hablemos de papá

agosto 3, 2021 § Deja un comentario

Quizá no sea causal que la idea de Dios corra a la par con la figura paterna tal y como se da en la estructura familiar. Así, el Dios distante —trascendente hasta la médula— sería el propio de una época en las que los hijos apenas ven a su padre, ocupado en los asuntos del campo o de la guerra. Papá es intocable —y su voz, indiscutible—. Una bestia, aunque amable. En cambio, el Dios cercano aparece donde el Padre ha caído de su pedestal hasta convertirse en un compañero de juegos. Aquí papá y mamá se reparten las tareas. Podríamos decir, a la manera de Marx, que la creencia es el reflejo de las condiciones materiales de la existencia. Y es posible que sea así. Aunque también podríamos decirlo a la inversa: la figura paterna a la antigua deja de funcionar una vez, envalentonados por nuestro mayor dominio de tot plegat, nos vemos capaces de prescindir de Dios. Donde papá se limita, simplemente, a pagar el nuevo iphone va a ser muy difícil caer en la cuenta de que existimos sub iudice.

verdad y tiempo

julio 25, 2021 § Deja un comentario

Aun cuando estemos convencidos de que en Dios tiene más peso lo extraño que lo familiar —que su realidad es propiamente la del aún nadie que la de un ente espectral— resulta muy difícil, de creer, que no nos dirijamos a Dios como si fuese alguien. Aunque hayamos admitido que estar ante Dios supone estar ante los abandonados de Dios —y por tanto, sin Dios—, para el creyente resulta casi inevitable intimar con el fantasma. A pesar de que sepamos que en la mujer que abrazamos prevalece lo intangible, en el día a día se imponen los requisitos del (con)trato. Nadie niega, salvo el insensato, que la tierra gire alrededor del sol. Sin embargo, seguimos diciendo que es el sol el que se mueve. Hay un desencaje entre la verdad y lo que nos parece —o por decirlo al modo clásico, entre alma y cuerpo—. Pues la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— se ofrece como aquello que, estando ahí, somos incapaces de ver (y por eso para caer en la cuenta necesitamos volver sobre lo visto, esto es, diseccionarlo). Como si la verdad estuviera por debajo —o por encima— de las apariencias. O también, como si la hubiésemos dejado escapar —como si lo que acontece en el presente fuera un haber sido, un eterno por regresar—. Nuestra relación con la verdad, por consiguiente, no es como la que mantenemos con cuanto poseemos. De ahí que aquellos que han logrado interiorizarla suelan guardar una distancia irónica en todo lo que dicen y hacen o, en cristiano, un silencio expectante, mientras cavan pozos de agua para los sedientos. El hermano Gárate quizá estuvo más cerca que aquellos, de sus contemporáneos, que fueron hábiles en descifrar la Trinidad.

más nihilismo

julio 17, 2021 § Deja un comentario

Nihilismo significa no habrá reino de Dios, esto es, no habrá fraternidad universal, ni viviremos en paz. El león nunca comerá hierba. Por tanto, para el nihilista prevalece el horror, la muerte, el triunfo del genocida. Y, visto lo visto, es lo más probable. Sin embargo, la fe tiene que partir de este dato. Pues de lo contrario se convierte en una expectativa entre otras, por no decir en una ilusión. De hecho, la esperanza creyente siempre fue contrafáctica. Aunque aquí la cuestión sea en nombre de qué acontecimiento cabe esperar lo increíble. Pues es obvio que aquí no tiene sentido apelar a lo que uno preferiría.

sobre el temor de Dios

julio 16, 2021 § Deja un comentario

El rechazo moderno al temor de Dios —y aquí conviene recordar aquella sentencia del Talmud según la cual Dios todo lo puede, salvo hacer que el hombre viva en el temor de Dios, esto es, expuesto a la desmesura de una redención que pende de un hilo— encuentra su última justificación en las épocas en las que dicho temor fue, principalmente, un temor a los representantes de Dios. Pues históricamente, la cruz ha ido con la espada. Nada ha hecho tanto daño al cristianismo como la cristiandad. Aunque también sea cierto que, sin su alianza con el poder imperial, el cristianismo difícilmente hubiera superado los límites de lo sectario.

supermarket religioso

julio 13, 2021 § Deja un comentario

Cada vez hay más mujeres y hombres que compran religión. La compra, sin embargo, busca una compensación. Nos pasamos los días en una jaula, en algunos casos dorada, y esto es difícil de soportar. Demasiada inercia o costumbre. Al fin y al cabo, religión significa, sobre todo actualmente, un caer en la cuenta de que no todo es comercio. Hay un fondo —y un fondo del que formamos parte, aun sin entenderlo—. Sin embargo, ese fondo, de haberlo —y podríamos dar por descontado que lo hay—, sigue formando parte del mundo. O si se prefiere, del todo. Pero nadie que se enfrente a según qué interrogantes puede admitir el todo lo sea todo. Ni siquiera donde el todo posee un horizonte, un final feliz. Basta con suponer que consiguiésemos enchufarnos a ese fondo: que nos disolviéramos en el mar como muñecos de sal; que aceptásemos serenamente la muerte —la nuestra, pero también la de aquellos a los que se les arrebata injustamente la vida—. En ese momento, la pregunta que Yavhé le dirige a Caín —dónde está tu hermano Abel— se revelaría como ridícula. No es este el tema, nos diríamos. Que cada palo aguante su vela —esto es, su karma—. Ahora bien, la convicción bíblica sostiene que ese es, precisamente, el tema. Y lo es en nombre de un Dios que, como absolutamente otro o extraño, se encuentra fuera del mundo, de cualquier mundo, incluyendo el sobrenatural. Precisamente, porque existimos como arrancados de Dios, tan solo nos tenemos los unos a los otros. De hecho, el lugar de Dios no es un lugar, sino ese tiempo, anterior a los tiempos, al que fue dezplazado por el desprecio de Adán. Es desde esta radical exterioridad que el Otro clama por el hombre como un Dios herido de muerte. Y por eso mismo mantiene el mundo sub iudice a través de aquellos que reproducen su clamor.

