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junio 16, 2010 § Deja un comentario

Una cosa es estar con alguien porque te gusta. Otra porque le has cogido cariño. Otra porque te sientes ligado a lo que representa… Aunque los motivos no son excluyentes, lo cierto es que el grado de vinculación varía en cada caso. Y me atrevería a decir que el vínculo de fuerza mayor se da en la última de las tres posibilidades, esto es, entre arquetipos. Al fin y al cabo, los simples individuos —esto es, los cuerpos al margen de lo que puedan re-presentar—, en el aquí y el ahora, tan solo pueden tratarse con mayor o menor amabilidad. Si, de hecho, las cosas no nos parecen tan sencillas es porque, de hecho, todo es mezcla, aun cuando las diferentes proporciones puedan, ciertamente, influir de manera determinante en el resultado final. Pero, en cualquier caso, diría que el peso del vínculo es mayor donde refleja, no ya una decisión, sino una relación ejemplar —podríamos decir también mítica—,  la propia de un orden paradigmático. Un (con)trato —quién lo pone en duda— no apasiona a nadie. Así, un hombre en realidad se halla vinculado en mayor medida con la madre de sus hijos —sobre todo, si cae en la cuenta de lo que esto, precisamente, representa— que con esa chica que tanto le gusta… aun cuando, de hecho, sienta lo contrario, sometido quizá a la intensidad de los momentos iniciales, esos momentos en donde la sensación de novedad resulta aparentemente decisiva.

Pues bien, sea como sea, todo esto forma parte de las cosas del mundo. Es decir: ninguna última palabra se pone en juego aquí. O dicho en bíblico: lo determinante no es la unión, sino el encuentro. La unión es, en definitiva, algo irrelevante, algo que no revuelve las entrañas de quienes participan de ella. Quienes permanecen unidos tan solo pueden funcionar… más o menos. El encuentro, en cambio, es siempre un acontecimiento, algo que tiene lugar entre extraños, entre cuerpos que no acaban de encontrar su lugar en este mundo. Por contra, quienes se encuentran no saben —no pueden saber— cómo prolongarlo. No saben qué hacer con lo que ha tenido lugar en verdad. Quienes se encuentran, siempre se encuentran fuera del mundo... y es sabido que allí no podemos, aún, permanecer.

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