paternidad

mayo 26, 2010 § Deja un comentario

Hay algo que me llena de estupor: que cualquiera de mis hijas, todavía niñas, sea capaz de hacer el mal. No puedo concebir que en el futuro, cualquiera de ellas, pueda, por ejemplo, torturar, ponerle la soga al condenado, disparar un tiro en la nuca… ellas que ahora habitan en la pureza de los días de paz. Y, sin embargo, esta es su posibilidad, acaso humanamente su más íntima posibilidad. Resulta inevitable preguntarse el porqué, un porqué que ninguna explicación puede satisfacer. Ni siquiera el supuesto de un trauma inicial podría eliminar mi estupor… del mismo modo que ninguna explicación fisiológica consigue que deje de asombrarme ante el hecho de que sean algo-otro-ahí en vez de nada.

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