la nada y el todo

julio 12, 2021 § Deja un comentario

No hay Otro. O mejor, el Otro es lo eternamente pendiente del mundo. Y por eso el todo no lo es todo. De ahí que los árboles, las hormigas, nuestros semejantes… se carguen con el aura de la excepción, del milagro. Puede incluso que haya un dios. Pero porque no es en verdad Otro, con mayúsculas, aún no es Dios. No puede serlo. Pues Dios —el absolutamente Otro— tiene que desaparecer ante la conciencia de sí. En cualquier caso, en vez de Dios su representación o simulacro. Sin embargo, todo esto estaría muy bien —y vió que era bueno—, si no fuera porque hay también amenaza, crueldad, genocidio. Y quizá sea porque no hay luz sin oscuridad —mejor dicho, porque estamos en medio— que el todo se encuentra sub iudice.

la sabiduría de un taxista

julio 8, 2021 § Deja un comentario

El problema no es vivir equivocado, sino morir equivocado, me dijo Eudaldo, el taxista con el que fui el otro día. En su guantera tenía Confesión, de Lev Tolstoi. También me habló de su padre, que murió cuando él tenía nueve años. Terrateniente en Ecuador, y a pesar de su profunda convicción cristiana, el obispo le tenía vetada la entrada en la iglesia por no pagar el diezmo: “si lo quieren, que trabajen la tierra”. En cambio, se preocupaba de que ningún campesino pasara hambre. “Cojan lo que necesiten de la cosecha; que sus hijos puedan comer a diario. Nosotros tampoco necesitamos tanto”. Esta fue su herencia. “Tan solo importa el amor que ofrecemos, aunque sea solo a veces”. Estas fueron las palabras con las que Eudaldo me despidió. Y luego dicen que no hay ángeles.

un comunicado

junio 30, 2021 § 1 comentario

El creyente está convencido de que Dios se comunica. De acuerdo. Pero ¿de qué estamos hablando? ¿De un mensaje? En cierto modo, sí (aunque se trate de un mensaje hecho carne). Ahora bien, no para que nos llenemos la boca. Hay un exceso de verborrea en muchos cristianos, sobre todo cuando intentan traducir su experiencia de Dios. Como si esta no hubiera sido antes la de Dios. Sin embargo, lo cierto es que en toda comunicación, de haberla, lo dicho se revela como el síntoma de lo que debe permanecer oculto. Sucede algo parecido con el encuentro: que, a diferencia de la fusión, preserva la distancia —eterna e infranqueable— de la alteridad.

más Kierkegaard

junio 29, 2021 § 1 comentario

En los Diarios de Kierkegaard encontramos lo siguiente: todos los que saben callarse se convierten en hijos de los dioses; pues callando es como nace la conciencia de nuestro origen divino. Los charlatanes nunca serán más que hombres. Y es cierto, a su modo. ¿Cómo es que la sensación de profundidad la da quien guarda silencio, y no quien se llena la boca con grandes palabras (y que por eso mismo nos vienen grandes)? ¿Acaso porque ha caído en la cuenta de que no hay nada que decir —que el habla no logra escapar del escenario, de lo que nos parece que es? ¿Será por está razón que el Dios de Getsemaní fue el más penetrante? ¿Es posible que el secreto de lo real consista, precisamente, en que no hay secreto? El cofre, cerrado a cal y canto, no guarda ninguna joya. Y quizá sea por este vacío que cuanto despreciamos, mientras intentamos abrir el cofre, posea el aura de la excepción, aquella que solo llegará a deslumbrarnos, si fuese el caso, cuando apenas nos quede tiempo por delante.

de la eleccion

junio 28, 2021 § Deja un comentario

Al final, y con respecto a uno mismo, no se trata de seguir eligiéndose —de un permanecer abierto a la novedad—, sino al contrario, de no poder elegir. Y no porque no haya ninguna alternativa sobre el papel, sino porque llega un momento, si llega, en que te has convertido en lo que elegiste, antes incluso de nacer. Aquí tan solo cabe un disyuntiva: o fidelidad o traición —u obediencia o rebelión (aunque sin norte, esto es, como si fuera un espasmo). Porque lo más íntimo ni siquiera garantiza una identidad —porque nadie se posee a sí mismo—, no hay vocación que no se experimente, en definitiva, como encargo —como misión.

emoción y verdad

junio 25, 2021 § Deja un comentario

Todo pasa por el cuerpo. El estremecimiento es el síntoma de la aparición. Pero no alcanza al aparecido. Este permanece siempre más allá como el extraño que siempre fue (y será). De ahí la pregunta por su realidad. Trascender el horizonte de las apariencias no es posible salvo que aceptemos que no hay otra realidad —otra verdad— que la del desaparecido. Pues la desaparición de la alteridad es la condición de su presencia sensible. Esto es, en el fondo, Platón. El resto, como ha sido ya dicho, notas al pie.

amar a Dios

junio 24, 2021 § Deja un comentario

Amarás a tus hijos. ¿Tiene sentido? No, cuando se da por sentado. Que Dios nos exija amarlo presupone, por tanto, que no es el caso. Nuestro punto de partida es un pasar de Dios (aunque nos llenemos la boca con su palabra —sobre todo, entonces). De ahí que el primer mandamiento sea leído como profecía: terminarás amándolo. En Israel, mandato y anticipación siempre fueron de la mano. Con todo, lo que acaso estuvo por aclarar es que esto solo es posible abrazando —o dejándose abrazar: Dios ama primero— por el cuerpo que lo encarna. Difícil amar a Dios si no es respondiendo a su entrega o sacrificio. Quien de entrada cree amarlo, no ama a Dios, sino su idea de Dios.

tiempo y verdad

junio 23, 2021 § Deja un comentario

Con el paso del tiempo, incluso las palabras verdaderas dicen algo muy distinto a lo que originariamente dijeron. Por ejemplo, la proclamación de la cruz como sacrificio redentor derivaba, inicialmente, de algo muy físico, a saber, la resurrección. Actualmente, dicha proclamación se ha convertido en una variante, pongamos por caso, del carácter curativo de la ascesis, al fin y al cabo, en un asunto interno. Así, el relato de la resurrección acaba entendiéndose como un modo de hablar. Pero no lo fue en un primer momento. En realidad, fue una visión. Sin embargo, no hay visión que no incluya un cierto saber —una ver como, una carga teórica, en definitiva, los presupuestos de una cosmovisión—. Y este es el problema.

