se trata de las cuatro paredes
septiembre 11, 2010 § Deja un comentario
Nadie logra poseerse —nadie puede llegar a ser el «dueño de sí mismo»—. Existimos descentrados y no puede ser de otro modo. La razón es simple: no podemos reconocernos en lo que nos constituye como Yo en tanto que el Yo solo es posible gracias a esta imposibilidad. En definitiva, somos ese no poder admitir como propio aquello que nos explica. Así podríamos decir, parafraseando a Kafka, que hay explicación, pero que no es para nosotros. O siendo más judíos: nuestra existencia no puede ser justificada por aquello que la explica. En este sentido, somos en relación con un pasado, por defecto, inmemorial. Un Yo solo es posible donde el no original —en freudiano, el trauma— es encubierto por la piel de cordero del personaje. Al fin y al cabo, uno siempre llega demasiado tarde a sí mismo. Sin embargo, a pesar de esta falta de puntualidad, seguimos siendo quienes no pueden eludir ese deber imposible de llegar al fondo de sí.
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