ken follett
septiembre 26, 2010 § Deja un comentario
Hay cristianos —aunque no sólo cristianos— que se empeñan en demostrarnos que el dinero no da la felicidad. Se equivocan. Puede que el dinero —o mejor dicho, el dinero que suele acompañar al éxito— en algunos casos, sí dé la felicidad o, cuanto menos, esa felicidad de la que el hombre es capaz. Mientras sigan discutiéndolo, esos cristianos continúan inmersos en la lucha politeísta por el dios verdadero, una variante del juego infantil por ver quien la tiene más grande. En realidad, para quien ha sufrido la mordida de Dios, la cuestión de la felicidad es, sencillamente, irrelevante. No va con él. Como tampoco iría con nosotros, si alguno de nuestros hijos siguiera perdido por ahí. Un rico feliz impugna la verdad creyente como puede hacerlo la ley de la gravitación universal.