santo vs sabio

junio 22, 2021 § 1 comentario

Para comprender la distancia que separa Atenas de Jerusalén basta con poner frente a frente la figura del sabio, tal y como la entendió el helenismo, y la del santo. En el primero, el horizonte es el de la autosuficiencia —un estar por encima de cuanto sucede—. O, como decía Lucrecio, el de poder contemplar el naufragio ajeno desde la atalaya del espectador. En el segundo, se trata de plegarse a la voluntad que se desprende de un Dios trascendente hasta rozar la nada —de instalarse en el sentimiento de una dependencia fundamental—. Para el sabio, el cosmos no tiene propósito. Es posible que las piezas encajen —puede que haya un sentido—, pero no para nosotros. En cambio, el santo se encuentra expuesto a la demanda insatisfacible que arraiga en los estómagos del hambre, una demanda que experimenta como la demanda misma de Dios. O el despreciado —y espontáneamente despreciable— nos incumbe, o no. Esta es la única disyuntiva, aquella ante la que se decide nuestra justificación. Para el sabio, por contra, lo único que está en juego es la libertad que se da como indiferencia ante lo que no importa sub specie aeternitatis (aunque desde esta óptica cuanto importa quede siempre en suspenso). En cualquier caso, lo que tienen en común ambas figuras es su extrañamiento del mundo (y, por eso mismo, un cierto sentido de la donación). Pues el todo nunca termina de ser el todo ni para el sabio, ni para el santo (aun cuando lo cierto es que no se sitúan de igual modo ante esta esencial incompletud).

Jesús calma la tempestad

junio 21, 2021 § Deja un comentario

Según cuentan los evangelios, durante un anochecer Jesús y sus discípulos cruzaron el mar de Galilea en una barca. Más tarde se levantó una gran tormenta. Jesús dormitaba sobre un cabezal. Los discípulos le despertaron e, inquietos, le dijeron: Maestro, ¿no te preocupa que nos ahoguemos? Jesús, tras increpar a los vientos, logró calmar la tempestad. Sin embargo, a continuación añadió: ¿por qué teméis? ¿acaso perdistéis la fe?. El episodio evangélico termina del siguiente modo: entonces, aún desconcertados, los discípulos se decían unos a otros: ¿quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Para percibir el alcance de la perícopa hay que situarse en los Getsemaní de la historia. La pregunta de los discípulos es la que se hicieron muchos condenados en los campos de exterminio: ¿dónde está Dios? Ahí no se calmó la tempestad. Tampoco lo hizo en el Gólgota. Por eso muchos se preguntaron si era posible seguir creyendo en Dios después de Auschwitz —o, como Adorno, si aún cabía escribir poesía. Yeshayahu Leibowitz dejó escrito que quienes dejaron de creer en Dios tras Auschwitz nunca creyeron en Dios, sino en la ayuda de Dios. Algo de esto hay, aunque sea difícil separar la confianza en Dios de un esperar su intervención ex machina. Sin embargo, el horizonte de la fe trasciende los tiempos del hombre. De ahí que la fe tenga un punto ciego, aquel en el que se decide, precisamente, nuestro hallarnos en manos de Dios. Con todo, lo que no muestra la perícopa es que el Dios en cuyas manos estamos no tiene otras manos que las del hombre. Es lo que va con un Dios que se puso en manos del hombre para llegar a ser el que es. Quizá sea por este motivo que la fe en Dios sea, bíblicamente, inseparable de la fe en el Mesías. Fuera de esta fe, la creencia sigue siendo una cosmovisión entre otras, a saber, algo de lo que podríamos perfectamente prescindir.

dentro, fuera

junio 20, 2021 § Deja un comentario

Cada hijo es único para sus padres. Ahora bien, desde la distancia del espectador, esto es así en cualquier caso. Por tanto, los hijos no serían únicos, sino que tan solo se mostrarían a sus padres como si lo fueran. Evidentemente, lo que aquí está en juego es desde qué óptica se decide cuanto es en verdad. Hoy en día, nos decantamos —y quizá sea esta la mayor herencia de Grecia— por la perspectiva teórica: en lo relativo al saber, tan solo vale lo objetivo. Sin embargo, lo objetivo es siempre una abstracción. Para un dios imparcial nada otro aparece o se da. La razón, en su ejercicio metódico, opera como un lecho de Procusto. De este modo, queda amputado cuanto sobresale de sus límites. Y sin embargo es posible que haya más realidad en lo esencialmente extraño que en lo reducible a los esquemas de la conciencia; más realidad en el don que en aquello que devino objeto de dominio.

la escritura y la vida

junio 19, 2021 § Deja un comentario

Cuando caemos en la cuenta —y no simplemente constatamos—, nos quedamos sin palabras. Tan solo cabe el asombro. O el estupor. Así, Etty Hillesum escribe en sus diarios (3 de julio de 1942): [los nazis] quieren nuestra completa destrucción. Ahora lo sé. Sobra el resto. Pues lo enorme es que Caín alce su brazo contra Abel; que un hombre le quite la vida a otro hombre… (lo cual presupone que cuanto es digno de asombro —el milagro— es que haya vida y no tan solo lo inerte). Únicamente, los hechos admiten una descripción (y porque no hay descripción sin prejuicio, los hechos son discutibles). No es el caso de cuanto acontece. El problema es que no hay acontecimiento sin hecho. De ahí que tengamos que detenernos —y esto significa dejar el discurso en suspenso. En medio de lo que acontece y no simplemente sucede, difícilmente podemos hacer más que abrir los ojos (y mirarnos unos a otros con la mirada del desconcierto). A lo sumo, y en lo relativo a las palabras, la imposible imagen del poeta. Donde decidimos seguir con los verbos que buscan fijar las apariencias, nos alejamos de lo real —de su gobierno. Pues ante lo real, siempre de rodillas. Para implorar. O para agradecer.

