teodicea
marzo 22, 2010 § Deja un comentario
La existencia de un tirano feliz ¿acaso no constituye la más seria objeción contra la existencia de Dios? Ya no nos vale el recurso a la venganza final de los resucitados. Nada, ni siquiera la justicia post mortem, parece compensar el escándalo de una impunidad sin medida. Por eso el súbdito necesita impugnar de iure esta felicidad: el tirano no puede de ningún modo ser feliz; su dicha tiene que ser aparente, pues de lo contrario ¿quién podría soportar no ser un tirano? El resentimiento se encontraría, pues, en la base de nuestro sentido de la justicia. Nietzsche, en el fondo, acaso no quiso decir otra cosa. (Por suerte, el judío va más lejos. Para los hijos de Israel, el tirano tampoco puede ser feliz… pero no porque, de serlo, Dios no podría existir, sino porque, de hecho, Dios no existe. Porque la realidad de Dios se encuentra siempre más allá de su posible existencia, ningún hombre puede eludir el juicio de Dios. Y es que, precisamente, porque Dios no existe, no todo está permitido.)
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