hálitos

septiembre 8, 2010 § Deja un comentario

La verdad terapéutica del libro sagrado es, al fin y al cabo, muy simple: el hombre sólo puede liberarse de la vana idea de bastarse a sí mismo y, por consiguiente, de la desilusión, obedeciendo ciegamente a un mandato insoslayable. Y, por defecto, un mandato insoslayable solo puede venir de Dios. Pero, cuando ya ni siquiera se olfatea el tufo del único Dios que puede hacerse valer, no hay más libertad que la que pasa por la obsesión, pues la obsesión es lo que queda de la ciega obediencia a Dios una vez dejó de existir el Dios que podía provocarla.

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