unos por otros

junio 15, 2021 § Deja un comentario

Antes teníamos a los dioses —y siguiéndolos muy de cerca, a la nobleza. Ellos eran sin resquicio: bellos, fuertes, listos y, a veces, también compasivos. No estaban atados a las limitaciones de un cuerpo deforme (o cuando menos, en el caso de los nobles, no como el vulgo). Hoy en día, ya no tenemos dioses. Pero sus sustitutos siguen poniéndonos en nuestro lugar, esto es, por debajo. Hablamos, como es obvio, de los efectos políticos de la creencia religiosa, la que da por sentado que hay seres superiores. En vez de la nobleza de antaño, los super-ricos, las influencers, los futbolistas de élite… Ellos viven más allá, en su mundo. Aparentemente. De ahí que los relatos del tipo los ricos también lloran sean algo así como un espejismo a la cristiana: Dios también es humano. Es verdad que la existencia va con una desesperación de fondo (y por eso podemos entender que los ricos tengan algún motivo para soltar alguna que otra lágrima). Ahora bien, no es lo mismo llorar mientras te tomas un baño en tu piscina climatizada que hacerlo donde no tienes pan que darles a tus hijos. De ahí que, aun cuando los ricos lloren, lo que espontáneamente nos juzga es su divina apariencia. Y aquí siempre tenemos las de perder. Necesitamos una buenas dosis de ateísmo para liberarnos, de nuevo, del trampantojo de los dioses. Y para ello no hay nada mejor que apuntar, como el viejo Israel, a un Dios que no tiene imagen a la que agarrarse. Pues como dijera Nietzsche, donde la palabra Dios ha perdido su antigua fuerza vinculante, tan solo debemos preguntarnos qué dios hemos puesto en el altar vacío de Dios. Y es que el ateísmo es lo más difícil. O al menos, tan difícil que no es posible negar los derechos de un dios sin el apoyo de Dios.

el cuerpo

junio 11, 2021 § 1 comentario

Los chimpancés no tienen cuerpo. Son cuerpo. Tan solo el hombre posee un cuerpo. Pues tan solo él se enfrenta a su cuerpo. El cuerpo es un problema para el hombre, aunque no solo un problema. Nuestra relación con el cuerpo es ambivalente. Pues a pesar de lo dicho, es innegable que también somos el cuerpo al que nos enfrentamos. Sin cuerpo, seríamos unos nadie —como entendió el mismo Dios in illo tempore (y de ahí la encarnación). Pero, por eso mismo, somos algo más que cuerpo. La posibilidad de ser un nadie permanece como lo más profundo (incluso para Dios). Es lo que tiene ese continuo diferir de uno mismo: que no terminamos de identificarnos con el cuerpo que somos (y no solo habitamos). Esto es así porque inevitablemente nos hallamos sub iudice. El o el no recaen en un primer momento sobre el cuerpo: no todo en ti es puro. Hay algo de ti que debe permanecer oculto. Los chimpancés no saben qué es la intimidad —no pueden saberlo. Pues no hay vida interior que no repose sobre la vergüenza y, en definitiva, sobre la acusación. La pregunta es quién nos acusa de verdad —quién exige de nosotros una respuesta—: si el publicista o el que no cuenta para el mundo.

problemas de definición

junio 10, 2021 § 1 comentario

Nada es que no admita una cierta definición, aunque esta sea borrosa (y acaso no pueda dejar de serlo). Y si hay definición, hay negación. Todo cuanto es se da a la contra, por decirlo así. De este modo, ser humano, por ejemplo, implica no ser solo un animal (o en absoluto, una piedra). Aquí la cuestión es qué rasgo o característica delimita lo humano frente a lo que no lo es. Tradicionalmente, se suele apelar a la razón. En este sentido, también podríamos hablar de la capacidad de reflexión —de un volver sobre uno mismo, sobre el propio parecer. Ahora bien, lo innegable es que la reflexión admite grados. Cualquiera se enfrenta a la posibilidad de hacerse aquellas preguntas que nos sacan de lo impersonal —de lo que se dice, se hace… Sin embargo, no todos permanecemos fieles a la interrogación radical. Por lo común, se prefiere dejarlo estar. De ahí que no todos cultiven su inquietud —y la inquietud, el no acabar de encontrarse en donde uno está, acaso sea la pasión fundamental del animal consciente. Ahora bien, si es cierto que, como dijera Platón, una vida reflexionada posee más valor que una vida sin reflexionar —si es cierto que hay más elevación en quien se examina a sí mismo en nombre de lo que importa y no acabamos de retener que en aquellos que viven sometidos a su circunstancia—, entonces hay quienes tienen en al aire, precisamente, realizar la posibilidad de lo humano. Así, quien evita el ponerse en cuestión estaría más cerca de la bestia que de sí mismo. Como si renunciara a ser lo que es. Por eso la irrupción del cristianismo en la Antigüedad fue tan desconcertante. Pues según el cristianismo, ante Dios, todos somos iguales: el ignorante y el filósofo, el que sabe que, en el fondo, no es más que un ignorante. O dicho de otro modo, si lo decisivo es responder a quien (re)clama el pan de cada día, nadie puede decir de sí mismo que dará el primer paso. De ello se deduce que, donde Dios desaparece del mapa, lo obvio es que, en modo alguno, somos iguales.

Dios y el algoritmo

junio 7, 2021 § Deja un comentario

Antiguamente, los augures, como sabemos, indagaban en las vísceras de un animal —o en la trayectoria de un cometa— buscando signos. ¿Nuestro ejército vencerá? ¿Dónde nacerá el Mesías? Hoy en día, la decisión la proporciona el algoritmo, tan complejo y opaco como la intención de un dios. Seguimos en manos de lo que no terminamos de entender. Solo que ahora el dios es nuestro hijo. Y quizá no sea necesario haber leído a Freud para, cuando menos, intuir que, tarde o temprano, un hijo tiene que matar al padre. Es lo que quiso decirnos Mary Shelley al escribir su Frankenstein. Un hijo es un monstruo. Dios firmó su sentencia de muerte cuando quiso ir más allá de sí mismo creando una humanidad a su imagen. También la firmarán los hombres cuando logren colocar una inteligencia de silicio, por decirlo así, en un cuerpo de carne y hueso. No hay paternidad que no sea sacrificial. De ahí que un padre solo pueda sobrevivir por la piedad de aquel a quien engendró. Aunque su piedad —y acaso sea esto lo que un hijo ignora— suponga el fin de la historia.

