos de nuestros hijos. De ahí que sea muy difícil que entremos en el territorio de la fe —o lo que viene a ser lo mismo, de lo serio— donde creemos que la lepra no va con nosotros. Como si la posibilidad de convertirse en un apestado fuera tan solo un asunto de desgraciados. Como si al fin y al cabo la existencia consistiera en estudiar para encontrar un buen trabajo y, así, tras una boda casi obligada, comenzar a ahorrar para comprarse una casa de campo y, de paso, un segundo coche. Sin duda, a algunos la vida les confirma este programa. Pero a costa de no preguntarse si acaso el que desprecia o simplemente ignora no será su hermano.

superlópez

febrero 13, 2021 § Deja un comentario

El contraste entre superman (o cualquiera de los héroes de Marvel) y superlópez da para una teoría de la subjetividad. En el primer caso, Clark Kent se identifica con sus poderes. En el segundo, López tiene superpoderes como quien tiene un bolígrafo: están ahí, pero como si no fueran con él. Es verdad que los utiliza según convenga, pero no terminan de ser suyos. Él sigue siendo un chico de pueblo. Aquí no hay misión, sino ostentación, aunque sin atisbo de narcisismo. Superlópez tanto puede salvar el mundo como exhibirse en un barracón de feria. En cambio, superman asume sus poderes como un destino de los cielos —y de ahí que deba enfrentarse al mal—. O por decirlo de otro modo, es responsable de lo que le ha sido dado. Ciertamente, ni Clark Kent, ni López terminan de coincidir con el personaje (y en este sentido representarían al yo puro, el que difiere continuamente de sí mismo). Pero mientras el primero se toma en serio su papel, el segundo no acaba de creérselo (y por eso mismo, es un mal actor). En superman, los malos son la bestia a batir. En superlópez, algo así como una mosca cojonera. Los cómics de superman son un calco, más o menos, de las antiguas novelas caballerescas. La película de superlópez, de El Quijote. Superman pertenece a un cosmos donde ángeles y demonios se disputan la herencia de un Dios que se perdió de vista. Superlópez, por el contrario, solo encaja en un mundo donde la única esperanza es la de seguir con vida un día más, a ser posible tomando unas cervezas con los amigos. Basta con imaginar que superman termina siendo una atracción circense para comprender qué significa nihilismo. Pero al igual que basta con imaginar a ese superman provocando con su magia caducada el asombro y la alegría de unos cuantos niños para intuir, cuando menos, por donde van los tiros de un nuevo comienzo.

Albert Balasch, poeta y maestro

febrero 12, 2021 § 1 comentario

Que un poeta tan admirable —y reconocido— como Albert Balasch tenga que escuchar que maestros como él ya no se llevan por parte de la dirección de su escuela; que esté, literalmente, fuera de lugar, a pesar del entusiasmo de muchos de sus alumnos, un entusiasmo que tiene que ver con lo que aprenden y no con las gracietas o el coleguismo, ya nos da a entender por dónde van los tiros de la Escola nova 21.

¿Por qué digo esto de Albert? Porque consigue que sus alumnos —¡de primero de la ESO!— sean capaces de escribir poemas como el que adjunto. ¡Y como estos hay unos cuantos, año tras año! Al fin y al cabo, lo que Albert les transmite es un sentido de la lengua, la importancia de la palabra bien dicha. Y es que hallar la palabra justa no es solo cuestión de decir bonito lo que pudiera ser dicho de otro modo, sino de descubrir lo que es digno de asombro donde los demás únicamente vemos costumbre. Como si de la forma —pues el poema que ilustra esta entrada es de un ejercicio de métrica— surgiera la verdad o, mejor dicho, la enunciación que ningún hecho podrá desmentir. Con Albert, sencillamente, los chicos y chicas crecen en sensibilidad e inteligencia. O al menos, se les da esta oportunidad. De ahí que, a la vista de los resultados, sea, como mínimo curioso, que en vez de maestros como Albert Balasch se opte por monitores de aula, como quien dice. Pues ahora se supone que, en secundaria, cualquiera con el suficientemente entusiasmo —y siendo capaz de leer un folleto de instrucciones— puede enseñar literatura (o mates o biología…), aun cuando no sepa distinguir entre El Quijote y Les tres bessones van engrescades al cole.

al doblar la esquina

febrero 11, 2021 § 1 comentario

La mujer que te fue dada, casi como milagro, también podría terminar siendo el animal que te chupará la sangre. Ningún autor está por encima de la crítica. Pero al igual que es cierto que hay obras que nos juzgan antes de que podamos abrir la boca. Y así hasta cansarnos. Nada nunca por entero —nada sin su opuesto—. Sencillamente, si todo fuese luz, no habría luz. La paz —el buen orden— es un estado de equilibrio, una proporción. Sin embargo, cuesta admitirlo. De ahí que hagamos trampas con el lenguaje. Necesitamos resolver la ambigüedad de tot plegat, juzgar sin paciencia, absolver o condenar en ausencia de pruebas aquello a lo que nos enfrentamos. No sea que, al final, no sepamos con qué —o con quién— hay que tratar. Así nos decimos, pongamos por caso, que estamos ante un buen hombre o una buena mujer… cuando lo cierto es que únicamente nos hallamos ante alguien cuya bondad suele pesar más. Todo depende de la dosis. Nadie es bueno. En realidad, si fuese bueno —si la maldad no fuera su posibilidad—, entonces no sería bueno. Pues cuanto es o aparece no se muestra sin tara. Que la razón dé por descontado que ser es permanecer en lo que se es implica que solo es lo absoluto —lo separado— y que, por eso mismo, nada de cuanto adviene a la presencia es en verdad. Pero por poco que pensemos nos daremos cuenta de que la humillación del ser va con el ser —de que no hay aparición sin renuncia—. Incluso Dios tuvo que abdicar como dios para llegar a ser el que es.

