the age of innocence
junio 24, 2010 § Deja un comentario
«La más destacable es la etnia Mosuo, que habita en la localidad de Loshui, en la zona suroeste de China, próxima a Myanmar y al Tíbet. Con una población de 35 mil habitantes, se distribuyen en alrededor de 50 poblados, cercanos al lago Lugu. A una altura de 2.700 metros, se desempeñan como pescadores y granjeros. […] La religión de los Mosuo es panteísta; veneran a Mu de Gan, la montaña sagrada, que se concibe como la diosa del amor y a Shinami, el lago sagrado, visto como la diosa madre. Han resistido la influencia de vecinos muy patriarcales, como fue el caso del régimen teocrático-feudal de los lamas tibetanos y del aguerrido imperio chino. A los 13 años niños y niñas son considerados mayores de edad y los familiares les preparan una ceremonia que los convierte en maduros para tener amantes. Las chicas, a partir de entonces, viven en una habitación separada y los chicos continúan en el zuwu con la familia materna. Las relaciones furtivas son las habituales en la aldea. Una mujer de alrededor de treinta años puede haber superado los cincuenta amantes y, en algunos casos, si es atractiva, es probable que haya tenido relaciones con todo el grupo de su edad. […] El contenido de la palabra celos no tiene el más mínimo significado. La fidelidad es un concepto totalmente ignorado, y ni qué hablar del cuento del “príncipe azul”. Cuando una mujer y un hombre quieren formalizar una relación, deben obtener la aprobación de las venerables ancianas. Así, el compromiso queda establecido y pasan a ser algo así como pololos. Pero eso no implica que vayan a vivir juntos: el hombre puede pasar la noche en la habitación de su amante, pero tiene como norma regresar a su casa materna antes del amanecer. Si el amor entre los amantes se acaba, se separan pacíficamente y buscan otro u otra pareja más adecuada. Aunque tengan hijos, ni los niños ni ningún otro miembro de la familia se referirán al progenitor como padre; éste los visita ocasionalmente y es tratado con respeto. Son los tíos biológicos de los pequeños los que se ocupan de su seguridad y educación y los niños corresponden cuidando de sus tíos cuando les llega la vejez. […] El sexo se practica de forma abierta y libre, aunque nadie anda comentando sus intimidades. […] Entre los Mosuo no existen palabras para los conceptos de asesinato, guerra, violación o cárceles. No hay violencia y son comunes el buen trato y la hospitalidad; no hay lucha por el poder; cada quien trabaja según su capacidad y los bienes se distribuyen de acuerdo con las necesidades de cada cual. Gracias al ambiente tolerante, pacífico y de respeto mutuo, cualquier problema puede resolverse por medio del diálogo.» (Fuente: elciudadano)
Comentario de texto
O bien esto es así —y, por tanto, el cristianismo permanece en el error—; o bien, no se nos dice todo de los Mosuo… De otro modo: o es cierto que cabe la posibilidad de una existencia sin mal, de una vida inocente, no marcada por una culpa originaria; o la descripción anterior es, simplemente, la ilusión del antropólogo occidental, el cual, fascinado ante la posibilidad de haber dado con una sociedad armónica, sin ataduras ni contratos, no ve más allá de un palmo de sus narices.
Aún así, cabe una tercera posibilidad: que efectivamente haya un pueblo inocente… pero que, precisamente, por esto se encuentre más cerca de las bestias que de lo humano. Al fin y al cabo, es muy sencillo: no puede haber Bien donde no cabe el Mal.