Dios y Blancanieves

junio 6, 2021 § Deja un comentario

¿Dios puede decir de sí mismo que es Dios? No, en el caso de que se trate de un sujeto —de un yo. Con la creación de Adán, Dios devino un para sí —y por eso dejo de ser solo un principio, un arkhé. En este sentido, el hombre es el espejo de Dios. Sin embargo, ahí reside su fragilidad. Pues el espejo siempre te dirá que la más bella es otra. Tras el nacimiento de Adán, Dios es un Dios puesto en cuestión —un Dios que se arriesgó como Dios. Y ello por su voluntad —por la voluntad que es Dios. O por decirlo de otro modo, Dios no quiso ser sin el hombre —y, por extensión, no pudo. Estamos hablando, por tanto, de un Dios que se puso en manos del hombre para llegar a ser el que es. En lo más íntimo de Dios se halla la renuncia a ser un dios. Pues un Dios pendiente de confirmación es un Dios que se interroga por su quién —aunque en cristiano, dejase de hacerlo en el Gólgota.

enamorarse

junio 5, 2021 § Deja un comentario

No hay amor que comience como amor. Al principio, siempre la ilusión —el espejismo. La cuestión es qué nos enamora. Y ello va a depender de quién haya detrás. Pues no es lo mismo que te sientas atraído por el brillo de un cuerpo que por el poder de su mirada. A los niños les atrae la miel hasta el punto de que son incapaces de poner freno. Para quienes han dejado de serlo, demasiada miel empacha. Richard Sennet defiende que vivimos tiempos donde el carácter se va disolviendo como azúcar en el café —su libro La corrosión del carácter es de lectura casi obligada. Quizá no sea casual que las vocaciones, en la mayoría de los casos, no partan de un referente —de una figura paterna—, sino de un entusiasmo, en definitiva, de una fantasía. De hecho, partir del referente tampoco garantiza nada. Pues tarde o temprano uno tiene que matar a su padre para heredar —para coger su testigo. Y esto no es algo que pueda hacerse como quien no quiere la cosa. Pero sin duda es más frágil partir de lo segundo que de lo primero. Pues no hay querer que no dependa de un sentido de la deuda.

el Vasili

junio 4, 2021 § 1 comentario

Gracias a la autoridad de las figuras sacerdotales, esas que garantizan el encaje de las piezas, tendemos a creer que el sentido de la existencia es la matriz de la moral; que cabe ser buenos porque hay un Bien, escrito con mayúscula. Y esto es así —o mejor dicho, nos parece así— siempre y cuando la moral sea lo que fue en los inicios, a saber, una serie de buenas costumbres. Sin embargo, la cosa es muy distinta si hablamos de la bondad. Pues esta acontece, como creyó Vasili Grosmann, en medio del sinsentido. Precisamente, porque hay algo roto en el mundo —y de un modo en apariencia irreparable— la bondad se hace presente como la excepción que nos permite esperar lo imposible, en definitiva, la reparación. Aunque esta no dependa de nosotros. Ni tampoco solo de un Dios. De ahí que acaso necesitemos más dosis de Vasili Grosmman —y menos de Anselm Grün. Más pan de cada día para los que no tienen pan y menos soma.

el Bien

junio 3, 2021 § Deja un comentario

¿Por qué creemos que una buena madre debe sentir amor por su hijo? ¿Acaso no basta el instinto, el cual siempre tiene corto alcance, para definir lo que es una madre? ¿Por qué creemos que no debería limitarse a soltarlo como si fuéramos peces? ¿Por qué decimos —y decir es juzgar— que una madre de verdad nunca abandonará a su recién nacido en un contenedor? En definitiva, ¿cuál es la razón por la que no podemos entender cuanto es si no es en relación con el Bien? La respuesta ya la dio Platón: porque lo que hay es el Bien. Sin embargo, podríamos también preguntarnos por qué esta respuesta dejó de satisfacernos. Y la pregunta no supone, necesariamente, que Platón regase fuera de tiesto.

de ilusiones

junio 2, 2021 § 1 comentario

Suele decirse que de ilusiones también se vive. Pero es como si se nos dijera que también se vive de la falsedad (y esto al margen de que la sentencia nos parezca adecuada). Pues no hay ilusión que no termine siendo desmentida. De ahí que vayamos de ilusión en ilusión como en el juego de la oca: y tiro porque me toca. Quizá el aprender a vivir no pase tanto por encajar la decepción, sino por saber de qué va el juego (si es que no se trata, precisamente, del de la oca). Y aquí la piedra de toque es el sufrimiento, sobre todo el que padecen injustamente tantas mujeres y hombres. Hay que situarse en la perspectiva del final, o lo que es equivalente, en la de aquellos para los que el mundo ha dejado de ser una oportunidad. Qué prevalece, en definitiva. Aparentemente, el No —el vacío, la soledad, el infierno (aunque si tienes los riñones cubiertos, de hecho no te lo parezca: ándeme yo caliente y ríase la gente, como también suele decirse). Por eso mismo, de creer que la última palabra será un Sí, tarde o temprano tendremos que preguntarnos en nombre de qué o, mejor dicho, de quién lo creemos o esperamos. Pues de no arraigar en la carne de quienes creyeron antes que nosotros —y por nosotros— donde no cabía ninguna fe probablemente nos hallemos ante la mayor de las ilusiones. Puede que los pastores tengan que promover la ilusión de sus ovejas. Sobre todo, cuando empiezan a caminar. Al menos, porque de entrada casi nadie comienza a moverse por la verdad. Pero acaso se equivoquen donde, en un segundo momento, no les proporcionan la munición necesaria para enfrentarse a la impugnación de la creencia inicial. Y esta munición no tiene los mismos ingredientes que los de la ilusión. Pues no es lo mismo fantasear que esperar.

