cultura y barbarie

julio 5, 2010 § Deja un comentario

Pero el mismo Kramer que, escuchando a Schumann, lloraba y que había sido librero antes que comandante de Birkenau, era capaz de hundirle el cráneo a una detenida con su porra porque no andaba lo suficientemente rápido; en Struthof, donde había trabajado antes, él mismo empujaba a las mujeres desnudas a la cámara de gas y observaba su agonía por una ventana especialmente acondicionada; durante su proceso declaró: «no sentí ninguna emoción cuando realizaba esos actos». Pero ¿por qué le hacía llorar la música y no la muerte de seres humanos semejantes a él?

T Todorov

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