el poder

febrero 10, 2021 § Deja un comentario

Quizá solo quien se ha hundido en el fango —solo quien ha sufrido una depresión— puede conocer lo que es un dios. Ante un dios, sencillamente no eres nadie. Los demás son bellos, fuertes, sanos. Tú, en cambio, un mierda. El No pesa sobre ti como una losa. Un día más es un día de más. No eres capaz de levantarte. Ya conoces lo que es el poder: lo sufres. Eres su víctima, su ocasión. ¿Cómo atreverse siquiera a invocar la ayuda de un dios? ¿Es que Job no fue acusado de impiedad por sus amigos, aquellos que creyeron contar con la bendición? Un dios del lado de los Job de este mundo ¿no es acaso una contradicción en los términos? Pero ¿no fue la impiedad de Job el principio de su fe? Un punto de vista cósmico ¿no facilitó su liberación? Que el todo penda del hilo de un poder que trasciende el poder de los dioses ¿no es más reconfortante que el incierto amparo de un dios particular (o demasiado íntimo)? ¿No es verdad que Dios tuvo que desaparecer hasta rozar la nada para que los no cuentan pudieran librarse del peso de un dios?

dos pelis

febrero 9, 2021 § Deja un comentario

En una, el bueno es muy bueno (y el malo, muy malo). Ya se sabe que entre ángeles y demonios anda el juego. En la otra, una bélica, el alcohólico del pueblo —y se rumoreaba que también un pederasta—, se pone en lugar de aquel que, siendo padre de dos niños de corta edad, iba a ser colgado como escarmiento. La primera peli es distraída (y de paso, tranquilizadora: los buenos ganan). Blanco y en botella. La segunda, casi un documental.

todo pasa

febrero 8, 2021 § Deja un comentario

Todo pasa. Incluso Auschwitz. Tras siglos, y no muchos, hasta la resurrección terminó siendo otra cosa. De ahí la importancia de preservar, del memorial. Con los años, uno debe volverse conservador, que no es lo mismo que talibán. Pues se trata de mantener lo que nos fue dado como gracia.

el decir no dice

febrero 5, 2021 § Deja un comentario

No basta con decir, pongamos por caso, todo pasa para caer en la cuenta de que nada, ni siquiera la verdad, resiste el paso de los días. Pues las palabras serán las mismas para quien ha caído en la cuenta —y por eso mismo no puede pronunciarlas sin estremecerse— que para quien simplemente ha tomado nota. De ahí que el sentido —y aquí hay que tener presente el doble significado de la expresión— de las sentencias que pretenden revelar las lecciones de la existencia necesite de un discurso —de una retórica— que estire la sentencia hasta el corazón del lector o del oyente (aunque si eres poeta podrás ahorrate unas cuantas hojas: basta con hallar el verso justo). Pues solo por medio del discurso el joven podrá comprender —y no solo entender— las palabras del anciano. Pero el joven no lee ni escucha. Y es que el error de la juventud consiste en creer que ya sabe de lo que habla, mientras apenas ha aprendido a balbucear.

Quizá no sea causal que en las épocas en las que no había libros, el anciano fuese venerado por sabio. De hecho, la filosofía —y no hay filosofía sin escritura— es un intento de anticipar la visión de quien ha vivido lo suficiente cuando aún tenemos fuerzas (y por eso mismo podríamos atrevernos a decir que es un intento de prescindir del anciano). Aunque esa visión se limite reconocer que, al fin y al cabo, nos iremos de aquí ignorando lo esencial. Ahora bien, lo cierto es que si conseguimos interiorizarlo antes de tiempo, entonces no tendremos más remedio que optar entre el nihilismo y la mística, sea o no de ojos abiertos. Pues el mundo, al menos el habitable, se nos revelará como una farsa.

el perdón

febrero 3, 2021 § 2 comentarios

Al final, todo se reduce a perdonar (o a pedir perdón). De acuerdo. Pero ¿incluso al psicópata? No conseguirás nada. Es como perdonar a Terminator. O a un lobo. Pero quizá con el perdón no se trate propiamente de conseguir algo. Quizá, del milagro.

