definición

junio 11, 2010 § Deja un comentario

Un cristiano es aquél que ya no cree —ya no puede creer— en nada del más acá. Cualquier nihilista de salón se queda bastante rezagado en comparación con un cristiano. En su diagnóstico, Nietzsche no iba, ciertamente, desencaminado.

(Sin embargo, tampoco es que el cristiano crea en los mitos del más allá. Estrictamente, para el más allá cristiano no hay cuentos que valgan. La esperanza creyente, como sabemos, está soportada por imágenes increíbles. ¿Quién puede creer honestamente que el león comerá hierba —o que los muertos resucitarán—? No, ciertamente, quien aún confía en sus posibilidades. Y, sin embargo, esto es lo que debe ser… contra toda evidencia. Sea como sea, difícilmente comprenderemos de qué va este asunto hasta que no comprendamos que la fe en la resurrección de los muertos es una fe que solo pueden tener los muertos de acá. Al fin y al cabo, es muy sencillo: quien regresa con vida del infierno —mejor dicho: con la vida que le ha sido dada por quien murió sacrificialmente en ese infierno— no puede admitir, contra la fuerza de los hechos, que el Mal tenga la última palabra. Propiamente, no se trata de un supuesto —quien regresa ya no puede suponer nada—, sino de un dar fe de lo imposible. Lo imposible, lo que en modo alguno debería ocurrir —lo humanamente inaceptable—… ha tenido lugar: las madres dieron su sangre para salvar la vida de los asesinos de sus hijas. Es obvio que no estamos en el territorio de los hechos, sino de lo que cancela la posibilidad de que sigan habiendo hechos. Hablamos, es cierto, del fin del mundo antes de tiempo.)

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