V
mayo 8, 2010 § Deja un comentario
Hay que darle la razón a Epicuro para comprender el exceso de la verdad judeocristiana, pues el Juicio de Dios es imposible o no es de Dios. Nada de Dios puede comprenderse como una posibilidad del Mundo, ni siquiera como una posibilidad de la supuesta dimensión oculta del mundo, al fin y al cabo, un lugar para fantasmas. La realidad de Dios no puede ser, en absoluto, del Mundo. Hay Mundo porque la realidad de Dios se encuentra siempre pendiente, siempre más allá. Podemos incluso decir más: porque de Dios en sí mismo tan solo tenemos el nombre, puede haber Encarnación. Pero éste quizá sea otro asunto… En cualquier caso, el escándalo es que debamos reconocer lo que no podemos constatar. Al fin y al cabo, puede que no haya otra disyunción relevante que ésta: o el tiempo es eterno —y, por consiguiente, en el fondo todo da igual— o hay un final de los tiempos —esto es, un Juicio Final—. Dicho de otro modo: o lo que ocurre en el Infierno nada tiene que ver con el hombre o, por el contrario, decide la vida del hombre. Epicuro o el Crucificado. That’s it that’s all.