ilustración y sacristía

febrero 2, 2021 § Deja un comentario

La Ilustración halló una de sus justificaciones, si no la principal, en lo rancio de la Iglesia. La sacristía huele a resentimiento —a sótano—. Obviamente, la Ilustración —la iluminación— gana. La esperanza siempre estuvo del lado de la luz. No es causal que Dios haya dejado de ser el tema. Incluso para negarlo. El Dios crucificado ya no importa. La connotaciones que debe soportar repelen a cualquiera. En su lugar, el hay algo más o la conexión astral. Aparentemente, en las canchas espiritualistas se respira mejor. ¿Cuestión de marketing? Tampoco. El cristianismo no es para débiles. Su asunto: qué puede esperar el hombre donde se derrumban los cielos. De ahí que el cristianismo, antes que contemporizar, haría bien en armarse de un discurso fuerte —que no talibán— que diga las cosas por su nombre. Lo veraz exige lucidez. Y no hay lucidez donde el mensaje se limita a promover el buenismo. Aunque, ciertamente, si se trata de comprar siempre preferiremos los oropeles del simulacro.

Heidegger, one more time

febrero 1, 2021 § Deja un comentario

Heidegger dijo, con razón, que el hombre no tiene una naturaleza que lo defina. En tanto que su posibilidad permanece abierta —en tanto que se encuentra en el mundo como el que, continuamente, tiene que hacerse a sí mismo—, su esencia consiste en su existencia. Las cosas son lo que son. Tan solo el hombre tiene pendiente llegar a ser alguien. Ahora bien, ¿acaso no es lo que dijeron acerca de Dios tantos teólogos medievales, a saber, que la existencia de Dios va con su esencia? ¿No es este el significado último de la expresión causa sui? ¿Y acaso la sentencia de Heidegger no será el efecto lateral —o bastardo— de la idea patrística que sostiene que Dios tuvo que hacerse hombre para que el hombre pudiera alcanzar a Dios?

clase de química

enero 31, 2021 § 1 comentario

El juego en el que estamos va de juzgar. Juzgar es inevitable. Es lo que hacemos cuando nos preguntamos qué es lo que nos traemos entre manos o tenemos enfrente. ¿De qué se trata? ¿Del amor o del impulso? ¿De la fe o de nuestra fantasía? ¿De la libertad o de una sutil esclavitud? Nada se nos da en estado puro. De ahí que podamos jugar con las palabras. El sofista, como sabemos, siempre pudo decir cualquier cosa de casi cualquier cosa. La cuestión es desde qué lado juzgamos la mezcla. Por lo común, desde el lado del mito, el paradigma, lo puro. Pero donde suponemos que el juego va de arriba a abajo —que el criterio es lo que debe ser o creemos que debe ser—, entonces fácilmente desestimamos la botella a medias. Como si fuésemos unos niños malcriados. Sin embargo, también podemos juzgar de abajo a arriba. En ese caso, lo deshechado es, precisamente, lo puro, lo paradigmático, el ideal. Y es deshechado como ficción. Tan solo un cuerpo con tara es abrazable. La implicación teológica es inmediata. Dios es temido como Dios. De acuerdo. Pero solo puede ser amado como hombre. De ahí que Dios tuviera que hacerse hombre —y esto significa temblar y mear— para que el hombre fuese capaz de abrazar a Dios. O de despreciarlo por defectuoso.

hermano lobo

enero 29, 2021 § Deja un comentario

El instinto está ahí. La bondad tiene su contrapeso natural. ¿Y si modificásemos nuestro ADN para ser genéticamente buenos? Ya no cabría otro desastre que el geológico o climático. El Reino en la tierra, al fin. Aunque quizá no queramos ser buenos, sino vencer a la bestía que hay en nosotros. En el fondo, el poder. Tampoco estamos tan lejos de Adán. Ni siquiera cuando pretendemos empoderarnos en nombre del Bien.

El problema surge cuando el desideratum moral se entiende en clave política. Así, la alimaña que hay en ti logra encarnarnarse en los otros —en la rata judía, los cerdos con rostro humano, la plaga tribal. Más allá del daño que provoca —o creemos que provoca—, la existencia del enemigo está al servicio de nuestra justificación. Pero seguimos bajo el hechizo de Adán donde creemos que se trata de apuntarse a los templarios. De ahí que el reset cósmico comience una vez dejamos atrás el simbolismo —pues la rata judía siempre representó ese cuerpo extraño que, dentro de nosotros, nos avegüenza—; una vez caemos en la cuenta de que la desgracia es el factor común. Satán siempre fue un pobre diablo (aunque con mucha mala leche). Con todo, no está solo en nuestras manos tratar al lobo como a un hermano.

no es solo

enero 28, 2021 § Deja un comentario

Nada es lo que es. Todo es compuesto. La justicia no es solo justicia —en la decisiones justas siempre hay dosis de parcialidad—; la bondad no es solo bondad —a menudo, también hay complejo—; el sexo nunca es solo sexo —quienes se acuestan lo hacen con una mochila cargada de piedras—. El mundo de lo paradigmático —y aquí no es necesario ponerse místicos: basta con tener en cuenta las películas a la Hollywood— es el mundo de las esencias, de lo sin tara. Ciertamente, porque concebimos la esencia podemos juzgar —decir qué ingrediente tiene más peso, o nos parece que tiene más peso, en cuanto podemos ver y tocar—. Pero la esencia solo llega a ser en lo concreto, es decir, donde deja, precisamente, de ser esencial. No en vano Hegel supo ver en lo negativo el impulso de la afirmación. De ahí el hallazgo del cristianismo. Pues solo el cristianismo cayó en la cuenta de que solo hay Dios donde Dios asume la mortalidad. Dios en verdad es un Dios tarado. Esto es, con cuerpo. Un Dios sin lacra —un Dios que habita inmaculado en los cielos o en el fondo del alma; un Dios que no deja de ser solo Dios— es, sencillamente, una entelequia.

