una suposición

diciembre 10, 2019 § Deja un comentario

Somos griegos por Roma. Y esto es lo mismo que decir que si podemos leer —y valorar— a Homero es gracias a los montones de cadáveres que dejó sobre los campos de lo que terminaría siendo Europa. Si Jesús de Nazaret no hubiera muerto en una cruz, no tendríamos a Dante ni a Dostoyevski. No en vano, Walter Benjamin dejó escrito que las grandes obras de la cultura reposan sobre los documentos de la barbarie. Pues bien, supongamos que tuviéramos en nuestras manos la posibilidad de impedir esas muertes. ¿Lo haríamos? Mejor aún ¿deberíamos impedirlo? Aquí alguien podría decir que, de hacerlo, el mundo sería muy distinto y que, por eso mismo, no encontraríamos a faltar ni a Homero ni a Dante. Que de lo que se trata, en definitiva, es de vivir en paz. De acuerdo. Sin embargo, nuestra suposición ¿acaso no implicaría el fin de la historia, más aún, que dejáramos de existir? Pues existir es vivir como arrancados. Y quien vive como arrancado no puede evitar la libertad de tener que escoger entre morir —a causa de su compromiso con la bondad— o matar, aunque sea a golpe de indiferencia. Y, con todo, está en nuestras manos impedir algunas muertes. A pesar de que tengan un sentido postumo. Al fin y al cabo, la cultura es el lujo de Ulises, de aquel que quiere contemplar el horror —pues no hay madurez que no pase, cuando menos, por contemplarlo— desde una distancia de seguridad.

un abstract

diciembre 9, 2019 § Deja un comentario

El cristiano, hoy en día, no puede partir de la resurrección. De hacerlo, fácilmente caerá en el trampantojo de la religión. Hay que recorrer el camino de la cruz para recuperar la fuerza originaria del kerigma. Esto es, como si no hubiera Dios (aunque también desde la gracia de una vida que nos ha sido dada desde el retroceso de Dios). Hay que situarse, en definitiva, en el lugar de Job. Es desde esa posición corporal que puede que caigamos en la cuenta de que el otro es nuestro prójimo; que tan solo nos tenemos los unos a los otros. Y entonces acaso quepa dar testimonio de ese perdón que el mundo no puede admitir como posibilidad y que apunta a la vida que tiene lugar donde ya no nos queda vida por delante. Al final, solo nos quedará la esperanza, tan increíble como firme, de que el verdugo no pronuncie la última palabra.

OW

diciembre 8, 2019 § Deja un comentario

Óscar Wilde escribió una vez que todo santo tenía un pasado y todo pecador, un futuro. A menudo, acierta más quien sufre la persecución de la buena gente, que las piruetas dialécticas del teólogo. Aunque a Óscar Wilde se le negó precisamente ese futuro. No deja de llamar la atención que Occidente se erija sobre el cadalso de los provocadores a los que condenó. Primero fue la ejecución de Sócrates. Luego, la de Jesús de Nazaret. Finalmente, la oscura muerte de Óscar Wilde. En cualquier caso, estaba en juego la preocupación de sí, ese invento tan nuestro. Aunque no se entendiera del mismo modo. Pues no es lo mismo buscar la libertad de quien está por encima de cuanto pueda sucederle que la salvación. Por no hablar de la preocupación por hacer de uno mismo una obra de arte. A pesar del aire de familia.

¿un Dios que nos ama?

