no a la contaminación

mayo 19, 2022 § Deja un comentario

Claro. Sin embargo, ¿acaso no seguimos consumiendo plásticos? ¿Hamburguesas? ¿Verduras seguras —esto es, con plagicidas? Que sigamos ingresando ¿es que no depende, en última instancia, de la obsolescencia programada? ¿Acaso no es esta obsolescencia el aceite que hace que gire el motor? Venga, vamos a manifestarnos contra la contaminación. Como si esta no tuviera que ver con nosotros, los manifestantes. El esquema, sin embargo, es viejo: la mierda que hay en nosotros, mejor depositarla sobre otros. (Aun así, algo habrá qué hacer. O no habrá nada qué hacer.)

mero cristianismo

mayo 18, 2022 § Deja un comentario

El cristianismo no es una religión entre otras. El Dios al que apunta no es un denominador común. Un cristianismo que, en su intento de hacerse un hueco en el mercado de las espiritualidades, concibe a Dios como una especie de fondo nutricio, olvida que Dios tiene cuerpo —y un cuerpo que terminó colgando de una cruz como si fuera un perro. Jesús de Nazaret no fue, según la confesión creyente, un símbolo de Dios entre otros, sino la carne de Dios, de tal modo que Dios —el Padre— no es aún nadie sin esa carne. Dios es el Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios. Y no parece que esto sea lo que dicen los hinduistas o los budistas. O el musulmán.

del ánima

mayo 16, 2022 § Deja un comentario

Basta con imaginar que, de repente, cualquiera de nuestras mascotas tuviera un rapto de melancolía —¡y nos los dijera!— como para caer en la cuenta de lo que es el alma. Como si no terminara de encontrarse en donde está. Al fin y al cabo, ninguna profundidad puede haber sin esa falta de coincidencia con uno mismo.

amaos los unos a los otros…

mayo 15, 2022 § Deja un comentario

La lectura de Jn 13: 34-35 suele provocar buenas vibraciones entre los creyentes. Pues ¿quién, en lo más íntimo, no se siente fuertemente inclinado al amor? Sin embargo, estas vibraciones pierden su fuerza inicial —su poder evocador— donde aquel a quien hay que abrazar huele mal, por no decir que escupe sobre nosotros. ¿Abrazar al leproso? Quizá no haya para tanto… Pero el cristianismo es muy consciente de que no hay amor sin sacrificio. Pero ¿quién podrá? No quien decida ponerse las pilas —esto sería pelagianismo—, sino aquel que responde a la acusación del muerto de hambre —una acusación que, sin embargo, se ofrece antes como el perdón de quién ya carece de fuerzas para acusarnos—: ¿dónde estabas? O también: ¿dónde, pues te estaba esperando? Al fin y al cabo, el amor nunca se decidió desde nuestro lado.

Matusalen

mayo 14, 2022 § Deja un comentario

Quizá las primeras generaciones de Israel —la de los patriarcas— estuvieron más cerca de saber de qué hablamos cuando hablamos de Dios que nosotros. Pues la experiencia que hubo detrás es la de estar en manos de quien da la vida y la muerte. O mejor, del Dios que nos ofrece la vida porque al final nos entrega a la muerte. Hay vida porque hay muerte. Y es que difícilmente vamos a percibir la vida como donación o milagro donde demos por hecho que no hay muerte, sino simplemente un paso a otra dimensión. Para dichas generaciones, la bendición de YWHW se traducía en una vida larga y plena. Que Israel pasara a esperar que Dios resucitase a los muertos no fue, por tanto, algo que se diera de entrada. Esta fe surgió, como es sabido, durante la época de los Macabeos y como respuesta a la cuestión acerca de qué vida pueden esperar los mártires de Israel, esto es, aquellos a los que, permaneciendo fieles a YWHW, se les arrebató la vida antes de tiempo. La convicción de fondo es que Dios no abandona a los suyos y, por eso mismo, los muertos tienen que resucitar. Hablamos del imperativo que va con la fe. No, obviamente, de lo que creemos que será porque no podemos soportar que la película termine mal. Hablamos, en definitiva, de lo imposible en nombre de Dios. Y es que la fe o apunta a lo increíble, o no es fe, sino suposición. Dios, sin embargo, no interviene ex machina. Pero este es otro asunto.

cronos

mayo 12, 2022 § Deja un comentario

La vida es demasiado corta como para saber qué es un dios. Si viviéramos mil años como ahora podemos vivir diez, quizá caeríamos en la cuenta de que incluso una madre puede convertirse en un extraña. Nada resiste la erosión del tiempo. No en vano cronos fue, durante siglos, el dios. Y que solo lo fuera durante siglos —que esta evidencia pasara a considerarse una superstición— confirma su supremacía. Quizá el presupuesto de la Modernidad sea, al fin y al cabo, una impostura. Pues creer que nos hallamos en el centro —que no hay dios— es una ingenuidad. Como quizá tampoco sea casual que el único Dios que estuvo a favor del hombre fuese aquel que, frente al tiempo, prometió una paz eterna. La profundidad del paganismo, sin embargo, es más creíble. Al menos, porque resulta evidente que nada permanece. Ahora bien, hay más realidad —más alteridad— en lo que desapareció que en lo palpable —en lo sepultado que en los estímulos del presente. De ahí que quién se encuentra expuesto a la desmesura de la alteridad no pueda esperar más que la imposible resurrección de los muertos. No hay equilibrio de las fuerzas. O Cronos vence, o vence YWHW.

al final

mayo 11, 2022 § Deja un comentario

¿Qué quedará de nosotros al final? Los griegos creyeron que la gloria, las gestas, lo digno de ser recordado. En definitiva, lo superior. Pues tan solo la superior brilla, destaca, se singulariza. Sin embargo, todo brillo se alimenta de viento. Y por eso no hay triunfo que tenga que ver con nosotros. Todo éxito es un malentendido. Nos iremos con las manos vacías. De ahí que prefiera creer que lo que permanecerá serán esos gestos de bondad de los fuimos capaces, a pesar de no terminar de ser buenos. Y permanecerán en aquellos que los recibieron. Aunque también nos iremos con la bondad —la piedad, el perdón— que recibimos. Y por la que fuimos —y seremos, aunque ignoremos el dónde y el cuando— absueltos. O eso espero.

