a-teísmo
marzo 25, 2010 § Deja un comentario
No es posible confesar que el Crucificado es Dios sin negar la existencia de la divinidad. No hay divinidad que no se muestre como una solución al problema de la existencia y a mí no me parece que podamos comprender al Crucificado como una solución. Un creyente ve en la Cruz, la respuesta misma de Dios a la falta de solución. La Cruz, ciertamente, salva pero no consuela. La esperanza cristiana carece, en este sentido, de expectativa. No hay imagen de la esperanza. El horror no posee la última palabra —y por esto decimos que hay salvación—, pero seguimos sin saber cómo puede darse la vida más allá del Mundo. Por eso las imágenes apocalípticas, las imágenes de la esperanza creyente, son literalmente inconcebibles. En cualquier caso, la respuesta de Dios, en tanto que se dirige a los abandonados de Dios —en tanto que no afecta al hombre que aún confía en sus pobilidades—, no puede ser aceptada por quien aún posee una sensibilidad típicamente religiosa. Quien posee esta sensibilidad díficilmente admitirá que Dios debe morir como divinidad para que pueda renacer como resucitado. Un Dios que no se identifique con el abandonado de Dios no puede responder al abandonado de Dios. Y ¿qué Dios puede identificarse con el abandonado de Dios sin sufrir él mismo ese abandono, esto es, sin renunciar a sí mismo, sin morir?. La muerte de Dios coincidiría, así, con el parto de Dios en la cima del Gólgota.
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