la mujer junto al lago

enero 25, 2021 § 1 comentario

Esta historia la suele contar mi amigo Javier Melloni. En la India, una mujer estaba junto a un lago en actitud de agradecimiento, tras haber perdido a su hijo. Un hombre —si no recuerdo mal era Raimon Pannikar— le preguntó, extrañado, por qué se sentía así. ¿Acaso lo propio no era sentirse desgarrada por dentro? La mujer le respondió que al contrario; que no podía sentirse más que agradecida por el tiempo que la vida le concedió junto a su hijo. Ciertamente, no se trata de rechazar lo que hay de bueno en esta manera de sentir la pérdida de un hijo, pero sí de preguntarse por lo que pueda haber de incompleto, desde un punto de vista bíblico. De hecho, el agradecimiento que experimenta la mujer no es incompatible con el dolor (un dolor que probablemente también experimentó, aunque el acento de la historia es otro). Pues donde solo cabe el agradecimiento ante la muerte de un hijo, la humanidad de una madre —o un padre— queda, me atrevería a decir, cercenada. No me parece que podamos decirles a unos padres que han perdido a un hijo que lo que deberían sentir es, principalmente, agradecimiento, si es que la historia de esa mujer a la que hace referencia Javier es, de algún modo, normativa. Ciertamente, el agradecimiento puede latir en lo más profundo de la experiencia de la pérdida. De hecho, es lo que leemos en el libro de Job: el Señor me los dio, el Señor me los quitó. Y para verlo únicamente hay que invertir la secuencia de la frase. Pero no solo late el agradecimiento: también el desgarro. Imagino que acentuamos uno u otro lado de la experiencia dependiendo del cómo de esa pérdida. No hay emoción que sea químicamente pura. Las madres que vieron morir a sus hijos de las cámaras de gas, pongamos por caso, no creo que sintieran, sobre todo, agradecimiento. El escándalo ante la muerte injusta —un escándalo que se vive ante Dios, sin Dios— es un irrenunciable de la espiritualidad bíblica (aunque también, el agradecimiento por lo recibido). No es casual que tengamos una palabra para cuando perdemos a nuestros padres —huérfano—, pero no para cuando perdemos a un hijo. Donde solo cabe el agradecimiento, la totalidad se cierra sobre sí misma. En cambio, con el desgarro, el todo queda abierto a la imposible posibilidad de la reparación —de un nuevo comienzo—. Pues es innegable que la Creación está fracturada.

no hay vuelta atrás

enero 24, 2021 § Deja un comentario

Quien dice la verdad no suele recibir elogios. Más bien sucede al revés: si los recibes lo más probable es que hayas satisfecho los prejuicios de quienes te los dan. O lo que acaso sea peor, que no hayas dicho nada (y entonces ese aplauso será perverso, pues instala a tus oyentes o lectores en la superioridad moral; aquí el aplauso no deja de ser una palmadita en la espalda).

Ahora bien, aunque sea innegable que la verdad, por ir contracorriente, no suela recibir elogios, lo cierto es que, de no recibirlos, en modo alguno implica que estés en la verdad. El predicado nunca terminó de alcanzar al sujeto. Si bien cabe ir del algo a lo que afirmamos sobre ese algo —es lo que hacemos a diario—, en verdad no hay camino de vuelta que vaya de la afirmación al algo. O de otro modo, el sujeto no es deducible de cuanto quepa decir de él. El lenguaje, en tanto que significativo, es incapaz de encerrar la existencia. Y es que donde el ser coincide con el logos fácilmente caemos en lo tautológico —en lo que nada dice por decirlo todo—.

técnicas de buceo

enero 22, 2021 § 1 comentario

La interiorización es submarinismo. Tal y como suele entenderse por estos pagos, el buceador busca el tesoro oculto del alma, el Dios interior. Y por aquí vamos mal. Pues en el fondo no hallará a Dios, sino en el mejor de los casos un sucedáneo, algo así como un sentimiento de paz. Podemos llamarle Dios. Pero eso sería hacer trampas. Cuanto puede denominarse con la palabra Dios, no es Dios.