Dios es bueno

mayo 10, 2022 § Deja un comentario

Decimos, Dios es bueno. Pero ¿qué hay detrás de esta afirmación? No me atrevería a decir que un hecho. Como si dijéramos que las focas comen peces. Pues la realidad de Dios no es la de los entes, sino la de una falta fundamental o un eterno por-venir. De topar con un ente inconmensurablemente superior aún no habríamos topado con Dios, sino con su sucedáneo. En realidad, Dios no es algo con lo que topar. ¿Entonces? Por lo común, es una afirmación que responde a un sentimiento: siento que hay un Dios que me ama. Ahora bien, en ese caso lo de menos es la verdad (y aquí la pregunta sería quién necesita decirse a sí mismo que cuenta con ese Dios). Cristianamente, la bondad de Dios no es un predicado de un Dios entendido a la manera de un ente espectral. Cuanto cabe decir de Dios en concreto es cuanto cabe decir de aquel que terminó colgando de una cruz (y regresando como crucificado con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo). Sencillamente, Dios es bueno porque lo fue su cuerpo, por decirlo así. Con todo, ello solo fue posible porque Dios como tal —y desde un principio— no quiso ser Dios sin la adhesión del hombre. De otro modo, porque Dios es su salida de sí —su negación de sí— hacia lo otro de sí. Digamos también bondad.

terraplanismo

mayo 9, 2022 § Deja un comentario

La tierra me sigue pareciendo plana. Pero sé que no lo es. De ahí que no diga que la tierra es plana, aunque actúe como si lo fuera. No sucede lo mismo con la religión. Así, muchos sienten que hay un Dios y que los tiene en cuenta, aun cuando sepan que el haber de Dios no es el de los entes. Sin embargo, y a pesar de saberlo, siguen diciendo que la tierra es plana. Religio duplex.

afinando

mayo 8, 2022 § Deja un comentario

Ante nuestras víctimas, ¿nos hallamos sub iudice? ¿O simplemente nos sentimos así? Desde Hume a Nietzsche el pensamiento moderno se decanta por lo segundo. En cambio, para Israel, la alteridad obliga, manda. Y obliga porque estamos en deuda con el otro. Pues es otro, precisamente, porque lo excluimos del todo. No cuenta —no cabe tenerlo en cuenta. Al negarlo —al convertirlo en invisible— hemos suprimido la adoración que reclama. En su lugar, el trampantojo de una imagen divina. Con el otro, por defecto, no cabe hacer otra cosa que preservar la distancia, respetarlo, conservar su aura, cuidarlo. En definitiva, responder a su invocación. Tan solo así es posible encontrarse con él. Donde olvidamos que existimos por haber negado a Dios —porque no lo echamos en falta— solo quedan los sentimientos. Y ya sabemos que estos, al igual que vienen, se van.

verdad y don

mayo 7, 2022 § Deja un comentario

La verdad —lo que en verdad tiene lugar— antes que una correspondencia entre enunciados y hechos, la cual siempre se decide desde el lado del sujeto del conocimiento, es lo que nos ha sido dado. Las condiciones de posibilidad del saber —las gafas que nos permiten hacernos una idea de cuanto nos rodea, unas gafas que llevamos puestas de fábrica, por decirlo así— no pueden dar fe de cuanto tiene lugar, en definitiva, del don. Tan solo de ciertas apariencias como adecuadas o conformes a. El don, en cambio, se nos ofrece y, por eso mismo, solo puede ser reconocido —y por extensión rechazado o aceptado. La donación es el índice de una genuina alteridad. Los padres que, tras la muerte del hijo, decidieron conservar el balón con el que jugaba, no proyectan un significado sobre lo que no es más que un balón: lo reconocen. Pues ese balón lleva adheridas las huellas del hijo. De ahí que el balón del hijo sea más que un balón. Al fin y al cabo, la pérdida —la desaparición— es el origen del valor. Y nada tiene el lugar —nada es verdadero— que no posea un valor absoluto.

una declaración

mayo 6, 2022 § Deja un comentario

Si Dios es, en verdad, un Dios hecho hombre, entonces Dios es el Dios del hombre de Dios (y en concreto, de aquel que cuelga de una cruz). No decimos el Dios de aquellos que creen o suponen que hay un Dios en las alturas que cuida de nosotros, aunque de un modo a menudo desconcertante. Esto es, no decimos, el Dios del homo religiosus, sino el del hombre de Dios. Y es que el hombre únicamente llega a ser de Dios donde permanece fiel hasta el absurdo a un Dios que no aparece como dios —a un Dios que no quiso ser nadie sin el hombre y que, por eso mismo, sigue siendo nadie con anterioridad a la sobrehumana entrega del hombre. De ahí que, cristianamente, estar ante Dios sea lo mismo que estar ante aquel que lo encarna —traducción: ante el cuerpo de Dios. No hay Dios al margen del crucificado. Con independencia del acontecimiento del Gólgota, el haber de Dios es el de un Dios por-venir —un Dios que está a un paso de caer en la nada. Con respecto a Dios, la confesión cristiana no dice otra cosa que la siguiente: el crucificado es el modo de ser de Dios, su quién (y no solo su ejemplificación). Pues con anterioridad al fiat del crucificado Dios, en sí mismo, es el aún nadie. Y lo es porque esta fue su voluntad desde un principio —la voluntad que es Dios, por decirlo así, y que se realiza como voluntad de Dios a través del fiat del hombre. Hay Dios —Dios se hace presente— porque Dios es el sujeto del hombre de Dios, es decir, la invocación o demanda a la que se encuentra sujeto el hombre de Dios. De ahí que el hombre de Dios sea la Palabra de Dios, su predicado, lo que Dios quiere decir. Y lo que Dios quiere decir es que es en el hombre de Dios y como hombre de Dios. En clave trinitaria, si Dios es la relación entre Padre e Hijo, entonces el Padre es el Padre del Hijo. Pues no hay Padre sin Hijo. Ni Hijo sin Padre.

