de un café con Gan

septiembre 22, 2010 § Deja un comentario

¿La eternidad? No el tiempo sin final, sino el final del tiempo. Mejor dicho: su falta, su contracción. Sin embargo, ¿a quién puede contraérsele el tiempo? La respuesta es difícil de admitir, pues solo para quienes se encuentran sometidos a la urgencia de una demanda infinita no puede haber ya tiempo. Se puede, con todo, ser más sutil. Y es que cuanto más cerca estás de Dios, más lejos —o bien: cuando lo alcanzas, aún has de partir—: los elegidos son quienes se han quedado sin tiempo para responder. Son los desencajados. El resto aún tiene ilusión. 1 Co 7, 29, por supuesto.

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