elección

abril 5, 2010 § Deja un comentario

Sabemos que los judíos fueron los elegidos por YHWH. Sin embargo, estamos aún lejos de comprender el sentido de esta elección. Por lo común, se entiende que Dios elige como quien se decanta por un whiskey. Pero los judíos no fueron los elegidos por Dios para su goce, sino para dar testimonio de su verdad. Y la verdad de Dios no es otra que la verdad del hombre. Si el hombre se encuentra sometido a la realidad de Dios —a su bendición y a su mandato— es porque de Dios, en sí mismo, tan solo poseemos el nombre. Porque Dios es intratable, Dios permanece siempre más allá, incluso más allá de la divinidad. El judío siempre encuentra en falta a Dios… en el doble sentido de esta expresión. Sin embargo, debido a ello, el Mundo deviene algo extraño para el judío. El Mundo ya no puede ser un hogar para quien encuentra a Dios en falta. Y, así, se abre el mar.

La elección, por tanto, no es casual. Si los judíos fueron los elegidos es porque fueron, precisamente, unos des-graciados, aquellos que no gozaban de la protección —de la gracia— de ninguna divinidad. Los sin dios fueron los elegidos para dar testimonio de la verdad de Dios, de su radical transcendencia. ¿Comprendemos ahora? Tan solo los sin dios pueden ver —reconocer— a Dios. ¿Cómo, entonces, poder soportar nuestra satisfacción? Se confirma una vez más que la verdad de Dios no es, en modo alguno, algo que podamos preferir. Quien entiende la elección al modo de una inclinación más o menos arbitraria, olvida que Dios abandona a quien elige… para que en el elegido arraige el espíritu de Dios, el que libera al hombre del poder de la circunstancia. El judío, en tanto que sigue sometido a la exigencia de Dios, en el doble sentido del genitivo, aún puede esperar dónde el Mundo ya no ofrece ninguna esperanza. Dios elige al judío para que el hombre recuerde, precisamente, que no es más que esa esperanza sin imágenes. Al fin y al cabo, un vértigo.

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