la diferencia
mayo 26, 2010 § Deja un comentario
Quien crea, como el mismo Rousseau, que no hay nadie que sea por entero irredimible; quien crea, como Martin Buber, que «el mal no puede ser realizado con toda el alma, mientras que el bien solo puede ser realizado con toda el alma», no puede, en modo alguno, comprender la Encarnación. Un Goebbels arrepentido no solo es algo difícil de concebir, sino algo inadmisible del lado del hombre. O la redención es humanamente imposible —o el Mal se nos impone absolutamente— o no puede haber testimonio creyente de la misericordia de Dios. Con otras palabras: difícilmente podrá reconocer en el perdón imposible del Crucificado, el perdón mismo de un Dios que acaba siendo uno con el abandonado de Dios, es decir, de un Dios que no es más —pero tampoco menos— que eso. Al fin y al cabo, es muy sencillo: quien da por sentado griegamente que la maldad es ignorancia —o déficit—, no deja espacio para una verdadera salvación.