surreal

junio 1, 2021 § Deja un comentario

La película de Juan Cavestany, Un efecto óptico, es ininteligible. Los protagonistas, una pareja de unos sesenta y pico años —estupendos Carmen Machi y Pepón Nieto— deciden hacer un viaje a Nueva York, con el propósito de recomponerse, por decirlo así, tras la pérdida de su única hija, se supone que tras una violación. Sin embargo, ambos entran en una especie de bucle temporal en el que las repeticiones del viaje no terminan de ser exactamente una repetición: los detalles cambian de tal modo que no es lo mismo. Nada termina de encajar. A veces da la impresión de que no han salido de Burgos —de hecho, no da la impresión. A veces, parece que estén efectivamente en Nueva York, aunque no sin alguna que otra anomalía. Es como si tuviéramos las piezas de un puzle, pero sin un modelo a la vista. La película ya está hecha. Solo que está mal montada, se dice en un momento dado a modo de explicación. Y quizá no pueda montarse porque la muerte de Isabel, su hija, sigue ahí como esa distorsión que impide habitar un mundo y, en definitiva, que haya mundo. El arkhé no sería, pues, un principio de orden, sino todo lo contrario. Es cierto que en una de las repeticiones las cosas parece que se desenvuelven según lo previsible. Sin embargo, no se trata de una solución, sino de un montaje más. Prevalece el caos bajo una apariencia de realidad. Así, la película se mueve entre el drama, la comedia y lo onírico. Podría ser que lo extraño —el movimiento azaroso de los corpúsculos— fuese el fondo mismo de lo real. O por decirlo de otro modo: que todas las posibilidades se dieran al mismo tiempo. Nuestro mundo sería simplemente un montaje entre otros, el único que cabe entender, pero que, desde la irrupción de lo irreparable, deviene precisamente surreal. En cualquier caso, la única constante es el desencaje —la soledad— de los protagonistas. No hay mundo que valga para quien tiene que enfrentarse a la muerte del hijo. Únicamente, un final de los tiempos. O si se prefiere, un reset de dimensiones cósmicas. La creación, sencillamente, está rota.

sobre las verdades

mayo 26, 2021 § Deja un comentario

No hay Dios. Esta es nuestra verdad. Pues el hombre nace como el que tuvo que negar a Dios. Aunque crea en su presencia como quien cree en la existencia del Yeti, del cual hay indicios aunque todavía esté por ver. La cuestión es si esta es también la verdad de Dios. Podríamos preguntárselo. Pero Dios siempre responderá del mismo modo: dímelo tú. Es lo que tiene un Dios que se puso en manos del hombre para llegar a ser el que es.

a la inversa

mayo 25, 2021 § 2 comentarios

La tierra firme es para los peces un infierno —aunque se imaginen que allí podrán ahorrarse al depredador—, mientras que el mar lo es para nosotros. Podríamos decir algo parecido con respecto a nuestra relación con un dios. Quisiéramos ascender a los cielos, reconquistar el paraíso —este es nuestro sueño—, mientras que los dioses tienen que caer para pisar la tierra. No es causal que, de permanecer en ella, terminen ahogándose: no es su lugar. Quizá por eso Epicuro dijo que los dioses no querían saber nada de nosotros —al igual que sería absurdo que nos preocupásemos de las orugas. De ahí lo extraño de una fe que apunta a un Dios que no quiso seguir siendo Dios sin el hombre. Proclamar que no hay otro Dios está, por tanto, muy cerca de negar que haya Dios. Aun cuando lo que aquí se defienda sea que el otro en verdad es el nadie que anima el cuerpo del hombre, un eterno porvenir. En cualquier caso, lo cierto es que solo como sujetos a este Dios pudimos liberarnos del poder asfixiante de un dios.

el dilema

mayo 20, 2021 § Deja un comentario

O estamos en manos de un poder divino —un poder capaz de lo imposible, de lo que el mundo no puede integrar como posibilidad—; o creemos que tenemos el poder —que toda resistencia es circunstancial o tan solo natural… aunque de facto no tengamos el poder de mover las galaxias. Diría que la fe solo es posible donde partimos de lo primero (pues no hay fe donde nos limitamos a suponer que hay Dios como quien dice que hay quarks). Y esto es lo mismo que decir de un estar expuestos a una alteridad que, como tal, los mundos tienen pendiente. O mejor dicho, del mandato que se desprende de esa exposición. Como si la bendición o la maldición se decidiese en nuestra respuesta (aunque también, y esto sería lo desconcertante, el sí o el no de Dios).

del seguimiento cristiano

mayo 19, 2021 § Deja un comentario

Hoy en día, el anuncio de Ernest Shackleton, publicado en la prensa de Londres en 1907 con el propósito de reclutar a quienes tendrían que atravesar por primera vez el Polo Sur, difícilmente tendría algún eco: se buscan hombres para un viaje arriesgado. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito. No nos va esto de la cuesta arriba. Por no hablar de quien quiera seguirme que cargue con su cruz. En su lugar, apúntate que será muy chulo —o también: te llenará. En vez, de espíritu de combate, realización personal. En vez de ascenso, planicie. La desaparición de la figura del padre encuentra su correlato en la abundancia de niños: sin caramelo, tan solo malas caras. Quizá no sea casual que la crisis de vocaciones, como suele decirse, vaya con la corrosión moderna del carácter (muy recomendable la lectura del libro de Richard Sennet de título homónimo). Como si cualquier joven fuese una variante del joven rico de la parábola. ¿Quién se animará a quemar las naves si de lo único que se trata es hallarse a uno mismo —de darle un like a la opción que más nos satisface? ¿Qué motivos tendrás para decir aquí estoy, qué quieres que haga si cuanto te rodea te da a entender que tú eres el centro? Todo es, al fin y al cabo, obediencia —o si se prefiere, respuesta confiada e incondicional. La cuestión es a qué —o mejor dicho, a quién. Pues la vida se convierte en una estafa donde no nos atrevemos a coger el testigo. Aunque, de entrada, nos seduzca como nos seduce la publicidad.

