la Encarnación explicada a los niños (o casi)
junio 24, 2010 § Deja un comentario
Que hoy en día estamos aún lejos de comprender el cristianismo se ve claramente cuando constatamos que muchos creyentes aceptan como si tal cosa esto de la Encarnación, en vez de quedar sometidos a un gran desconcierto. Imaginemos que uno de los nuestros, esto es, un hombre o una mujer, decidiera hacerse mono… para liberar a los monos de su esclavitud animal. Tiene dos alternativas. O bien se viste de mono… y habla y se mueve como si fuera un mono, aun cuando, de hecho, siga pensando y sintiendo como un hombre; o bien, se transforma en mono… de manera que deja de ser hombre. Pero en el primer caso, la vida ejemplar del hombre-mono, no le serviría al mono, pues en verdad esa vida seguiría siendo algo propio de hombres; mientras que en el segundo, no habría posibilidad alguna de salvación. Por tanto, ¿cómo es posible la Encarnación… si no puede ser ni una cosa ni otra? Estrictamente hablando, en la Encarnación, Dios deja de ser Dios —y, por tanto, no hay pantomima—, para que el no-hombre pueda vivir más alla de la muerte como Espíritu de Dios —y, por tanto, hay salvación—. Pero esto es lo mismo que decir que tras la Encarnación ni Dios puede seguir siendo solo Dios, ni el hombre solo hombre. Dios muere en la Cruz para que el infrahumano —la rata judía— viva como igual a Dios —en lenguaje de la antigua apocalíptica, para que pueda ser elevado a la derecha de Dios—. Encarnación significa, pues, que el sacrificio de Dios es la condición sine qua non de la resurrección del hombre. En tanto que hace inviable la división entre el dios y el hombre —la división que constituye, al fin y al cabo, el ámbito de lo humano—, un Dios encarnado no puede ser algo que el hombre pueda integrar. Más bien, se revela como la anticipación del final, humanamente inconcebible, de la escisión entre este mundo y el ideal. En cualquier caso, nada que ver con las cosas que se dicen por ahí.