Por otro lado, un sentimiento de paz se basta a sí mismo: no necesita de nadie. Tomarse en serio la Encarnación —el que no haya otro Dios que el que colgó de una cruz—, significa que, antes que interiorizar, de lo que se trata es de incorporar, esto es, de un hacer cuerpo —y un hacer cuerpo que incorpora, precisamente, lo que los cuerpos desechan: el excremento, el que huele mal, el sin gracia—. Al fin y al cabo, a un cristiano se le propone, domingo tras domingo, ingerir la trascendencia, comérsela. Y quizá, a causa de la expulsión de Dios, no se nos dé otro más allá que el de aquellos que viven como si no existieran —los excluidos, los deshechados, los invisibles—. Ellos son nuestra mierda, el resto que no queremos admitir como propio en nombre de nuestra dignidad, ese trompe-l’oeil. De ahí que, a mayor profundidad, más asco. Ante la santa forma, uno debería sentir náuseas. Dios es ciertamente invisible —y por eso mismo, inexistente—. Pero aquí podríamos decir aquello de Galileo: eppur si muove. Pues es posible que no haya más realidad que la que tuvo que desaparecer para que pudiéramos atarnos al mundo.

la edad de la revolución

enero 21, 2021 § Deja un comentario

El sentimiento religioso de dependencia es un sentimiento político antes que religioso. Ciertamente, la percepción del alma de cuanto es, desde los árboles hasta las piedras, no arraiga en lo político. El animismo surge espontáneamente como la primera creencia. Pero con el surgimiento de la civilización el alma de las cosas va siendo desplazada por los dioses. En este sentido, el poder de un dios sería el correlato del poder de los príncipes. Pues bien, tan solo hay que imaginarse viviendo como siervo en la época pre-revolucionaria, donde el noble siempre era visto desde abajo, para caer en la cuenta de que lo natural era creer que existimos bajo el dominio de un Señor. No hay que ser marxista para sostener que el punto de partida de la creencia religiosa, mejor dicho, del sentimiento religioso son siempre las condiciones materiales de la existencia. La muerte de Dios comienza con la guillotina. La revolución francesa supuso algo más que la condena de un rey: supuso la realización del ideal cristiano de la igualdad. Así, la igualdad pasó a ser un igualdad por defecto —aunque, sin fraternidad, este por defecto solo puede llevarse a cabo por decreto—. Sin embargo, lo que no anticipó el cristianismo es que su desideratum solo podía realizarse bajo el presupuesto de la secularización. A partir de la revolución política, la sensibilidad religiosa se transforma inevitablemente: de hallarse bajo el dominio de Dios, al sentimiento de formar parte; de estar sometidos a la voluntad del Señor al coloquio íntimo (o a un Dios concebido como un ángel de la guarda vitaminado); de un encontrarse sub iudice, al querer alcanzar la plenitud espiritual. Ya no hacía falta suponer que había un Dios que estaba de parte de los pobres. La igualdad pasó a ser una condición natural… a pesar de que, de facto, la Modernidad esté lejos de concretarla.

(Con todo, si lo pensamos bien, que hubiera un Dios que estuviera del lado de los abandonados de Dios no dejaba de ser sorprendente… para los mismos pobres. Como si desde la pobreza, más allá del consuelo que proporciona un Dios reducido a un dato de la interioridad, fuese increíble que un dios pudiera caer tan bajo. Como si un noble se pusiera de parte del vulgo. De hecho, el Dios de los pobres, más que confianza, inspira desconfianza. Al menos, de entrada.)

esos rezos

enero 19, 2021 § Deja un comentario

No invoca el alma, sino el cuerpo. El alma se encuentra demasiado familiarizada con los asuntosn de Dios como para invocarlo. No hay desesperación elevada. Incluso Dios tuvo que morder el polvo para ser Dios.

esto del filosofar

enero 17, 2021 § Deja un comentario

Comenzamos a filosofar una vez sospechamos de que el sentimiento de estar en lo verdadero acaso no coincida con la verdad. Así, podemos sentir en lo más profundo que hay una manera de proceder que encaja con el orden del mundo —que hay cosas que están naturalmente bien y cosas que no—. Como si hubiera algo así como un instinto moral. Sin embargo, pudiera darse el caso de que lo que sentimos como cierto, sencillamente, no lo fuera. En este sentido, la mecánica cuántica es hija de la sospecha ateniense. Pues ¿quién hubiese apostado en su sano juicio que el gato estuviese vivo y muerto antes de que abriésemos la tapa? Sin embargo, la sospecha no conduce a una mayor verdad —o cuando menos, a una verdad asimilable—. Más bien, al cáracter inconcebible de lo real. Aunque esto último ya lo palpase Israel por la vía del sufrimiento. Al fin y al cabo, todo es muy extraño, para quien sabe verlo.

potestas

enero 16, 2021 § Deja un comentario

Se dice que la muerte iguala a los hombres —a pobres y a ricos, a nobles y a esclavos—. Pero no se muere del mismo modo, si se muere sobre una cama que en la calle. Ya sabemos que, tradicionalmente, los miembros de la realeza eran considerados superiores. Su existencia era, literalmente, real. En ellos se concentraba la esencia de lo humano, por decirlo así. No padecían hambre. Disfrutaban de los poetas. Su inteligencia era sutil. No es casual que fuesen vistos como representantes de los dioses. La suciedad —la podredumbre, el infierno— se decantaba del lado del vulgo. Al menos, el noble siempre pudo encubrirlas. Desde la distancia aristocrática, el resto de los hombres son insectos. Si es posible una vida elevada, entonces no somos iguales. De ahí que Nietzsche no regase fuera de tiesto: es posible que la igualdad sea un trampantojo —que la convicción de que, en el fondo, cualquier hombre es el mismo hombre, obedezca únicamente al resentimiento, a la necesidad que el esclavo tiene de decirse a sí mismo que la elevación es aparente.