Bultmann y el Jefe Seattle

mayo 18, 2021 § Deja un comentario

Decía Bultmann que no cabe creer en un mundo poblado de ángeles y demonios una vez hemos logrado controlar la energía atómica. En cualquier caso, esa creencia sería compensatoria. Es como si alguien, sintiéndose conmovido por la carta que el Jefe Seattle le dirigió en su momento a George Washinton —la tierra no pertenece al hombre, sino el hombre a la tierra—, se dijera a sí mismo que cree en ello… mientras se dirige en coche al trabajo o simplemente abre el grifo para ducharse. Nada de esto último hubiera sido posible sin la voluntad de dominar la tierra —sin que la tierra hubiera dejado de ser sagrada. O como el serial killer que ve las películas de Frank Capra para poder decirse a sí mismo que cree en la bondad. No creemos en lo que quisiéramos creer, sino en lo que podemos creer. Y esta posibilidad reside en cómo nos situamos ante lo que nos rodea o, por decirlo a la Marx, en el modo de existencia. De ahí que más que creer en ángeles y demonios —o en nuestra comunión con la tierra—, si este fuera el caso, creamos que creemos. Otro asunto es si lo anterior podríamos aplicarlo también a la creencia cristiana. Y diría que sí, a menos que nos hallemos en la posición de quienes no parecen contar ni siquiera para Dios.

cuerpo y alma, de nuevo

mayo 17, 2021 § 2 comentarios

La distinción clásica entre cuerpo y alma corre paralela a la que media entre ver y ser visto. Así, los hombres lo que primero ven en una mujer es lo aprovechable de ella —sus curvas, sus orificios, su textura. Se trata de un cuerpo trozeado, un cuerpo que provoca el hambre de los hombres. Aquí todo se decide entre cuerpos. Y entre cuerpos no hay más que reacción. La cosa cambia, sin embargo, cuando él topa con la mirada de ella. Entonces, comienza otra historia —de hecho, su historia. Pues aquí lo primero será un ser visto —un ser puesto en cuestión— por unos ojos que nos miran desde el más allá del sí mismo —desde su indigencia. A partir de ese instante no cabe la reacción, sino en cualquier caso una respuesta. No es posible unir el ver y el ser visto. En el primer caso, permaneces fuera del otro como si fueras su espectador. En el segundo, en medio de la escena. Así, o ves o eres visto. Con todo, siempre cabe recuperar el cuerpo desde esa mirada —desde ese extravío. Pero no será el mismo cuerpo que cuando lo único que nos interesaba era comer. En este sentido, podríamos hablar de un cuerpo transfigurado. El problema hoy en día es que no disponemos de un lenguaje, salvo el extravagante, que nos permita hablar en estos términos. La inquisición no nos lo permite. Eppur si muove.

de vikingos, elfos y variantes

mayo 16, 2021 § 2 comentarios

El dios de los vikingos es un supervikingo. El de los elfos, un superelfo. El de los pobres, un superpobre. Ergo, un pobre Dios. No es casual que Nietzsche intuyera que los tiros del ateísmo comenzasen a dispararse en Israel.

Jesús de Nazaret y la resurrección

mayo 14, 2021 § 3 comentarios

Llama la atención que Jesús de Nazaret, en su predicación, apenas mencionase la resurrección de los muertos. No parece cuadrar con la idea de que fuese un profeta apocalíptico entre otros. Más bien, Jesús dijo lo que dijo —e hizo lo que hizo— como si la revolución de Dios comenzase con su actividad. Este acento en el presente debió tener, por tanto, consecuencias políticas. Pues no es lo mismo proclamar que los muertos resucitarán al final de los tiempos que anunciar, en una provincia del Imperio, que la revolución de Dios es inminente… sobre todo si el a Dios rogando va acompañado de y con el mazo dando. La bienaventuranzas hubieran sido una provocación para los lumpen a quienes iban dirigidas, si estos no las hubieran entendido en clave política: pronto tomaremos el palacio de invierno, y vosotros seréis los primeros en entrar. Ciertamente, ignoramos los detalles del Jesús sedicioso. Tan solo contamos con indicios. Pero, en cualquier caso, a Jesús no lo crucificaron los romanos por proclamar que Dios es amor o porque estuviese convencido, como los fariseos, de que, por el poder de Dios, los cuerpos sobrevivirán a su muerte. Es verdad que la provocación religiosa estuvo ahí. Pero en el Israel de la época, los motivos religiosos difícilmente podían separarse de los políticos. O por decirlo de otro modo, las disputas ad intra tenían implicaciones ad extra… sobre todo si uno de los disputantes entraba en el Templo con un látigo. Por eso podemos imaginar cuál habría sido la estupefacción del crucificado, si en su agonía, alguien le hubiera susurrado al oído: no te lo creerás, pero acabarás siendo el amigo invisible de los hijos de quienes ahora te condenan.

verdad y poder

mayo 13, 2021 § Deja un comentario

La verdad por sí sola no puede. Esto tiene, sin embargo, su reverso: que el que detenta un poder fácilmente impone su delirio como verdad. Por ejemplo, hoy en día, y no solo en los campus norteamericanos, la voz de los ofendidos por defecto: que si Platón pertenece al heteropatriarcado (y por eso no debería enseñarse): que si no puedes traducir a la Dickinson a menos que seas mujer (y aquí podríamos añadir: y solterona y meapilas)… Es lo que Harold Bloom denominaba la escuela del resentimiento: que fácilmente colocan a Shakespeare en el mismo plano que a un poeta de bar sin otra razón que sus sensaciones (olvidando, por tanto, que hay obras que son clásicas no porque nos gusten —esto es al margen—, sino porque de entrada nos juzgan: quien dice que Shakespeare es basura, no habla de Shakespeare, sino de él mismo). Si los ofendidos por defecto no tuvieran poder de facto —un poder amplificado por las redes—, muchas de sus denuncias pasarían por chorradas. Sencillamente, nadie les haría caso. Y es que vivir es rozarse. Ciertamente, el roce hace el cariño. Pero no sin que duela. Algún día nos preguntaremos como fue posible que les diéramos el megáfono a estas criaturas. La única esperanza es que maduren y caigan en la cuenta de que no hay safe spaces, sino en cualquier caso espacios más o menos seguros (y esto solo donde los muros que rodean la polis sean lo suficientemente altos). El problema es que cuantas más criaturas anden por ahí gritando estupideces, más se alimenta el populismo con sus verdades como puños. De hecho, se trata de las dos caras de una misma moneda. Ya lo decía Platón: mientras estemos gobernados por idiotas —en su sentido más literal— no hay nada que hacer. En modo alguno fue casual que Epicuro decidiese retirarse con sus amigos a un monasterio sin dioses.