Sin embargo, esto último, y por lo que hemos dicho antes, debe entenderse históricamente. Y es que con la caída Dios quedó enajenado de aquel en quien quiso reconocerse desde un principio —y por eso mismo, quedó herido de muerte como Dios (aunque por eso mismo, también se perdió por el camino la humanidad del hombre). Hasta el Gólgota, de Dios tan solo la voz que clama por la fe del hombre y cuyo eco escuchamos en el llanto de los sin Dios. Esta voz y la gracia de seguir con vida a pesar de existir como muertos. Dios es, sencillamente, la historia de Dios, una historia en la que estuvo en riesgo, de hecho, el ser o no ser de Dios. Y, por extensión, el del hombre. El cristianismo está lejos de ser una ilusión del hombre. En cualquier, será la de Dios.

aparecido

mayo 5, 2022 § Deja un comentario

Te levantas durante la noche y, de repente, te encuentras con una aparecido frente a ti. Inevitablemente, te tiemblan las piernas. ¿Qué revela, sin embargo, este temblor? Que el mundo es mundo por la fuga de lo irreductiblemente extraño. Esto es, por lo que lo trasciende. Lo que ves —el fantasma— no es una posibilidad del mundo o, cuando menos, no es lo habitual. ¿Hablamos de una figura de de una alteridad avant la lettre, de lo que es al margen de su aparecer? Ciertamente. Pero toda figura miente. Pues bastaría con acostumbrarse para que se disolviera su carácter espectral. Y es que el Otro, como tal, no puede aparecer. Es un imposible. De ahí que sea un nadie. Todo aparecido, sin embargo, clama por incorporarse —por volver a hacerse cuerpo. Por eso, más que nadie, se presenta como el aún nadie. No es casual que, bíblicamente, la alteridad de Dios encuentre su envés en los que no cuentan —en los que dejamos atrás en nuestro pasar de largo. Pues si el pobre irrumpiese en nuestra vida irrumpiría como aparecido, esto es, como el aún nadie. En definitiva, como Dios. Lo dicho: de entrada, temor y temblor.

Dios y la gramática

mayo 4, 2022 § Deja un comentario

No nos libraremos de Dios hasta que no nos libremos de la gramática, dijo Nietzsche. Pero Dios ha muerto, según Nietzsche (y también Lutero, aun cuando Lutero añadiese unas notas al pie). Esto es, Dios como los dinosaurios. Vivimos en la época en la que Dios es apenas una suposición. ¿Dónde queda, entonces, la gramática? ¿Es que acaso Nietzsche pudo liberarse del sujeto proposicional? La aportación de Nietzsche, dejando a un lado sus excesos acerca de übermensch, ¿no será la pregunta que se interroga sobre qué dios habremos puesto en el altar vacío de Dios?

un breve

mayo 3, 2022 § Deja un comentario

Estar expuestos a la trascendencia és hallarse expuestos al abismo que nos separa de Dios. ¿Su presencia? La de un levantado en su nombre. Demasiado para el cuerpo. Como para tener luego que intimar.

la gran objeción

mayo 2, 2022 § Deja un comentario

No hay esperanza para los malditos de Dios que no suponga un confiar en el poder de Dios, un poder capaz de resucitar a los muertos. Aunque sea un poder impotente sin las manos del hombre. Ahora bien, no parece que esto sea muy distinto a poner los dedos en un enchufe (y aquí lo decisivo es que la central eléctrica proporciona la corriente). Sin embargo, lo es. Al menos, porque esta visión del asunto aún resulta demasiado creíble como para que la esperanza apunte a lo imposible.

eucaristía y espíritu

mayo 1, 2022 § Deja un comentario

Para un cristiano, el pan con el que se comulga es el cuerpo de Cristo. Aquí cualquier antropólogo podrá encontrar vestigios de la convicción de los primeros cazadores: la carne de la presa transmite la fuerza necesaria para seguir con vida. Otro asunto es que, al comer a diario, hayamos olvidado la conexión que nuestros ancestros —y los pobres de siempre— vivían a flor de piel: que un animal tiene que morir para que otros puedan vivir. El sacrificio es la base de la existencia. Y es por ello que el culto eucarístico posee una connotación sacrificial. Inicialmente, el pan eucarístico era, tal cual, el pan de cada día. El pan que se ganaba durante la semana, por decirlo así, se compartía. Ningún miembro de la comunidad pasará hambre. En esto consiste, en definitiva, el milagro de la multiplicación de los panes. De ahí el íntimo vínculo, tal y como leemos en el relato de Emaús, entre el espíritu de la resurrección y compartir el pan, lo cual sería, hoy en día, como compartir el sueldo. Los tiempos han llegado a su final —y al margen de las fechas, para los pobres cualquier tiempo es terminal. Por tanto, nada de lo que suele importarnos, importa. Únicamente, el espíritu de la fraternidad. Sin embargo, donde no hay fraternidad que valga —donde aún confíamos en nuestras posibilidades—, la comunión pasa a ser un acto puramente devocional o psicológico, por no hablar de la mistificación que supone creer que en la sagrada forma se encuentra, vete a saber de qué modo, la sustancia de Cristo. Y de aquí a tomar el nombre de Dios en vano media un paso —y un paso más bien corto.

la sabiduría del tabú

abril 30, 2022 § Deja un comentario

¿A qué obedece el tabú de no matar? Mejor dicho, ¿por qué necesitamos que el mandato se imponga como tabú? ¿Acaso no basta con la ley? Quizá porque el hombre se guía por las apariencias, por lo que le parece que es. Y no sería la primera vez que los otros se nos aparecen como una plaga de ratas.

