cantajuego
junio 16, 2010 § Deja un comentario
Alguien tendrá que preguntarse si la idea de que los niños pueden cambiar el mundo — o variantes— no constituye un serio obstáculo para que el mundo pueda cambiar, al menos, en algo. Esto es: alguien tendrá que preguntarse si esta fantástica idea no tiene por objeto, más que la transformación del mundo, la pacificación de nuestra (mala) conciencia.