Con todo, uno puede sospechar de la sospecha de Nietzsche. Siempre podemos preguntarnos si la verdadera elevación acaso no exigirá otros moldes que los políticos. ¿Quién detenta un genuino poder? ¿Jeff Bezos, Mark Zuckerberg? ¿O un maestro zen? ¿El que domina a los demás? ¿O el que se domina a sí mismo? Ya sabemos cual fue la respuesta de Platón: el héroe es Sócrates, no Aquiles. Sin embargo, aquí seguimos dentro del horizonte de la elevación —del poder—. Y es que, espontáneamente, no hay quien no aspire a la liberación de la soga que nos ata a la necesidad. En este sentido, caben dos posibilidades: o bien, la libertad pasa por detentar un poder absoluto —sea político o tecnológico—, o bien por un saber estar por encima de cuanto no importa en absoluto. O bien por el tener cuanto más mejor, o bien por reducir la necesidad al mínimo. En cualquier caso, hay que partir de la elevación como desideratum de la existencia humana para, cuando menos, intuir el carácter inaceptable de un Dios cuyo poder se ejerce, precisamente, como renuncia al poder —por no hablar de su sacrificio por amor—. De ahí que la pregunta por la verdad sea insoslayable: o es verdad que los hombres somos el mismo huérfano solo ante un Dios que se autoinmola para llegar a ser el que es —que es verdad que ante un Dios que brilla por su ausencia o porvenir, todo ídolo tiene los pies de barro—; o es verdad que el hiato entre agraciados y desgraciados es insalvable (y que, por eso mismo, los dioses siempre despreciarán a los que viven en el barro). Las opiniones, aquí, no interesan.

todo es mezcla

enero 13, 2021 § Deja un comentario

Todo encaje de las piezas conlleva, cuando menos, un mínimo desencaje. No hay dos segmentos que sean exactamente iguales. Tarde o temprano, saltará la diferencia. Si no es al milímetro, será a la micra. Las reformas que hacemos en casa siempre dejan un enchufe suelto. Quien tiene fuerza de voluntad, también posee el riesgo del empecinamiento. Te gusta una mujer. Pero con el tiempo da por descontado que toparás con lo que hay de desagradable en ella. Ni siquiera Dios quiso ser solo Dios. El diferir es la ley del mundo. Pues nada es que no se resista a la indiferencia de lo idéntico.

Ulysses y el nihilismo

enero 11, 2021 § Deja un comentario

En el Ulysses de Joyce, no ocurre nada. Y acaso, por eso mismo, el lenguaje anda desquiciado. No hay más que el suceder de las palabras (y un suceder, sin duda, brillante). Como es sabido, el libro de Joyce es una réplica al poema de Homero, pero un réplica nihilista: no hay regreso al hogar… pues tampoco partimos de ningún hogar. Ulysses tiene unas ochocientas páginas. Como podía tener cincuenta o tres mil. Puede cogerse por cualquier parte como también leerse desde el final. Nada cambiaría. Estrictamente, no hay relato porque no hay ni arriba ni abajo —ningún alfa ni omega—. Nadie ocupa una posición en un supuesto drama cósmico. No hay papeles que repartir. El inicio y el término son arbitrarios: un día cualquiera, el dieciséis de junio de 1904, en la vida de Stephen Dedalus. Podría haber sido otro (aunque, de hecho, la escritura habría sido la misma). No hay dramaturgia en Ulysses, nada que parta en dos la continuidad del presente. Donde no cabe más que el mero suceder de las horas, el fragmento lo es todo. Pero al igual que el todo queda reducido a cualquier fragmento o instante. La totalidad, en cualquier caso, sería el resultado de la acumulación. Nada nuevo bajo el sol. Y quien dice nada nuevo, dice nada —o nadie— en verdad otro. El nihilismo deviene el destino de un mundo que ha dejado de estar expuesto a la imposible posibilidad de lo absolutamente extraño. Pues lo nuevo es lo que tuvo que desplazarse a un tiempo anterior a la historia para que fuera posible el mundo. De ahí que en vez de esperar la increíble irrupción de lo nuevo —una irrupción que implicaría el fin del mundo— nos conformemos con la novedad, ese simulacro. Quizá no sea casual que el destino de la razón, al rechazar el mito, sea, precisamente, un caer en brazos de la nada. Y al decir nada, decimos distracción.

haberlos, haylos

enero 10, 2021 § Deja un comentario

De haber un cielo, la pregunta es si nosotros estaríamos a su altura. En realidad, ya se nos concedió el cielo en la tierra —el Edén— y no supimos aprovecharlo. Es verdad que el cielo está destinado a las almas puras, por decirlo así. Pero un alma pura no es humana. Más bien, se trata de un espectro, algo así como un holograma de lo que fuimos como hombres y mujeres buenos. Con todo, estamos más tiempo muertos que vivos. De lo que se desprende que nosotros —y no ellos— somos los fantasmas.