del ver y la verdad, esto es, de Caín.

abril 29, 2022 § Deja un comentario

Nos preguntamos qué hay de verdadero —de sólido— en cuanto hay o nos ocupa. ¿Acaso que lo que hay es que no hay nada sólido —que todo es un ir y venir? Otra sería la respuesta si por verdadero entendiéramos lo que en verdad tiene lugar. Pues entonces comenzamos a pisar aire. Al menos, porque lo que tiene lugar no se decide de nuestro lado —desde el criterio—, sino desde el lado de la interpelación del aún nadie. Aquello que tiene lugar —aquello que acontece y no simplemente pasa—, y aquí sobra el aquello que, es por defecto la alteridad, lo extraño avant la lettre. Sin embargo, la alteridad no se da en los tiempos del presente indicativo. Su realidad, la de un fue inmemorial —la de un continuo retroceso con respecto a su forma, aunque puede que, por eso mismo, la de un eterno por-venir. Y es que ver es reducir, asimilar, re-presentar. En la representación, la alteridad es tan solo un presupuesto —lo que tuvo que dejarse atrás (y por eso mismo roza la irrealidad). La mente es un lecho de Procusto. De ahí que no sea casual que la primera intervención de YWHW sea una demanda: ¿dónde está tu hermano Abel? Como si se nos quisiera dar a entender que únicamente el semejante se revela como hermano donde topamos con nuestra orfandad.

doxa

abril 28, 2022 § Deja un comentario

No es casual que doxa significase originariamente tanto brillo como apariencia —y de ahí que terminase siendo sinónimo de opinión, de un creer que uno sabe de lo que habla. El lenguaje dice más de lo que dice: tan solo hay aprender a hurgar. Y es que, de entrada, somos reos del aspecto, de las superficies —de su resplandor. Quizá porque en el fondo anhelamos lo sin tara, lo cual no deja de ser el envés del desprecio que sentimos por nuestra deformidad (y de paso por el deforme que la representa). En cualquier caso, el polvo siempre por debajo de la alfombra. Y hay que partir de ahí… si uno pretende desprenderse de su infancia. O, cuando menos, de su confusión. Pues el bien no se encuentra del lado de la pureza.

límite y trascendencia

abril 27, 2022 § Deja un comentario

Solo quien puede seguir avanzando sabe lo que es una frontera. Sin embargo, donde hay una frontera, hay un más allá. Y esto es así por defecto. Ahora bien, hay dos tipos de frontera: la circunstancial y la absoluta. Con respecto a la primera, de hecho no podemos avanzar, pero podríamos… si hubiera una puerta. Aquí el más allá es una prolongación, aunque quizá desconocida, del mundo, y por eso mismo algo de lo que es posible hacerse una idea. En relación con la segunda, no cabe dar un paso al frente. Se trata del non plus ultra de la existencia. Hablamos, obviamente, de la muerte. Y aquí el más allá es inconcebible, al menos honestamente. El más allá de la muerte se nos ofrece como un puro haber —como una absoluta extrañeza o alteridad, que, como tal, no admite representación. Pues se presenta como no siendo (y de ahí que no quepa re-presentarla). La profundidad comienza, me atrevería a decir, con un hallarse expuesto a este más allá. Ciertamente, podríamos creer —o simplemente imaginar— que la muerte es un parto que nos arroja a otro mundo. Pero con ello tan solo habríamos conseguido desplazar la frontera. Pues incluso en el caso de que en ese nuevo mundo no hubiera muerte, de seguir habiendo un yo de por medio, el todo seguiría siendo un no-todo. No obstante, podría darse el caso de que el carácter otro del puro haber fuera únicamente la de una vida que continúa sin ti. Esto es, un tiempo en el que no cuentas, ni puedes contar. Y esto sería Nietzsche.

del perdón y la fe

abril 26, 2022 § 1 comentario

Al igual que, estrictamente, tan solo se puede perdonar lo imperdonable, tan solo cabe creer en lo que humanamente no es posible creer. Pues lo que no es perdón es una simple disculpa. Y lo que no es fe, suposición. Tan solo el daño irreparable exige un perdón. Paralelamente, en la suposición permanecemos a resguardo, en modo alguno ex-puestos a una genuina alteridad, la cual siempre se ofrece como la del aún-nadie. Ni la disculpa, ni la suposición trascienden la inercia. En el caso del perdón y la fe nos enfrentamos, en cambio, a un imposible, a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. Y donde no nos encontramos expuestos a lo imposible permanecemos en la situación del bonobo, aunque con un poco más de inteligencia. Quizá no sea casual que el perdón y la fe vayan de la mano. Al menos, porque el perdón es un acto de confianza en quien no merece ninguna confianza. La cuestión es, sin embargo, en nombre de qué —o de quién— caben el perdón y la fe.

subsistemas

abril 25, 2022 § Deja un comentario

No hay sociedad o sistema social, salvo como abstracción. Hay subsistemas. El mundo de los negocios, el del poder, el de la política… Está también el mundo de los ascetas, el del homo religiosus, el de los amantes de la verdad. Uno tiene que elegir. O acaso no pueda. Pues nace como nace. En cualquier caso, la virtud está al alcance de cualquiera. Esto es Platón. Otro asunto es el subsistema que domina culturalmente, el que le imprime un sesgo a la época. Y hoy en día ya no es el de la cristiandad. Obviamente. Es el del poder de los negocios. El cristianismo no puede pretender la hegemonia. Tampoco la de servir de complemento. Su posición es la de la resistencia.

