YWHW
marzo 28, 2010 § Deja un comentario
La existencia judía es un existencia que permanece en suspenso entre la fidelidad a una bendición originaria —a un incuestionable Sí primordial— y la extrañeza, por no decir el escándalo, de haber sido abandonados por Dios. Para el resto de la humanidad, ambos extremos son irreconciliables. O bien, ante la marca indeleble del horror, se rechaza como ilusión la creencia en una divinidad providente, o bien, se niega el carácter definitivo del sufrimiento, aun del sufrimiento indecible, en aras a poder seguir creyendo. Es por eso que la existencia judía constituye un caso aparte. ¿Cómo comprender la posición de quien habiendo sido abandonado por Dios, no abandona a Dios? ¿Se trata de una obsesión? ¿De un instinto? ¿De qué Dios da testimonio esta fidelidad? En cualquier caso, la existencia judía no se sitúa entre el dios y la bestia, ambas posibilidades aún demasiado humanas, sino entre los dos lados de la radical transcendencia de Dios, la Creación y el Mal, el don y la oscuridad. Como si la ausencia de Dios, fuera la herida que mantiene al judío con vida frente al poder del Mundo. (Como si el hombre solo fuera posible a través de un Dios que se niega a sí mismo hasta un inconcebible más allá.)
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