ante la indiferencia
julio 5, 2010 § Deja un comentario
Quien ya no confía en nada fácilmente se cree con derecho a epatar —o dicho en plata: porque nada tiene sentido, uno puede cagarse en todo cristo—. Sin embargo, de la misma premisa podemos deducir perfectamente lo contrario. Porque no existe nada que pueda sostener lo que debemos moralmente hacer estamos obligados, cuanto menos, a la amabilidad. O por decirlo a la Dostoyevski: si Dios no existe, entonces no todo está permitido. Así, el carácter incuestionable del no matarás procede no ya de un supuesto orden sobrenatural, sino de la misma ausencia de Dios (o dicho en judío, de su radical trascendencia). La prohibición se revela, en este sentido, como el suelo de la resistencia del hombre a la indiferencia del universo. O mantenemos las formas o perecemos como moscas en la boca del sapo.