primavera

abril 24, 2022 § Deja un comentario

Basta con apretar el botón de las hormonas para que todo se ponga en marcha. Como si fuéramos títeres. ¿Libertad? ¿Acaso la de verse a uno mismo desde fuera, la que proporciona la reflexión, ese volver sobre sí como quien topa con un extraño? Sin embargo, los resultados de la reflexión difícilmente llegan a ser incorporados. La sensibilidad sigue con la suya. Aun cuando sepas que la inclinación es siempre una reacción, en el día a día te siguen gustando los dulces, por decirlo así. A menos que el cuerpo deje de acompañarte. Es entonces que devienes un irónico: juegas como aquel que no está en el juego —como el que intuye, al menos, que el juego es otro. El extraño que hay en ti toma la plaza. Vives como un desplazado del mundo. El cristianismo añade, con todo, una guinda: como desplazado, sí, pero junto a los desplazados. Y cavando. Al fin y al cabo, la libertad tiene que ver con haber alcanzado el non plus ultra de la existencia. Sin embargo, por eso mismo, hay más allá. Aunque no necesariamente el de otro mundo. Es suficiente con que la vida siga sin ti (y aquí el nihilista tendría razón). En cualquier caso, no pertenecemos al mundo. Y esto es gracia. O lo que viene a ser lo mismo, de agradecer. El resto —lo que pueda venir después— es inconcebible, por no decir paradójico. Como el gato de Schrödinger. Así, o nos hallamos expuestos al misterio —que no a algo aún por descubrir—; o Nietzsche estuvo en lo cierto.

sheol

abril 23, 2022 § 1 comentario

¿Qué pueden esperar los muertos en vida? ¿Aquellos para los que todo es No? ¿Para el que está solo en una celda de aislamiento? Todo es oscuridad para el deprimido. Al resto, las cosas les van más o menos bien. No a ti. No cuentas, no eres nadie. Perteneces al sheol. ¿Dios? ¿Puedes creer que siempre te acompaña y que sufre contigo? Esta creencia ¿no se encuentra cerca del placebo? Que Dios sea un Dios de vivos puede entenderse de dos modos. O bien, que no hay Dios para los muertos. O bien, que Dios no quiere que mueras —y de ahí la esperanza en la resurrección. Sin embargo, teniendo en cuenta que el asunto de la resurrección de los muertos es, cuando menos, problemático, la anterior alternativa es como decir o la tierra es redonda, o soy Napoléon. Y evidentemente, no eres Napoleón. Traducción: o la cruz es un fracaso —y el destino del hombre de Dios es topar con la falta de Dios—, o el crucificado es el Hijo de Dios. Y sin resurrección, lo segundo suena a broma.

pedagogías

abril 22, 2022 § 1 comentario

Parece que ahora se trata de educar en competencias. Nada de memorizar y vomitar. De acuerdo. Sin embargo ¿de qué estamos hablando? Básicamente, de que los chicos, al terminar su formación, sean capaces de entender —y a ser posible, de manera lo suficientemente crítica— un texto que vaya más allá de los cuentos infantiles (o los mensajes de Instagram). Y esto implica ser capaz de plantear buenas preguntas. También, de que estén lo suficientemente familiarizados con el lenguaje de la matemática, de manera que puedan resolver problemas que exijan un planteamiento abstracto. Estas son, grosso modo, las competencias.

Ahora bien, el prejuicio dominante es que estos objetivos se pueden alcanzar reduciendo contenidos. Y esto es, en parte, así: no es necesario acumular ingentes cantidades de saberes. No obstante, lo que solemos escuchar es que los contenidos no importan. Y esto no es así. Es imposible leer un texto de una cierta complejidad sin haber integrado en cierta medida algunos saberes fundamentales. O al menos, no cabe hacerlo críticamente. Es como si en la facultad de periodismo no se impartieran asignaturas relacionadas con la historia, la socio-política o la economía: los estudiantes aprenderán a maquetar un periódico o a destacar los titulares de un telenotícies, pero serán incapaces de escribir un artículo. De ahí que tengamos que escuchar que, dado que los contenidos apenas importan, cualquiera puede impartir cualquier materia. Esto quizá valga para primaria. No, para secundaria. Ciertamente, cualquiera puede dar clase de lo que sea. Pero, si es cualquiera, lo hará mal. Sencillamente, no podrá responder a las preguntas de los alumnos más interesados en aprender. Tampoco será capaz de inducirlas. De hecho, el dato es que los chicos cada vez más esperan que alguien —y alguien que sepa de lo que habla— les explique algo interesante y que, por eso mismo, vaya más allá de lo que pueden encontrar en la wikipedia. Alguien, en definitiva, que les abra los ojos. Y es que los alumnos no dejan de ser humanos.

Más aún: se nos dice también que la escuela ha de preparar a sus alumnos para la vida. De acuerdo, también. Pero no se les preparará donde se deje a un lado la formación del carácter. Pues la vida tiene mucho de cuesta arriba. Sin embargo, ¿qué carácter saldrá de aquellas escuelas en las que, siguiendo fil per randa los nuevos vientos pedagógicos, la cultura del esfuerzo ha sido estigmatizada? Y quien dice cultura del esfuerzo, no dice, por supuesto, aquello de que la letra con sangre entra. Hace años que nadie va por ahí. ¿Es posible que alguien crea honestamente que se puede aprender algo serio jugando, como quien dice? De entrada, el juego puede estar bien. Pero tarde o temprano, uno debe coger el toro por los cuernos. Y entonces el juego es otro. A menos que no se trate de un toro, sino de un torito de peluche.

