Atenas y Jerusalén, una vez más

julio 17, 2010 § Deja un comentario

O bien te encuentras en falta —esto es: o bien sabes lo que deseas pero no lo que quieres—; o bien estás en deuda con aquel a quien le debes la vida. En el primer caso, perteneces a lo abstracto. En el segundo, a tu Señor —en realidad, a un pobre hombre.

Lo paradójico: que haya más libertad en las calles de Jerusalén que en el agora ateniense —en el hecho de estar sometido a una demanda infinita que en la pretensión del dominio de sí—.

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