la esencia del monoteísmo
julio 24, 2010 § Deja un comentario
Frente a la habilidad del amo, la marca del esclavo. En vez de técnica, obsesión. Sin expectativa que valga, el creyente ha sido arrojado a una espera sin imagen. Saciar la sed de un árbol seco, tercamente, aguardando una resurrección inviable aunque forzosa: ése es su pretexto, su razón de ser. Doblegado por la lucidez de quien le ha visto los cuernos al diablo, ya no puede creer en nada más. Él, pues, ya no decide sobre sí mismo como quien elige un refresco. Herido por la falta de Dios —aceptando, en consecuencia, la existencia como herencia—, tan solo puede responder. Porque el centro, esa oquedad, permanece siempre más allá, puede librarse de sí mismo, quebrar la férrea condena del ser. El absurdo de una voluntad ciega se revela, al fin, como nuestra entera posibilidad.