lear
abril 10, 2010 § Deja un comentario
King Lear es un texto que se encuentra, cuanto menos, a la altura del libro de Job. Su moraleja resulta inquietante: el bien no nos redime. Como sabemos, Cordelia, esa mujer justa, muere ahorcada. Los príncipes de este mundo acaban pronunciando la última palabra. Al fin y al cabo, la paz no deja de ser una tregua. Sin embargo, a pesar del nihilismo que supura —o quizá mejor deberíamos decir que por eso mismo…—, la tragedia de Shakespeare posee profundas resonancias bíblicas: las hijas preferidas —las que le permiten a Lear decir que todo encaja, que todo está bien— son las que, en definitiva, acabarán traicionándole, mientras que Cordelia, la repudiada, será la que acogerá al padre en su destierro. La enseñanza aquí no admite nuestra ingenuidad: el hombre no puede confiar en el orden arquetípico que en apariencia constituye el Mundo. No hay Bien —no hay divinidad— que nos ampare. Quien nos salva, en cualquier caso, no es otro que aquel que repudiamos. La bondad de Cordelia no conecta con ningún orden superior, sobrenatural, divino. Y quizá por eso mismo es incapaz de transformar el corazón de los hombres. Seguimos, pues, a la espera de Dios, como el mismo Job —si prescindimos del parche de los últimos versículos—, en definitiva, a la espera de un final feliz que, como tal, solo podrá coincidir con el final del mundo. Lo dicho: Isaías.
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