escalada

marzo 25, 2010 § Deja un comentario

El descenso a los infiernos no siempre envilece. También, santifica. El compañero de armas que es torturado no necesariamente terminará traicionándonos. También puede mantenerse fiel hasta el final. En cualquier caso, lo que se decide en el culo del mundo ya no depende de quienes fuimos. La fidelidad bajo tortura difícilmente puede ser atribuida a un yo seguro de sí. El hombre que permanece fiel hasta el final bajo la brutalidad de los días finales ya no podrá reconocerse en su fidelidad. Aquello que somos, al fin y al cabo, no nos pertenece. No es algo que se encuentre a nuestro alcance —algo que podamos sensatamente proponernos—. Tampoco, sin embargo, nos movemos ahí como títeres. El gesto final no es del hombre. Pero tampoco de Dios. Y quizá solo esto nos iguala.

Deja un comentario

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo escalada en la modificación.

Meta