picaresca

mayo 11, 2021 § 1 comentario

Ya sabemos como vemos, bíblicamente, a los pobres: como a esos hermanos a los que les debemos una vida. Como si fuéramos su rehén. Sin embargo, ¿cómo se ven los pobres a sí mismos, o mejor, entre ellos? Pues como se ven unos a otros los que pertenecen a cualquier estamento, esto es, como rivales. O más o menos. Así, hay buena y mala gente, aquellos en los que confiar y rateros, amables y amargados. Como si cada lugar en el mundo fuese un mundo. Basta con leeer el Lazarillo o Misericordia de Galdós para saber de qué estamos hablando. La pobreza siempre fue degradante. También la opulencia, aunque no en el mismo sentido. Por eso, el riesgo del compromiso social es el de caer en un cierto paternalismo. Ciertamente, no hay derecho a que vivan como perros. Pero no se trata de un asunto sentimental. Aunque el sentimiento sea un primer impulso (y acaso no puede dejar de serlo). Pues será verdad que estamos en deuda con ellos. Pero el cuerpo no nos acompaña. Para el cuerpo lo que prevalece es la reacción —y aquí cuanto más cerca, más repugnancia. Como dice Jon Sobrino, nadie sabe quién es un pobre hasta que no inspira su mal olor (y aquí podríamos añadir un le inspira). Quizá por eso no hay amor que, en el fondo, no sea sacrificial —que no suponga la inmolación del cuerpo. Hay que tener esto presente para, cuando menos, ver por donde van los tiros de la Encarnación.

difícil antes de tiempo

mayo 10, 2021 § Deja un comentario

Al final, y con un poco de suerte, quizá caigamos en la cuenta de que no hay amor que no sea terminal. Pues amar probablemente tenga que ver, antes que con la coincidencia, con un cuidar de aquellos que acabaron repugnándonos —por su deterioro, su indigencia, su olor a viejo… ; más con el viento en contra que a favor. Sin embargo, aunque sepamos que esto es así, va a resultar difícil que podamos amar antes de tiempo. Ni siquiera donde nos lo impongamos como deber —de hecho, en ese caso, suele ser peor el remedio que la enfermedad. Aunque, para que pueda darse el milagro, es necesario intentarlo —creer que podemos amar. Pues el amor es hijo de la derrota —de un haber fracasado en el amor.

catecismo

mayo 9, 2021 § 4 comentarios

Si Jesús es la respuesta, ¿cuál es la pregunta? ¿Acaso qué esperanza para los malditos? Y si es así —que lo es—, entonces ¿no resulta ridículo hacer de Jesús simplemente un hombre a imitar o, lo que quizá sea más desconcertante, un amigo con el que hablar de nuestras cosas en la intimidad?

de la libertad y las cañas (y a propósito de unas cañas con Carlos Saura)

mayo 8, 2021 § Deja un comentario

La libertad no es poder ir de cañas cuando te apetezca —Carlos, dixit— (aunque también). La libertad es no tener que levantarte a las cinco de la madrugada para ir a trabajar unas diez o doce horas por unos mil euros netos (y encima para oír que probablemente no cobrarás una pensión por la que cotizas mes a mes… si es que no te pagan en negro). La primera es la libertad que defiende la derecha. La segunda, la que debería defender la izquierda. Sin embargo, la derecha tiene las de ganar (sobre todo, cuando la izquierda anda ocupada con los temas transgénero y sus variantes). Pues la libertad de las cañas es asequible. Depende de las normas —de los códigos de circulación. En cambio, la libertad que va con la igualdad, una igualdad que no se alcanza simplemente con declarar una igualdad de oportunidades que, de hecho, solo vale para los oportunistas, es un desiderátum —y un desiderátum que exige una catástrofe, casi en el sentido bíblico de la expresión, un borrón y cuenta nueva. Aunque uno siempre podrá preguntarse si la cuenta nueva no acabará siendo más de lo mismo. Como si en el mundo no pudiera haber otra libertad que la de quienes pueden. Donde el sistema económico es algo así como una naturaleza —y no hay que haber leído a Nietzsche para darse cuenta de que la naturaleza no quiere saber nada de los débiles—, a lo sumo parches. Al admitir que no cabe otra libertad que la del poder ir de cañas lo que, de facto, admitimos es que el asunto de la igualdad es irresoluble —que lo macro nos desborda y, por eso mismo, solo cabe centrarse en lo micro.

La cuestión, sin embargo, es si esto es cierto o no —si es posible cambiar de barco, en vez delimitarse a ir reparándolo en alta mar. Y para resolverla hace falta mucha munición teórica y no solo peroratas sobre el mundillo queer. Aun cuando, sin duda, sea preferible ir de cañas que vivir bajo las botas de Stalin. O agarrarse a un clavo ardiendo donde la alternativa es un ERTE (y esto es lo que parece haber olvidado la izquierda). A quien ignora si podrá seguir alimentado a sus hijos un día más, no le bastan los sueños de las izquierdas de ahora. Al igual que le queda lejos la lucha entre el fascismo y la democracia… sobre todo si se limita a las etiquetas que nos vamos poniendo unos a otros a la manera de unos hooligans de la política. Tiene suficiente con que el dueño de un bar le pague una miseria —o lo poco que pueda pagarle— por servir, precisamente, unas cañas. Pues esto de la existencia tiene mucho de y mañana Dios dirá. Sobre todo, para los que no cuentan —los incontables. Para los que cuentan, mejor que Dios no diga nada —mejor que siga guardando ese silencio que mantuvo en Getsemaní.

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