allende la existencia

enero 8, 2021 § 1 comentario

Quizá la cuestión no sea si hay o no hay Dios, sino por qué hay hombre habiendo Dios. Esto, en filósofico, se preguntaría del siguiente modo: por qué hay conciencia en vez del puro y simple haber. Y la respuesta hegeliana fue: por qué el haber —o el simple ser o sustancia— es sujeto. O dicho con otras palabras: porque el ser es un diferenciarse de sí, pura voluntad. El fondo teológico de esta afirmación salta de inmediato. Pues, cristianamente, Dios no quiso —y por consiguiente, no pudo— ser Dios sin el hombre. En este sentido, es a través del hombre que Dios es para sí mismo. De ahí que el hombre sea en lo más íntimo una llamada a responder. De no tenerlo en cuenta, Dios sería un mero ente —un en-sí— del que el hombre podría perfectamente prescindir.

de los sentimientos y la razón

enero 7, 2021 § Deja un comentario

El sentimiento no es de fiar. Va y viene. Basarse en el sentimiento a la hora de orientarse en esto de la vida no es una buena política. Puedo sentir que hay Dios. Pero también que el mundo es gobernado oscuramente por los sabios de Sión (y ya sabemos que sucedió con los pobres hombres y mujeres de Sión cuando este sentimiento se hizo popular). El sentimiento nos instala en una certeza de cartón piedra. El problema es que esta certeza se vive como si fuera indiscutible —como una tierra donde arraigar—. Y las cosas del terruño, tarde o temprano, acaban mal. El sentimiento —la pasión— no suele hacerse muchas preguntas. Por lo común, ninguna. Sin embargo, quien no se interroga por la verdad renuncia a su humanidad. Y la cuestión de la verdad no se resuelve teniendo en cuenta lo que uno siente como verdadero. De ahí que los griegos dieran el paso a la razón (la Ilustración no fue más, aunque tampoco menos, que un intento de extender dicho paso). En este sentido, la teoría —el ver las cosas desde la distancia de un dios— nos libera de la sujeción a las apariencias (y de sus peligros políticos). Pues donde no nos preguntamos por la verdad —sobre lo que en verdad tiene lugar y no simplemente me sucede— seguimos siendo algo así como unos bichos más o menos listos.

Sin embargo, el ejercicio de la razón tampoco está exento de riesgos. No hace falta haber leído a Adorno y a Horkheimer para, cuando menos, intuir que la razón tiende a hacer del hombre un objeto entre otros. Es inevitable que la distancia teórica termine viendo a los hombres como el entomólogo ve a las hormigas. Esto es, la razón carece de piedad. Desde su óptica, prevalece el cálculo. La distancia en la que nos sitúa la razón es la misma que hizo posible que los pilotos del Enola Gay lanzasen la muerte sobre Hiroshima. Ciertamente, como dijera Platón, solo por medio de la razón podemos elevarnos a la altura de un dios. O al menos, acercarnos. Pero los dioses, en realidad, nunca quisieron saber nada de los hombres.

De ahí que nos preguntemos como conciliar razón y cuerpo. ¿Qué razones, si las hubieran, pueden tener a mano quienes permanecen en la escena? ¿Cómo integrar saber y vida? ¿Acaso nuestra existencia particular no se sostiene sobre la falsa conciencia? Podemos estar de acuerdo con Freud y sostener que el macho, en el fondo, desea poseer a su madre. Pero ningún hombre va con la foto de su madre cuando se cita con una mujer. La idea de que ella encarne a su madre le resulta, como mínimo, repugnante. Por eso, el racionalista negará de plano la posibilidad de armonizar el fruto de la reflexión y el sentimiento. Donde nos dominan las pasiones, el ejercicio de la razón termina siendo una racionalización, esto es, un intento de justificar como verdadero lo que, en el fondo, no es mucho más que impulso.

Sin embargo, la razón, antes que proporcionar una cosmovisión desencarnada, se ejerce como interrogación, y una interrogación que termina en la constatación de que lo real, como eso absolutamente otro o extranjero, se ofrece como lo que desaparece en su mostrarse a una sensibilidad. Es lo que vio Sócrates. Pero también Job. Todo se nos da desde un retroceso fundamental. Y esto es lo que solo llegamos a ver donde permanecemos en la escena, aunque sin someternos a ella. Como aquel futbolista que, en un momento dado, se pregunta que está haciendo con un balón en los pies. Y ello en nombre del desconcierto que experimenta ante el carácter esencialmente extraño de cuanto sucede. Sin duda, queda fuera de juego, por decirlo así. O cuando menos, comienza a jugar torpemente. Pero sigue de algún modo en la cancha. El ejercicio de la razón no necesariamente tiene que situarse en la grada del espectador. Es posible una razón con cuerpo.