De ahí que dé la impresión de que la educación actual no tiene otro propósito que el de no traumatizar a los chicos, aun cuando se pongan sobre la mesa objetivos más ambiciosos. Ciertamente, no se trata de traumatizarlos. Pero si un chico se traumatiza porque ha suspendido mates, pongamos por caso, a pesar de haber estudiado mucho, el problema no está en el profesor de mates, sino en el chico. También hay que aprender a levantarse. Y no lo conseguiremos si la estrategia es bajar el listón. Al fin y al cabo, educar es forzar —hay que acostumbrarse a nadar contracorriente, aunque la educación no consista solo en eso—… evitando, eso sí, que se rompa la maquinaria. La escuela es un espacio de maduración. Y no puede haber maduración donde no tensamos un poco la cuerda. Donde los retos son fácilmente asumibles, hasta el punto de que aprobar salga prácticamente gratis, seguimos en la infancia. Me atrevería a decir que la escuela deviene una estafa en el momento que un chico que, por ejemplo, suspende los ejercicios de mates termina sacando un notable… vete a saber con qué criterios.

ariel

abril 21, 2022 § Deja un comentario

Cuando alguien dice “esto lo tengo clarísimo” es que aún no se ha hecho las suficientes preguntas.

inhumana pureza

abril 20, 2022 § Deja un comentario

La pureza es inhumana. De ahí que Israel nunca se tomara muy en serio la creencia en la inmortalidad del alma (pues la perennidad de los espectros no tiene que ver con nosotros). ¿Un amor sin sexo? ¿Acaso no valdría con cualquiera? Pero ¿quién, entonces, podría soportarlo? El amor se hace. Y las almas no tienen manos. Ahora bien, las manos, tarde o temprano, alcanzan el barro. No hay plata sin ganga. Por suerte. Ciertamente, seguimos aspirando a la pureza de la divinidad —a un amor sin tara. Pero ¿quién podría soportar ser un Dios? Ni siquiera Dios pudo tolerar ser solo Dios.

el despojo de Dios

abril 16, 2022 § Deja un comentario

Jesús murió en la cruz como un apestado de Dios. La crucifixión transformaba el cuerpo de un hombre en un despojo. Nada que ver con la serena muerte del asceta. Deberíamos imaginar el rostro del crucificado como el de un enajenado, con los ojos fuera de las órbitas. Esto es, soportando el peso del mal. Y quien lo soporta no puede menos que repugnarnos. Como un saco de vísceras. Hay que tener mucho estómago para confesar que ese carne es la de Dios. O mucha humildad para aceptar su perdón. ¿Cómo pudo el que fue abandonado de Dios morir abandonándose a Dios? ¿Acaso esa fe no fue la de un muerto, la de quien ya no podía esperar nada del mundo? ¿No es cierto que, por eso mismo, su último aliento, el que nos da la fe, lo entregó regresando de la muerte, aun colgando, con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo? Es posible que la única pregunta que importe sea qué tienen que decirnos los muertos. O mejor, ese muerto. Aunque, obviamente, no nos lo parecerá donde seguimos tan satisfechos de nosotros mismos (y puede que también de nuestra fe).

desde el otro lado

abril 13, 2022 § Deja un comentario

Decimos: lo real, en su darse, desaparece en su carácter otro. Pero ¿Qué es lo Otro en sí mismo o para sí mismo? Por lo dicho, aún nada o nadie. De lo Otro como tal solo podemos hablar desde nuestro lado. ¿La alteridad? Un eterno porvenir. Quizá la pregunta por la esencia del Otro no tenga otra respuesta que la de aquel que ocupa su lugar. Y acaso entonces el Otro se revele como un quién cuyo cuerpo se halla frente a sí (y colgando).

carne

abril 11, 2022 § Deja un comentario

Según Platón, somos almas (y el cuerpo, una cárcel). No eres el cuerpo que habitas. La cuestión es que el bonobo que llevamos dentro no lleve las riendas, que no impida nuestra aspiración más honda. Israel, en cambio, nunca concibió lo humano en estos términos. La persona es carne, la unidad de cuerpo y alma. La única escisión que cuenta es la que separa a YWHW del hombre. De lo que se trata, en definitiva, no es de mantener el bonobo a raya, sino de modificar la sensibilidad… si es que esto es posible solo desde nuestro lado. Traducción: que no te guste lo que no importa; que, al final, llegues incluso a aborrecer todo lo que supone alimentarse de viento.

Felicitas

abril 3, 2022 § Deja un comentario

Dices: no soy feliz. ¿Acaso no tuviste éxito? ¿Fracasaste en el amor? A papá ¿todavía no le gustan tus dibujos? Quisiste ser un héroe. Pero te has dado cuenta de que la vida únicamente reparte oficios. Felicitas fue la diosa romana de la prosperidad. Pero los dioses siempre mienten. Te alcanzó la suerte. Y, sin embargo, no fue suficiente. ¿En qué consiste saber vivir? ¿Qué sabe quien ha alcanzado la dicha? ¿Quizá que lo que nos hace felices no es algo que podamos poseer, sino tan solo amar? Y quien dice amar, dice perseguir. Puede que no haya otro espíritu que el de una búsqueda sin término. ¿A qué altura te expones? ¿Cuál es tu inquietud? Memento mori. Que no te pueda lo que no importa. El todo nunca fue el todo. Dices que tu existencia es gris. ¿Pero es posible que lo sea porque aún crees que tan solo las chuches te harán feliz?

Carmen es una carca (o sobre el poliamor)

abril 2, 2022 § 3 comentarios

Las costumbres cambian. Pero las costumbres, incluso las buenas, tienen que ver con lo impersonal: con lo que se hace, se lleva… Así, entre los jóvenes de ahora, lo más parece que es salir con alguien pero sin que ello excluya poder echar, de vez en cuando, una cana al aire. El discurso —lo que se dice—: si te apetece, ¿por qué no? A mi pareja no le importa. De acuerdo. Esto es, de mútuo acuerdo. Algunos de sus mayores, ciertamente, no terminan de comprenderlo. Unos carcas, responden los chicos (y no tan chicos). Sin embargo, la pregunta no es ¿por qué no?, sino ¿qué significa que no nos importe? ¿A quién no le afecta que su pareja se líe con otro puntualmente? Es decir, ¿qué tipo de yo hay detrás de esta actitud?

