tempus fugit

mayo 8, 2010 § Deja un comentario

La relación del hombre con lo real no se constituye en el plano de lo constatable, sino en el hecho de encontrase sometido a lo imposible. Así podemos decir que si el hombre en realidad, aunque no de hecho, se sitúa por encima de una eternidad indiferente es porque se halla sujeto a un Dios que no acaba de pronunciarse, a la imposibilidad fáctica del Juicio Final. Cabe también decirlo de otro modo: en tanto que sometido a la radical trascendencia de Dios —en tanto que reconoce la común orfandad de los hombres— un judío es, en realidad, rehén de su hermano —rehén de cada hombre— y, por eso mismo, libre ante el poder de las circunstancias. Debe responder hasta el día del Juicio y ello con independencia de cómo sea el Mundo. A todas luces se trata de un exceso. Pero solo bajo el peso insoportable de un mandato heterónomo puede el hombre alcanzar su autonomía.

(Nadie dijo que esto fuera fácil de digerir. No en vano, la Bíblia es un libro intragable. Lo que no se comprende es cómo hemos podido cristianamente hacer de nuestra relación con Dios algo tan digestible.)

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