visiones
julio 15, 2010 § Deja un comentario
Para el espectador no somos más que cuerpos sometidos a fuerzas. Y, sin duda, nos mueve el impulso, la inclinación, la satisfacción o el temor. Sin embargo, una cosa es acariciar un cuerpo porque te sientes fuertemente inclinado a ello y otra acariciarlo porque has visto la indigencia que lo sostiene. Una cosa es abrazar por instinto a un recién nacido cuando te sonríe y otra abrazarlo porque, con independencia de que te sonría, has caído en la cuenta de que es vida por encima de nada, esto es, vida como don. Nos movemos, sí, por impulso. Pero una cosa es el impulso inmediato, corporal y otra el que nace de la visión de largo alcance. De lo inmediato no podemos prescindir, pues inevitablemente, en tanto que cuerpos, seguiremos reaccionando a los estímulos de nuestra circunstancia. Sin embargo, la posibilidad de ir más allá de la reacción, esto es, la posibilidad de responder, sigue estando ahí. O bien reaccionamos, o bien respondemos. ¿Quién dijo que fuera posible actuar en el vacío?