A mí no me importa prestar la blackdecker al vecino cuando me la pide. Al fin y al cabo, hablamos de algo que, en tanto que útil, terminará, tarde o temprano, en el container. Pues el destino de lo útil es, precisamente, la inutilidad, el desgaste. Pero sí me importaría prestar a mis hijas para que otros hicieran de padres durante unos días… incluso si ellas me lo pidieran. ¿Debería no importarme? En el caso de que no me importase ¿qué estaría diciendo sobre mi relación con ellas —y, en definitiva sobre mí mismo—? ¿Acaso que mis hijas únicamente satisfacen mi necesidad de tener descendencia? Uno no puede evitar la sospecha de que en las parejas abiertas el otro no ha terminado de entrar. Simplemente, estoy bien con él o ella —o incluso muy bien—, pero puedo vivir sin él o ella. Todo desde la barrera. No parece que haya aquí mucha intimidad. Y puede que no haya intimidad porque no hay intimidación. En el amor, el otro irrumpe como único (y por eso mismo, interrumpe la continuidad de los días). Es lo que tiene la alteridad. Pues, de hecho, tan solo cabe amar lo que, como alter, no podemos poseer (y sin embargo, nos reclama o exige una respuesta incondicional).

Con todo, el amor es tan extraordinario como difícil. No es lo habitual. Mientras, fem el que podem. Es decir, nos dejamos llevar por lo que se lleva… creyendo que es lo más auténtico, cuando se trata simplemente de la novedad, ese simulacro de lo nuevo. Nos equivocamos donde confundimos el amor con la inclinación, por no decir, la excitación —en definitiva, el deseo con el amor—. Es lo que tiene ser unos consumistas. Pues la lógica del poliamor es la del super. Al fin y al cabo, uno es lo que ama. Pero podemos pasarnos toda una vida sin amar nada o a nadie, comprando —y desechando— cosas. Quizá el problema sea que con el tiempo los chicos del poliamor se den cuenta de que las nuevas costumbres no son mejores que las viejas. Toda costumbre es gris (y el amor, denso). Pero entonces acaso descubran el Mediterráneo. ¿Qué pasa si a mi pareja no le importa que me acueste con otros? Literalmente, no pasa nada. O mejor, nada acontece o tiene lugar. Es decir, acontece la nada. ¿A quién quieres engañar diciéndote que es lo más? Será cierto que las mujeres y los hombres se distinguen entre los que están a favor de la búsqueda y los que no. Y, en el fondo, lo que buscamos es la aparición. Aunque lo ignoremos. Ahora bien, donde renuncias a la aparición, el mundo gana. Y al mundo solo le interesa que te reproduzcas.

Nietzsche y Pablo

abril 1, 2022 § 3 comentarios

Probablemente, Nietzsche entendiera el cristianismo mejor que muchos cristianos. Sin embargo, no pudo ser cristiano. Y no tanto porque se embriagara con la figura del übermensch, sino porque, en definitiva, donde la resurrección de los muertos necesita ser traducida para ser modernamente digerible —diciendo, por ejemplo, que la fe en la resurrección es un modo de decir que Jesús sigue vivo en nuestros corazones—, el cristianismo pasa a ser otra cosa. Como dijera Pablo, si los muertos no resucitan, vana es nuestra fe (y puede que no sea casual que vano conecte con vanidad). Ahora bien, lo cierto es que esto de la resurrección cuesta de tragar hoy en día (aunque también antiguamente).

Con todo, es igualmente cierto que, tarde o temprano, deberíamos caer en la cuenta que la fe en Dios o apunta a lo imposible —a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad— o no es fe, sino suposición. Y apunta a lo imposible no a causa de nuestra necesidad de un final feliz, sino en nombre, precisamente, del acontecimiento de lo imposible —la bondad, el perdón del enemigo…— en medio del infierno. Para comenzar a entender, cuando menos, de qué va el asunto de la resurrección acaso no estaría de más tener muy presente el episodio de las madres de El Salvador, aquellas campesinas que dieron su sangre para que pudieran seguir con vida aquellos soldados que agonizaban y que, momentos antes, habían forzado y asesinado a sus hijas en una operación de la Guardia Nacional contra la guerrilla. Evidentemente, esas mujeres ya no tenían vida por delante (y en este sentido, podemos decir que estaban muertas). Quizá el cristianismo no pretenda más que dar fe de lo que este gesto revela acerca de Dios, un gesto que mimetiza, por decirlo así, el que tuvo lugar en el Gólgota. Y lo que revela no es un dios titiritero, sino aquel que no es nadie sin el cuerpo de quienes obedecen su voluntad, aun cuando no pueda ser de otro modo que sin Dios mediante. Esto es, como si no hubiera Dios.

Así, cristianamente, la verdad —lo que en verdad acontece y no simplemente pasa o sucede— tiene que ver con la vida que podemos esperar tras la muerte. Y esta vida no tiene nada que ver con la superviviencia de espectros puros en un supuesto más allá, sino con una Nueva Creación. Lo dicho: imposible. Ahora bien, donde no cabe la posibilidad de lo imposible —de lo absolutamente nuevo— o, en palabras de Pablo, donde no cabe esperar contra cualquier expectativa, Nietzsche tiene, sencillamente, razón: nada, al margen de un eterno retorno del ruido y la furia (a pesar de que a momentos aún quepa asombrarse del crecimiento de la hierba).

fantástico

marzo 31, 2022 § Deja un comentario

Con el desencuentro hay que contar. La cuestión —acaso la única que importa— es qué hay tras el derrumbe.

