emptiness

julio 16, 2010 § Deja un comentario

Dios no existe —evidentemente—, pero es real. Ahora bien, porque ya no poseemos la antigua sensibilidad para lo real, no acabamos de pillar esta sutil —o quizá no tan sutil— diferencia. Modernamente, damos por sentado que lo real es lo constatable, o como suele decirse, el hecho como tal. Pero, si lo real es lo que en verdad tiene lugar —lo que propiamente acontece—, tarde o temprano, deberíamos admitir que, en nuestras vidas, las cosas pasan, mientras que nada tiene lugar. Si hay mundo es porque la realidad en sí misma, por el hecho mismo de hacerse presente, ha sido dejada atrás. O lo que viene a ser lo mismo: lo que en verdad tiene lugar es la Nada. El acontecimiento de lo que es solo es posible donde lo que es se identifica con la Nada. En bíblico, si Dios acontece —si Dios es real— es porque el hombre sufre en lo más íntimo la ausencia de Dios. Todo aún se encuentra pendiente de Dios o, como decimos en judío, sub iudice. Al fin y al cabo, porque no acaba de tener lugar, la realidad —el definitivo sí de Dios— es, ciertamente, lo que debe tener lugar. Se trata, en definitiva, de un absoluto por-venir.

Quien comprenda este último porqué lo comprende todo (o casi).

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