diciembre 7, 2019 § Deja un comentario

Que Dios nos quiera hasta el punto de venir a rescatarnos es algo que, de ser cierto, está lejos de resultar obvio. Al menos para quien sepa que significó inicialmente el término Dios. Y sobre todo para quien, sabiéndolo, no se le escapa que los hombres no nos merecemos el amor de ningún Dios. De ahí que Pablo, y con él los primeros cristianos, hablasen de revelación. Y no hay revelación que no contenga unas cuantas dosis —bastantes— de escándalo. Basta con tener esto en cuenta para entender el celo misionero de Pablo y compañía. ¡Sorpresa! ¡Dios ha muerto por nosotros! Por no hablar de la sorpresa de la resurrección. Comprender el cristianismo supone admitir su carácter inadmisible. Al menos, de entrada. A veces tengo la impresión de que la idea, tan común hoy en día, incluso dentro de las canchas cristianas, de que las diferentes religiones son vías alternativas de alcanzar —o al menos acercarse—a una misma cima solo es aceptable donde dejamos a un lado el sesgo inaceptable de la revelación. Pues la mayoría —por no decir el resto— de la religiones parten de una concepción espontánea o natural de lo divino. De ahí que muchos entiendan la confesión cristiana acerca de un Dios que es amor como si tan solo dijera que el amor es divino. Y es que lo que encontramos en las religiones, salvo en el cristianismo, es un dios —o, si se prefiere, un arjé— demasiado razonable como para que podamos hablar de revelación. Sin duda, la religión exige de sus fieles un momento de iluminación. Pero no es lo mismo hablar de iluminación que de revelación. Al menos, porque la iluminación se decide solo desde nuestro lado. No es lo mismo que el sacrificio —la ascesis— que nos reconcilia con lo divino corra a cargo del hombre que confesar que si somos capaces de Dios es porque Dios se sacrificó antes hasta el punto de no querer ser Dios sin la fe del hombre. Y ya sabemos que el hombre no es que tenga mucha fe. Salvo, ingenuamente, en sí mismo. 

problemas del primer mundo

diciembre 5, 2019 § Deja un comentario

Quizá de vez en cuando convendría que nos viéramos desde una cierta distancia para, cuando menos, percibir el ridículo de una existencia demasiado centrada en sí misma, una vida preocupada, sobre todo, en tener éxito o en gustar. Humano, ciertamente. Pero quizá demasiado humano, por parafrasear a Nietzsche. Tan solo hace falta contrastar nuestras inquietudes diarias con la situación de aquellos que no saben qué podrán comer hoy sus hijos. O mañana. Por no hablar del contraste que supone que la última moda entre los actores de Hollywood sea broncearse el ano (así, tal cual). Hay que imaginarse a unos cuantos actores intentándolo en una playa a la que van llegando los cadáveres hinchados de quienes intentaron cruzar el océano con el propósito de vivir una vida digna —ellos y sus hijos—, para caer en la cuenta de lo inaceptable de la situación. Sencillamente, hay pecado original. Y es el que se traduce, antes que nada, como la indiferencia que mata.

creer que hay Dios

diciembre 3, 2019 § Deja un comentario

Una cosa es suponer que hay Dios. Y otra caer en la cuenta de que lo hay. Y mejor que lo sigamos suponiendo. Pues de haberlo, como pueda haber una presencia invisible en nuestra habitación, no podríamos soportarlo. Demasiado temblor de piernas como para confiar. A menos que se tratara de una presencia que nos inundara de beatitud. Pero en ese caso, tan solo habríamos descubierto una cosa más, aunque etérea. Como si tuviéramos una nueva droga con la que doparnos, aunque en este caso, fuera de dicha o bondad. Si no cabe negar a Dios, no hay Dios. Por suerte Dios, al ocultarse hasta la des-aparición, hizo el trabajo sucio por nosotros. Pues nacemos como los que no queremos saber nada de Dios —como los arrancados de una genuina alteridad que, sin embargo, creen poder contentarse con su imagen. Sencillamente, el haber de Dios no es el de la presencia, sino el de un eterno porvenir. Y por eso mismo es posible la esperanza. Aunque sea increíble. O por eso mismo.

la intuición de Heráclito

diciembre 2, 2019 § Deja un comentario

Heráclito dijo que no hay dos hojas exactamente iguales. Tarde o temprano salta la diferencia entre los clones. Incluso con respecto a dos segmentos iguales no cabe la igualdad: si la diferencia no salta al milímetro, saltará a la micra. La singularidad —que no lo común— es la Ley. Y quien dice singularidad dice el diferir. El arjé reúne —y al reunir reduce. Pero hay algo en el universo que se resiste a la reducción. Es la huella de la absoluta alteridad, y en definitiva, de un Dios, por el cual el todo no lo es aún todo. En la resistencia de la diferencia late un porvenir del que, sin embargo, no tenemos ni idea.

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