anti-lear

abril 12, 2010 § Deja un comentario

…y, con todo, vivimos de la penúltimas palabras, no de las últimas. Con las últimas, sobre-vivimos. King Lear, ciertamente, no destila ese saber propio de quien sabe vivir. De la historia de Lear no podemos extraer instrucciones para la navegación. O con otras palabras, los grandes relatos, los que narran historias in extremis, no suelen proporcionar recetas para la felicidad. Sus historias no son, propiamente, ejemplares. Ni siquiera la del Crucificado. Su cuestión es otra, a saber, qué podemos esperar cuando ya no podemos esperar nada del mundo. Y si los finales trágicos nos dejan en suspenso, no es porque ignoremos cómo acaba, sino porque difícilmente podemos evitar la impresión de que quienes murieron encarando el desprecio del dios, vivieron, en esa muerte, mucho más que nosotros en nuestra entera vida. En cualquier caso, no deja de ser desconcertante que el hombre no pueda preferir lo que, en definitiva, anhela; que la verdad del hombre no se decida en territorio humano, esto es, dentro de los muros de la Ciudad, sino en cimas —mejor dicho, abismos— irrespirables. Pero esto es lo que hay. Al fin y al cabo, a diferencia de lo que ocurre con las recetas, las últimas palabras no se discuten. Se toman o se dejan.

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