silogismo

abril 27, 2010 § Deja un comentario

La mayoría de quienes se confiesan religiosos suelen admitir, aunque sea a regañadientes, que de Dios, en definitiva, no sabemos nada, que Dios, por mucho que se haya aproximado al hombre, no deja de ser un misterio. Sin embargo, si Dios es, en verdad, misterioso —si el misterio es propiamente de Dios—, ¿cómo es que se dejan llenar la boca tan fácilmente con el asunto de Dios? ¿Acaso no tendrían que guardar (su) silencio? ¿Cómo pueden incluso invocarle? En la medida que Dios sigue siendo un misterio, todo lo que podamos decir de Dios es inútil. De Dios, en sí mismo, seguimos sin saber nada. Con todo, si la palabra no alcanza al misterio mismo de Dios, entonces quizá deberíamos reconocer sin más que la presencia de Dios es la presencia misma de la Nada. O lo que viene a ser lo mismo, que Dios en sí mismo solo se nos puede ofrecer como algo’ dejado continuamente atrás. Trascendencia.

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