Sócrates, Amós, Casandra

marzo 30, 2022 § Deja un comentario

El destino del filósofo —acaso también el del profeta— no es otro que el de Casandra. Dirá la verdad —o mejor dicho, que hay verdad, pero no para nosotros—. Pero nadie estará dispuesto a admitirlo. Para los comunes, lo que nos parece que es, la opinión —el se dice, se hace—. También la satisfacción como horizonte. En modo alguno, la búsqueda.

de lo alto y lo bajo

marzo 29, 2022 § Deja un comentario

Es cierto que uno es, en gran medida, lo que come. También en lo relativo a los asuntos del alma. No creces del mismo modo donde te pasas el día oyendo reggaeton que escuchando con frecuencia a los clásicos. O leyendo tweets en lugar de a Shakespeare. Educar supone, en gran medida, decirlo (y sin complejos). Porque, sencillamente, es así. En el reggaeton no hay silencio. Mientras, puedes hacer otras cosas. Freir unos huevos, por ejemplo. El bonobo que llevamos dentro salta (y está bien que, de vez en cuando, salte). En cambio, en Bach o Shakespeare, las frases apuntan al nadie-ahí. Por eso su canto acaso sea lo único que pueda inspirar la piedad de un dios. Cuando Elisabeth Schwarzkopf entona las primeras notas de Erbarm dich —o el actor declama deformado, inconcluso, enviado antes de tiempoya no puedo convertirme en amante— difícilmente cabe continuar con lo nuestro. Pues el resto es silencio. Y nada más real que lo que resta.

polis y religio

marzo 27, 2022 § Deja un comentario

El esquema del mito se repite religiosamente: pureza-caída-restauración. No solo con la religión, sino también con el romanticismo político. Hitler siguió este esquema. También, Milosevic, Putin o la yihad. La clave: el pueblo alemán, serbio, ruso, creyente… El mismo perro con distintos collares. Hoy en día, la esencia de un pueblo convoca lo que convocaron los antiguos sentimientos religiosos, aquellos que apuntaban al arraigo, a la convicción de un formar parte. La respuesta ilustrada siempre fue, sin embargo, el pacto entre los distintos, la democracia imperfecta, con su especepticismo de fondo con respecto al Bien. Pues el precio de la paz —y la paz en política es siempre una tregua— no es otro que la devaluación de la creencia. La fraternidad, ciertamente, es lo pendiente. Pero la fraternidad nunca fue de este mundo. Debiéramos preguntarnos si acaso el laicismo democrático, a pesar de lo dicho, no estará más cerca del Reino que los regímenes que pretenden realizarlo.

nietzscheanas 55

marzo 25, 2022 § 6 comentarios

¿Qué queda del cristianismo donde ya no sabemos qué hacer con la resurrección de los muertos? Queda Nietzsche. Y no porque Nietzsche fuera simplemente un heraldo del ateísmo, sino porque lo fue al tomarse el cristianismo al pie de la letra… donde ya no era posible creer en el relato de zombis buenos con el que terminan los evangelios. Como si este relato fuera el añadido de un final feliz ex machina que los productores de Hollywood obligan a introducir en aquellos guiones que terminan mal. De hecho, Nietzsche supo leer a Pablo: si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, en definitiva, una insensatez. ¿Un Dios colgando de una cruz? ¿Y por amor a su criatura? ¿Es que hemos olvidado lo que significa ser un Dios? ¿Qué se le revela al apestado de Dios? Que el Padre no está por la labor. Como si no hubiera nadie más allá. Pues, si lo hubiera, como dijera Epicuro, en realidad no da la impresión de que se interese por nosotros. ¿Cómo podría hacerlo si la distancia que lo separa del hombre es análoga a la que media entre cualquiera de nosotros y las pulgas de nuestras mascotas? Sin resurrección, el abandonarse a Dios del abandonado de Dios es un delirio. Al menos, porque es como abandonarse a un nadie-ahí.

Ahora bien, Nietzsche fue posible porque modernamente carecemos de un lenguaje que nos permita comprendernos como aquellos que se hallan expuestos a un alteridad cuya realidad es la de un pasado inmemorial y, por eso mismo, la de un eterno porvenir. Ahora bien, esto es como decir que, como tal, no es. Al menos, porque no hay nada que sea que no se haga presente de una manera determinada. Dice Nietzsche: nada absolutamente otro por encima de nuestras cabezas. En cualquier caso, tan solo falsas representaciones del Otro. Y ciertamente no lo hay, en el modo del presente indicativo (aunque de ello ya se dieron cuenta, antes que Nietzsche, los profetas de Israel). Pero si Nietzsche hubiese leído a Hegel, quizá hubiera comprendido que el haber de una alteridad avant la lettre es, en realidad, lo que solo puede darse dejando atrás —esto es, fuera de los tiempos— su carácter enteramente otro o extraño. Esto es, negándose a sí misma, como quien dice, para llegar a ser en lo otro de sí misma. Dios solo puede darse como cuerpo de Dios (y no precisamente espectral). Y en esto consiste su poder: en su querer vaciarse de divinidad. O también, en su poder renunciar a su poder. De lo contrario, la voluntad de poder estaría por encima de Dios. Al fin y al cabo, la revelación cristiana consiste en un caer en la cuenta de que Dios es, en verdad, no lo que naturalmente imaginamos como divino, sino el cuerpo de un crucificado en su nombre. Y, sin duda, esto está muy cerca de decir que no hay Dios. Pero también lo está —de hecho, es lo que se anuncia— de afirmar que el nadie-ahí llega a ser alguien por la entrega incondicional del hombre de Dios (y por eso mismo, el cristiano confiesa que el crucificado es el quién de Dios, su modo de ser y no tan solo su ejemplificación). Es lo que tiene un Dios que depende del hombre que depende de Dios. No hay Dios al margen del crucificado que se abandona a Dios. Esto es lo que proclama el cristianismo. No, la religión. Y Nietzsche hubiera estado muy cerca de comprenderlo si no hubiera preferido erigirse, según palabras de Lou Andrea-Salomé, en el profeta de una humanidad sin prójimo.

lenguaje y fragmento

marzo 24, 2022 § Deja un comentario

Donde hay lenguaje no puede haber integridad. El otro queda fragmentado, entre el sí y el no —entre, por ejemplo, lo que nos agrada de él y lo que nos disgusta. Intentamos separar las espinas. Pero las espinas van con el pescado. Pues quien dice lenguaje, dice juicio. Cuando decimos algo de algo se olvidan los nombres en favor del significado, el sentido. La cosa pierde su unidad, una vez nos preguntamos qué es. La cosa, en cualquier caso, se presenta como un porvenir o promesa —y, además, increíble. Pero puede que la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— se decida en relación con lo increíble. Quizá no estaría de más releer a Von Hofmannsthal.

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