teresianas
marzo 26, 2010 § Deja un comentario
El otro dia fui a visitar el colegio de las Teresianas en Ganduxer con unos chicos americanos que venían de visita a Barcelona y habían quedado ‘tocados’ por la genial arquitectura de Gaudí. Unas chicas del colegio nos explicaron el simbolismo de las formas utilizadas por el arquitecto en paredes, arcos, claustros, etc. Sin embargo, lo más revelador de su diseño no fue uno de esos detalles extraordinarios a los que estamos acostumbrados, sino su ausencia. Me explico: las chicas nos contaron que, justo en el centro del edificio, rodeado por unas columnas, se encuentra una estatua de Jesús que nos recuerda «la presencia de Dios en nuestros corazones». En el centro del edificio, como en lo mas profundo de nosotros mismos, habita —decían— «el espíritu de la bondad y el amor, aquel que nos da la fuerza para actuar según la voluntad de Dios». Lo más revelador ocurrió cuando una monja de la orden nos dijo que el arquitecto Gaudí había dejado ese espacio ‘vacio’, sin nada. Columnas y nada más. De hecho, ese ‘espacio vacío’ en medio del edificio nos llama mucho más la atención que el espacio ocupado. La experiencia de esa ausencia, de ese ‘vacío’ en el corazón del edificio fue muy reveladora. El ‘vacío’ reclama ser ocupado (y, de hecho, así ha sido). ¿Y si Dios nos ha dejado ese ‘vacio’ para que sea el hombre el que lo rellene? La oportunidad se nos da únicamente cuando reconocemos esa oquedad y respondemos a ella. La imagen en cambio nos paraliza, exige una contemplación, no nos llama a la acción. Parece que la mirada inquietante de una estatua satisface con demasiada rapidez nuestra inquietud. Sin embargo, lo que nos mueve es la experiencia de esa ausencia a la que estamos sometidos. Las monjas han rellenado ese hueco con una estatua de Jesús. El hombre no puede concebir a Dios, si no es a través de una imagen, pero entonces buscamos tratar con Dios y caemos así en la idolatría. Sin ese hueco, no hay llamada, no hay ‘clamor’. Esa estatua nos reconforta demasiado, en cambio un ‘vacío’ en el centro nos incomoda. ¿Hasta qué punto hay que dejar el hueco o rellenarlo? Podemos rellenar físicamente ese hueco del colegio de las Teresianas, pero no podemos creernos capaces de rellenar el ‘vacio’ real que representa. Si no tenemos en cuenta eso quizas nuestra fe sea aún religiosa, la fe propia de un niño.
Jaume Coll
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