Es cierto que Hegel dijo que una conciencia que no se concibe a sí misma como la expresión del despliegue de lo absoluto termina siendo una conciencia insatisfecha. O por decirlo de otro modo, que el ejercicio tibio de la razón acaba inevitablemente en el escepticismo. Pero, como viera Kierkegaard, el precio a pagar por seguir la senda de Hegel es la disolución de la individualidad. Y es que en la perplejidad del individuo ante la efectividad de lo trascendente, una efectividad que linda con la nada —y por eso Kierkegaard habló, más bien, de angustia—, hay una verdad, un tener lugar que se resiste a su disolución en el imperio de la totalidad. Porque hay individuo, el todo no lo es todo. Ahora bien, el individuo es, en el fondo, un clamor, aquel que apunta a aquel que perdimos de vista una vez fuimos arrojados al mundo. Pues el carácter único de cada hombre o mujer —su exclusividad— es el envés de la exclusión que hizo posible el mundo, la exclusión de Dios. De ahí que la bendición y la maldición sean las dos caras de una y la misma realidad, la cual se revela como la ignotum X de la existencia. El creyente, al fin y al cabo, es aquel que permanece a la espera de que se resuelva esta indecisión (y se resuelva del lado de la bendición). Y quizá no sea lo mismo invocar a Dios como si fuera un interventor espectral que pedirle a Dios por Dios, como dijera Metz a propósito del padrenuestro. En el primer caso, seguimos siendo unos niños. En el segundo, habremos alcanzado una segunda ingenuidad, la cual, contra lo que nos pueda parecer de entrada, es el sello de la madurez.

¿qué es un idiota?

enero 6, 2021 § Deja un comentario

Un idiota es, literalmente, alguien incapaz de salir de sí mismo —alguien que cree que está en sus manos decidir sobre cuanto es. Así, hacemos el idiota cuando, por ejemplo, decimos que Shakespeare, Platón o Moisés son flojos. Que lo que mola es Marvel. O Instagram. Un idiota es aquel que aún no ha caído en la cuenta de que hay obras —o existencias— que nos juzgan antes de que nosotros nos atrevamos a juzgarlas. Por eso mismo, un idiota termina siendo un esclavo de lo impersonal —de lo que se dice, se hace, se espera—… creyendo, sin embargo, que se trata de su libre opinión. Pero es difícil defender que por poco que nos despistemos seguiremos siendo unos idiotas en una época que ha ensalzado el narcisismo —y por eso mismo, donde el debate lo gana quien posee el megáfono más potente—.

pillados

enero 3, 2021 § Deja un comentario

El mundo es lo que te tiene pillado —el centro alrededor del que giras. Instagram, para las influencers. La ciencia, para el científico. El dinero, para los banqueros. En este sentido, no hay mundo, sino mundos, la mayoría de los cuales suponen un caer en la irrelevancia. Todo lo que te parece evidente no es más que una evidencia del mundo al que perteneces. Y ningún mundo trasciende su evidencia. Quizá sea por eso que el espíritu de la búsqueda no encuentre su raíz en el mundo. Como si el que ama la verdad fuese un árbol invertido.

caricaturas

enero 2, 2021 § Deja un comentario

La caricatura revela la verdad de un rostro. Mucho más que los selfies de instagram. Sí, pero deformándolo, se nos dirá. De acuerdo. Pero sin deformación, difícilmente podremos ir más allá de lo obvio. Y lo obvio es lo que puede ser obviado. La verdad nunca coincidió con la mera descripción de cuanto tenemos enfrente. Al fin y al cabo, terminaremos siendo nuestra caricatura. Y este acaso sea un buen motivo para comenzar a reirnos de nosotros mismos. Como si la vida nos quisiera dar a entender el ridículo en el que cayó quien estuvo encantado de haberse conocido.

puto pijo, rata judía

diciembre 31, 2020 § Deja un comentario

El impulso —la autojustificación— que hay detrás de quien le roba el iphone al pijo es el mismo que encontramos en los SS: la degradación de la víctima. Puto pijo, rata judía. A su vez, en la violencia del pobre contra el rico no solo hay justicia, sino también unas buenas dosis de resentimiento. Los motivos oscuros siempre están ahí, en los lodazales del alma. Sin embargo, aun cuando en cualquier hombre o mujer persista la marca que acaso mereciese un nuevo diluvio, también hallamos un fondo de bondad o, por decirlo en bíblico, una llamada a la misericordia. Hay mal porque somos animales simbólicos —porque el desprecio apunta al que representa la tara que no podemos aceptar en nosotros. El mal obedece a nuestra necesidad de excretar, de alejar de nosotros lo peor. Aunque no solo. También —y quizá sobre todo— al ansia de dominación, a la turbia satisfacción de un dios que tiene en sus manos el dar la muerte. De ahí la importancia de aceptar que existimos en medio de aguas que nos cubren y, de paso, sobreponernos a la espontaneidad de un simbolismo que nos separa de lo que en verdad somos: niños que claman por la vuelta de papá. Así, no es lo mismo ver solo la máscara que reconocer el aún nadie que dicha máscara encubre.

mundo animado

diciembre 24, 2020 § Deja un comentario

En el mundo de los dibujos animados, cualquier cosa es un alguien. Algo parecido observamos en el mundo de la religión. Ergo, religión es infancia. Aunque con respecto a este asunto, lo que está en juego, más allá de la mistificación, quizá sea la posibilidad de una segunda ingenuidad.

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