la fuerza
junio 3, 2010 § Deja un comentario
Al principio, las barracas, las zanjas, el lodo, las pilas de excrementos detrás de los bloques me aterraron con su horrible suciedad […] ¡Y entonces vi la luz! Vi que no era cuestión de desorden o de falta de organización, sino que, por el contrario, una idea exhaustivamente calculada estaba detrás de la existencia del campo. Nos habían condenado a morir en nuestra propia suciedad, a ahogarnos en el lodo, en nuestro propio excremento. Querían envilecernos, destruir nuestra dignidad humana, borrar todo vestigio de humanidad […] llenarnos de horror y desprecio por nosotros mismos y nuestros semejantes.
Desde el instante en que caí en la cuenta de este motivo, de este principio […] fue como si hubiera despertado de un sueño […] me sentí bajo el imperativo de vivir. […] Y si, de hecho, moría en Auschwitz, lo haría como un ser humano. Conservaría mi dignidad. No me convertiría en la despreciable, repugnante bestia que mi enemigo deseaba que fuera […] Comenzó entonces una terrible lucha que tenía lugar día y noche.
Pelagia Lewinska